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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 28/nov/2018 de La Auténtica Defensa.

Te hago el cuento:
Clarice Lispector; una vida de cuento o el cuento de su vida
Por Marisa Mansilla






Marisa Mansilla

Una biografía es una narración que acerca a sus lectores la historia de una vida. Y esa vida probablemente es "historizada" por la misma persona que la ha vivido, la vive, y en algún momento la evoca y se la cuenta a su biógrafo que acudirá asimismo a documentos, cartas, registros fotográficos, artículos periodísticos u otros testimonios y, en el caso de ser un escritor o escritora, a su propia obra. ¿Para qué sirve indagar la biografía de un autor si, de todas maneras, al hacer una lectura crítica de su obra es en ella donde pondremos el foco de atención para ir elaborando posibles interpretaciones y, a partir de ellas y de la teoría, construir la arquitectura de un análisis crítico? La biografía, sin embargo, no es un género menor y aunque ronda entre lo histórico y lo literario es un relato, y en tanto construcción del lenguaje, opera como todos ellos, es decir creando una realidad "otra" que posiblemente llegue a fascinarnos y seducirnos como probablemente lo hacen infinitas historias narradas pero que, en este caso en particular, también nos informa y auxilia a la hora de entender los "motivos" de una escritura.

Al revisar la biografía de Clarice Lispector de Benjamín Moser titulada "Por qué este mundo" van surgiendo esos "motivos" de una historia de vida que resume a la vez las miserias como los goces de la humanidad. Es la misma Clarice quien le relatará a su biógrafo las dolorosas circunstancias de su nacimiento: sus padres Pinkhas Lispector, un brillante matemático que debió abandonar su carrera y Mania Krimgold, hija de acomodados burgueses, ambos de origen judío huían con sus pequeñas hijas Leah y Tania de la revolución rusa cuando soldados bolcheviques los atacan y violan a Mania contagiándola de sífilis. Existía la creencia popular de que la manera de conjurar esa enfermedad, mortal en esa época, era, en el caso de las mujeres, un nuevo embarazo y parto, de allí que ella fuera fervientemente buscada por sus padres como un acto de profundo amor y a la vez, de esperanza de vida para la madre. Ella nació el 10 de diciembre de 1920 en Tchechelnik, una pequeña aldea de la estepa rusa, en el transcurso de una penosa travesía emigratoria que sus padres ya habían iniciado meses atrás en dirección a Moldavia y Rumanía y la llamaron Chaya, que significaba "Vida", (fonéticamente la pronunciación de su nombre se acercaba a "Claría" y de allí devendrá su nombre portugués "Clarice". Su madre falleció años después, cuando ella era una niña de tan sólo 9 años, en Recife, Pernambuco, Brasil; ya que la familia en su huída de las atrocidades de los pogroms y que asimismo había sido asaltada en el camino por el Primer Ejército de la Caballería Roja emigró más pobre que nunca a ese país adonde ya se habían asentado y los esperaban la hermana de Maia, Sara y su esposo Marcos Chut. (Seguramente los lectores de la novela "Herejes" de Leonardo Padura recordarán el derrotero de la familia Kaminsky y otras familias judías en su migración hacia América.) Al llegar a Brasil, todos adoptaron nombres propios del portugués brasileño hablado en el lugar: Pinkhas pasó a llamarse Pedro; Mania, Marieta; Leah, Elisa; Tania y ella Clarice. Ella le dirá a su biógrafo "hasta el día de hoy me pesa esa culpa. Me crearon con una misión específica y les fallé." ¿Cómo pesa esto en el pensamiento de una niña que se volverá mujer creyendo que no pudo satisfacer las altas expectativas que sus padres habían depositado en ella? ¿Qué se hace con un sentimiento de culpa tan difícil de erradicar y tan tenaz? ¿Cómo luchar contra él?

Las lecturas la ayudarán y ocuparán sus horas de soledad, la volverán una niña imaginativa, lúcida y creativa. Así aparece representado en un cuento titulado "Felicidad clandestina" aparecido en su libro homónimo de 1971 en Río de Janeiro.

FELICIDAD CLANDESTINA

Los dos personajes protagónicos son niñas compañeras de escuela , de las cuales la narradora es la más humilde y asimismo una lectora voraz, en tanto que la otra niña es descripta como "gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio pelirrojo. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos planas.". Descripción que no sólo habla de que la pobre niña no representaba precisamente el ideal de belleza deseado quizás por el común de las chicas de esa edad, cultura y tiempo, sino también de la envidia que sentían por ser ella, la hija del dueño de una librería de Recife, y por lo mismo estar su familia en una situación más desahogada, no obstante muy tacaña. Poseía un tesoro, el libro "El reinado de Naricita" de José Monteiro Lobato que la narradora tanto deseaba. Pero ese deseo no pasó desapercibido por la niña gordita y pecosa que decidió vengarse de la narradora envidiosa y la hizo ir todos los días a su casa a buscar el libro que le prestaría, pero que siempre le retaceaba con la excusa de que lo había prestado ya a otra compañerita y nunca se lo devolvían, hasta que la madre de la mentirosa, advierte el juego perverso de su hija y resuelve la situación para goce de la narradora: "… "Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras". ¿Entendido? Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: "el tiempo que quieras" es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer. ¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Tomé el libro. No, no partí brincando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo. Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si ya lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire…Había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada. A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. Ya no era una niña más con un libro : era una mujer con su amante."

UNA VIDA ERRANTE

Nuevamente la errancia, a partir del matrimonio que contrajo con un diplomático, caracterizó 16 años de su vida adulta pero el desarraigo de Brasil, de su familia y amigos y las durísimas circunstancias de la Segunda Guerra Mundial más la soledad que se le hizo inevitable a pesar del acompañamiento que brindaba a su marido, la distancia a pesar de estar cerca, el fingimiento en cenas de compromiso con sonrisas forzadas cubriendo su angustia y mostrándose como una mujer sumisa y pasiva explotaron en una literatura muy peculiar.

La literatura de Clarice Lispector fue calificada como femenina, de género, respetuosa de la tradición judía, aunque a veces con elementos más propios del cristianismo, también del budismo zen, psicoanalítica, filosófica, existencialista, modernista. Pero más allá de todas estas asignaciones que por cierto expresan los caminos que ella recorrió con su escritura, ella afirmó: "Escribir es tratar de entender, es tratar de reproducir lo irreproducible", "Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida". Vida y literatura se amalgaman en ella.

Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar


"Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida", dijo Clarice Lispector.

 
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