Felipe y Olga Derfler intervinieron un baldío, generando un colorido y nutrido cantero que combina plantas de jardín con hortalizas.
Así como en los 90’s las canchas de paddle se multiplicaron como hongos en la ciudad, a falta de trabajo, los lavaderos artesanales ahora parecen reproducir ese fenómeno a lo largo y lo ancho de la ciudad: un garaje con buena sombra disponible y una hidrolavadora parece ser la "changa" que para la ola (o por lo menos ayuda a completarla) en más de una familia de la ciudad.
Ese parece ser el caso de Felipe y Olga Derfler, en Urquiza al 100. Pero lo singular del emprendimiento es que Olga decidió intervenir en el terreno baldío vecino a su lavadero, la esquina de Urquiza y Alvear, generando un colorido y nutrido cantero que combina plantas de jardín con hortalizas.
Así, entre macetones y mini terrazas armadas con neumáticos usados y troncos, conviven rosas, jazmines, tacos de reina, uñas de gato, gladiolos, suculentas, aloes, rayitos de sol, y lavandas, con zapallo de tronco, calabaza, lechuga, apio, orégano, perejil, tomate, y albaca, entre otras. Todo, literalmente, en la vereda.
"Me encantan las plantas pero en casa no tengo mucho lugar. Y acá tenemos de todo. Algún vecino me robó algo, pero en general nadie toca nada. No lo empecé hace tanto, y ya estoy sacando para la comida… ¡Mirá cómo están los tomates!", dice Olga entusiasmada y convida un riquísimo mate con yuyos.
La permacultora espontánea, pronto podrá cosechar los primeros tomates perita en la esquina de Urquiza y Alvear.
Olga posa frente a su cantero-huerta en plena vereda, al lado de su lavadero artesanal.



