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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 23/ene/2019 de La Auténtica Defensa.

Te hago el cuento:
Abelardo Castillo y la crueldad
Por Marisa Mansilla






Marisa Mansilla

¿Qué hace un escritor con sus lecturas? Sin lugar a dudas, en un primer momento lo que todo lector ingenuo hace con lo que lee, es decir desentrañar los sentidos que recorren la superficie del texto, para luego permitir que otros sentidos comiencen a aflorar y lo conduzcan a elaborar una interpretación crítica más profunda ; pero hay otro nivel de análisis vinculado al lenguaje utilizado ( qué palabras ha seleccionado el escritor leído del amplio abanico que le ofrecía el lenguaje para dotar y hacer hablar a sus narradores y personajes), a los formatos y estructuras discursivas (cómo cuenta lo que cuenta, cómo hace para que progrese el relato de su historia, qué voces se escuchan en ella,…) y varias cuestiones más que sería largo de enumerar. Y ese interés dirigido hacia los aspectos más formales del texto van favoreciendo en el escritor el pensar en su propia escritura literaria.

En numerosas entrevistas Abelardo Castillo ( Bs.As.-San Pedro 1935 – Bs.As. 2017) reconoce como sus maestros literarios a Roberto Arlt, Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal. El lenguaje coloquial que podía escucharse en la calle y la potencia narrativa de Arlt, que él mismo definió como "un cross a la mandíbula" del lector, el trabajo intelectual, minucioso, preciso y preciosista de Borges en su etapa más criollista donde está lo sentimental urbano pero contenido y el humor y tensión entre lo clásico, lo filosófico y lo barrial de Leopoldo Marechal se constituyen como modelos reconocibles que se complementan en su escritura. Pero Castillo fue también un lector voraz y en sus revistas de "animales fabulosos" como "El grillo de papel", "El escarabajo de oro" y "El ornitorrinco" desfila su admiración por otros escritores que para él también hicieron inflexionar la literatura argentina o universal como Julio Cortázar, Manuel Mujica Láinez, Horacio Quiroga, y obviamente Edgard Allan Poe, Franz Kafka, Fiodor Dostoievsky y otros muchos más. Sin olvidar sus lecturas de filosofía y política que conforman su sistema de ideas como Nietzsche, Sartre, Marx, Lenin. En cuántos años de lecturas programadas o azarosas Castillo se va construyendo a sí mismo como escritor, imagina sus universos de ficción y reversiona o da continuidad a textos ya clásicos de Borges, Cortázar y Poe es difícil de calcular pero su personal, propia, escritura literaria es fruto de una exigente elaboración y a la vez deudora de toda una gran tradición presente en este canon personal que él se ha formado y que lo precede. Ya en 1959 obtiene el 1er. Premio de la revista "Gaceta literaria" por su obra de teatro "El otro Judas" que publicará recién en 1961 y en 1960, su cuento "Volvedor" gana el primer premio del concurso organizado por la revista "Vea y Lea" y su febril actividad literaria y los premios se irán sucediendo año tras año.

En 1966, publica su segundo libro de cuentos, "Cuentos crueles" y he aquí todo un tema que como tópico recursivo se repite y reaparece una y otra vez en su obra.

El diccionario de la Real Academia Española de Letras define "crueldad" como una acción "inhumana" que genera dolor y sufrimiento en otro ser, como impiedad, fiereza de ánimo, inhumanidad. La crueldad sería entonces una condición que aleja a quien la posee de la condición humana, apostando consecuentemente a que lo humano es la bondad, la racionalidad, la comprensión y sensibilidad ante los infortunios de las otras personas, es decir la compasión, la piedad hacia el otro. Pero en "los mundos reales" por donde transitan los cuentos de Castillo, se invierten los términos del diccionario de la Lengua, la crueldad, la impiedad, el sadismo y la brutalidad hacia el otro son las características constitutivas de "lo humano" y no de "lo inhumano" y nietzscheanamente hablando , como todo hombre está guiado por sus pasiones, ambiciones y voluntad de poder , superando la concepción de Schopenhauer que decía que al hombre como a los demás seres vivos lo que los motivaba era la voluntad de vivir, busca afirmarse por sobre los demás, repudia la debilidad, la esclavitud y con tal de construir hegemonía y erigirse como "superhombre" no le importa derribar brutal y casi ferozmente a quien se interponga en sus deseos. Guiado entonces por la "voluntad de poder" sobre los otros no duda en traicionar, cometer actos perversos y atroces, provocar maltrato y sufrimientos físicos o psíquicos con irreflexiva o premeditada crueldad. Los "mundos reales" de Castillo entonces están atravesados por la desesperanza social, el abatimiento y el pesimismo existencial y así aparecen en sus cuentos descriptos en medio de una narrativa potente y cautivadora.

