"¿A vos te parece? No tenemos cura… ¡qué papelón! No podemos jugar un partido de fútbol. Ya ni siquiera hablamos de llevar hinchada visitante… ¡No pueden entrar los jugadores visitantes a la cancha!", le dije al Perro, casi a los gritos, mientras se acerca a la mesa.
"Paráaaaaa… primero buen día, por lo menos", me dijo mientras se sentaba y miraba a las chicas de la barra con un gesto como pidiendo disculpas por mi presencia. "Escucháme, sí buen día, pero ¡Decíme si no tengo razón!", le contesté.
"Mirá, estoy con vos. Pero el asunto es peor de lo que te imaginás: no pasa sólo porque ni si quiera el colectivo visitante pueda llegar a la cancha, lo cual es cualquiera…" No lo dejé terminar la frase al Perro y me le monté antes que me tapara la boca otra vez: "Sí, ya sé, la jodita fue la venganza del barra ese al que le engancharon 7 millones de pesos y las 300 entradas. Si no entraban ellos, no entraba nadie", le dije, mientras pensaba: "Tomá, a ver con qué salís ahora".
Y una vez más, tengo que reconocerlo, el Perro me volvió a sorprender. "Mirá, nene, ya que te gusta tanto el cine, como viene la mano, si este guión se lo presentan a Russell Crowe seguro que agarra viaje. Acá la Libertadores importa un pito. El tema es pura y netamente inmobiliario…"
"¿Me estás jodiendo?", le dije al Perro mientras mi cabeza trabajaba a mil tratando de encontrar alguna punta desde donde tirar. Yo ya había escuchado que Mac Donald’s no es un negocio de comidas rápidas, sino que la verdadera rentabilidad pasa por el valor de los terrenos donde se asientan. "¡Claro! ¿Qué mierda hace semejante cancha ahí? ¿Cuánto vale el metro cuadrado?", dije pensando en vos alta.
"Bueno, veo que tan lento no sos. Cuando River empezó a jugar en Nuñez, la verdad es que era literalmente el culo del mundo. Ni calles abiertas había. Pero eso ahora tiene una potencialidad inmobiliaria dormida que quieren despertar de una vez por todas", me dijo Perro. "¿Pero qué tiene que ver no jugar el partido, el colectivo, con todo eso?", le pregunté.
"La emboscada al colectivo existió, pero nadie pensó que les iba a salir tan redonda como para no jugar el partido que tenía que ganar Boca sí o sí…" me dijo el Perro y continuó: "Se dice que Donofrio y Angelici arreglaron el título por una cancha nueva en Ezeiza. Y con el quilombo en Núñez del último fin de semana, que incluye muuuucho más que el episodio del colectivo, pasan dos cosas: una, no le dieron el gusto a Boca de dar la vuelta en el Monumental y además, que sea el último equipo en hacerlo. Dos, y fundamentalmente, validar lo peligroso que seguir teniendo al Monumental en pleno corazón de un barrio de alto poder adquisitivo. El concepto pasa por hacer como el Inter y el Milan, y haya un estadio único para los dos… ¿te suena?". Y sí, me suena. También me suena que Russell Crowe podría hacer de Angelici perfectamente...
Vicente Blasco / tiovicenteb@gmail.com



