Supe de él al poco de instalarme en la ciudad; yo estaba allí por cuestiones de trabajo. No tardé en cruzarlo por la calle con su desarreglado y sucio traje gris (vestimenta que usaba a lo largo de todo el año sin importar las temperaturas que hicieran, así en pleno verano como en un lluvioso y frío día de invierno). Algún vecino, notando que yo me quedaba observándolo detenidamente, me contó cómo le decían y su apellido. Algunas veces lo observé conversar animadamente con las plantas de la calle o con los postes de alumbrado público y otras esgrimiendo números en voz baja; vociferaba cifras numéricas abrochando y desabrochando enérgicamente uno de los botones de su desprolija y sucia camisa blanca.
_ 14.365… 36.987…54.888
Aunque no lo veía todos los días ni mucho menos, la ciudad era chica y cada tanto lo encontraba. La verdad es que causaba en mí cierta curiosidad y por qué no cariño. Soy de los que creen que "los locos" se pasan una vida plena y hermosa, sin tantos problemas tontos como nosotros "los cuerdos". ¿¡Qué autoridad tenemos nosotros, que además no somos médicos, para decir quién está bien de la cabeza y quién mal!?
Un día sin darme cuenta me lo topé de frente, fue al salir de un local de ropa; allí estaba él diciendo números al aire: "41.345, 51.556, 47.366… 89.003…"
Nos miramos por unos segundos a los ojos. Realmente lo tenía por buena y sana persona, me causaba buena impresión. Recuerdo que suspendió por unos momentos sus cuentas matemáticas o no sé bien que hacía diciendo todos esos números y me espetó lacónicamente:
"¡Vos sos Firpo! - Y se fue envuelto en más cifras numéricas- 29.366… 29.778… 29.999…"
Allí me quedé impávido y sin saber qué hacer. ¿¡Cómo sabía este curioso señor mi apellido si nunca cruzamos palabras y yo ni siquiera era de su ciudad!? Saliendo de mi estupor me conminé a averiguarlo en la primera oportunidad que tuviera.
Aunque en los días que siguieron a ese episodio no salí a buscarlo, ni rastrearlo por la ciudad, tampoco pude verlo por varias semanas y, la verdad, la intriga me carcomía. ¡Ahora "el loco" era yo y no él!
Lo ví muchos días después mirando revistas en un puesto de diarios frente a la Catedral Santa Florentina del centro de la ciudad. Me vió de lejos y no se inmutó (creo que me esperaba). Cuando me acerqué, sin preámbulo alguno me dijo:
"Yo inauguré la refinería que está acá a unas cuadras junto al río. Los dueños de la empresa que eran extranjeros, unos ingenieros y yo abrimos el primer grifo que dió paso al comienzo de la destilería".
¡Otra vez me quedé mudo! Permanecí serio mirando cómo se retiraba cruzando la calle. Mi mutismo se debió más a que no albergué dudas respecto de lo que me había contado que a otra cosa. Como si todo lo que dijera fuera ciento por ciento real y verídico. Me fuí directo a investigar. ¡Estaba casi seguro que este "loco", de loco, no tenía ni un ápice!
¡Dicho y… hecho!
""En 1911, la West Indian Oil Company, -tal la denominación de la refinería por aquel tiempo-, comienza a destilar sus productos en su recientemente comprada planta a un consorcio de raíces extranjeras precisamente de orígen Austro - Hungaro"
Para mi expectación, el apellido Armentano estaba entre los inaugurantes de la fábrica precisamente como me había dicho. ¡Tal fue mi sorpresa al darme cuenta que, estando muy cerca del fin de siglo, este hombre debía estar rondando los 100 años de edad! ¡Vaya personaje!
Un día que estaba sin ocupaciones salí a buscar a este buen hombre para conversar un poco más y tratar de hacerme amigo. Lo encontré junto al museo del automóvil frente a la plaza España. Cuando me acerqué para saludarlo amablemente me miró directo a los ojos y me dijo en voz muy calma y baja:
"27.748. En 1923 escuché la pelea de tu bisabuelo por radio. Yo estaba con mi padre y mi abuelo. Luis Ángel Firpo, "El toro salvaje de las pampas", sacó de una buena piña a Jack Dempsey del cuadrilátero. 17 segundos tardó en volver el yanqui al ring y solo 1 round más para vapulear a tu ancestro… y quedarse con la corona.-
Yo, que conocía muy bien la historia de mi bisabuelo, me quedé mudo. ¡Otra vez sin habla!
"27.748 días pasaron. El árbitro de la pelea contó tan sólo 9 segundos. ¡Inverosímil conteo! ¡Tu bisabuelo fue el verdadero campeón! ¡El primer gran campeón argentino!"
Me quedé estupefacto mirando cómo se retiraba dándole de comer a las palomas a su paso y confirmando mi teoría: ¡Este hombre era el más cuerdo de toda la ciudad, la provincia, del país y quizás del mundo entero!
¿Cuántos sabían que este loco había inaugurado la gran fábrica que daba vida a la ciudad? ¿Cuántos sabían que era dueño de un edificio de tres pisos y varios departamentos cerca de la avenida principal?
Una mente lúcida como ninguna, una memoria prodigiosa y un cerebro brillante.
¿Cuántos sabían que este loco lindo era un genio singular?
Gonzalo Augusto Firpo / Email: gonxa02@gmail.com