"Patrón", cuento que aparece en "Cuentos crueles" y que fuera filmado en 1993 por Jorge Rocca en una coproducción argentino-uruguaya es una muestra de esto que venimos afirmando. Antenor Domínguez, dueño de "La Cabriada", una estancia obtenida como recompensa política, y dueño a la vez no sólo de la vida de los animales que allí había, sino también de hombres y mujeres que trabajaban en ella, ve aproximarse la vejez y decide tener un hijo ( espera que sea un varón, él dice claramente que quiere "un macho en el campo") para legarle sus bienes, pero sobre todo para dar continuidad al poder patriarcal y totalitario que él había construido en ese mundo rural cerrado por más de treinta años. Con la prepotencia del que se sabe poderoso se dirige a la humilde choza de la abuela de Paula ( hija de un peón suyo muerto trágicamente) y le comunica su decisión de casarse con su nieta de dieciséis o diecisiete años (cuarenta y tantos años menor que él), en tanto ella, ajena totalmente a esta situación, está en el patio de tierra dándole de comer a las gallinas. Aunque Antenor expresa que esto sería de contar con el beneplácito de abuela y nieta, sabe que ellas, intimidadas por el temor que él sabe imponer en los demás, no rechazarán su propuesta. Y unos meses después se casan.

"Solos los dos, en sulky la llevó a la casa. Casi tres leguas, solos, con todo el cielo arriba y sus estrellas y el silencio. De golpe, al subir una loma, como un aparecido se les vino encima , torva, la silueta del Cerro Negro. Dijo Antenor : - Cerro Patrón. Y eso fue todo lo que dijo. […] "No la consultó. La tomó, del mismo modo que se corta una fruta del árbol crecido en el patio. Estaba ahí, dentro de los límites de sus tierras, a este lado de los postes y el alambrado de púas.". Y así el cerro y la joven esposa pasaron a ser objetos más de su propiedad de los que podía disponer a su voluntad. La sexualidad está desprovista de erotismo y de sentimiento amoroso, no hay deseo, sólo violencia y crueldad, sometimiento al patrón y su despiadada voluntad de poder. Pero ya habían pasado dos años y el hijo no llegaba, Antenor dominado por un rencor furibundo visiblemente exponía su desprecio hacia Paula, se emborrachaba, le pegaba y la violaba con brutalidad reclamándole el hijo que tardaba en llegar. Pero al finalizar casi el tercer año de matrimonio, Paula quedó embarazada y la Tomasina, una suerte de adivina y partera del pueblo, se lo confirmó ni bien se inicia el relato que avanza y retrocede invitando al lector a que ordene la cronología de los hechos. Pero mientras Antenor recibia la noticia largamente esperada, un toro se escapa y lo embiste de atrás haciendo volar su cuerpo por el aire y dejándolo como un trapo viejo puesto a secar sobre un alambrado de púas. Hay que establecer un nuevo orden en la casa y será Paula la que se encargue de ello : el viejo se quedará solo en su cuarto mirando por el ampliado ventanal el campo abierto y Paula le asegura que tendrá finalmente su hijo, pero ahora será Antenor el que empiece a conocer el miedo, la traición y ser víctima de la crueldad de otro.

Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar


Fallecido en 2017, Abelardo Castillo nació en San Pedro, Buenos Aires.

 
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