Agustín Hotzet era el dueño de una importante funeraria. Muy prestigiosa en la ciudad, brindaba los mejores servicios y era la más cara. La funeraria estaba llena de clientes, tenía mucho trabajo y, en algunas ocasiones, Agustín debía ausentarse de la empresa por uno o más días para asistir a cursos, reuniones, y otras cosas relacionadas con el negocio de los muertos. Cuando pasaba esto, dejaba a cargo de la funeraria a su amigo Nek, de ultraconfianza. A Nek le gustaba reemplazar a Agustín en las tareas, en especial en las de embellecer a los clientes antes de llevarlos a sus casitas de madera. Esto consistía en acomodar y maquillar a los muertos para que estén lindos ante los asistentes al velatorio y parezcan un poco más vivos. En los casos extremos como voladura de cráneo con cartucho de escopeta, o accidente, no se acomodaba nada y se realizaba el evento a cajón cerrado.
Ese día Nek estaba de reemplazo cuando le avisaron que el corazón de Ingrid había dejado de bombear a causa de una ingesta desmedida de cocaína. Ingrid era una modelo, poco conocida, y fanática de aspirar; le gustaba tanto drogarse como chupar pijas. De todos modos ya estaba muerta unos meses antes de morir; vivía al límite. Nek siempre sintió atracción por ella, pero ella nunca se fijó en él. De hecho se había acostado con casi todos los hombres que Nek conocía (entre ellos Agustín), y a pesar de la insistencia de este muchacho, Ingrid jamás lo tocó; se divertía histeriqueándolo.
Unos empleados de la funeraria llevaron el cuerpo desnudo de Ingrid al "salón de belleza"; una sala amplia, y refrigerada lo suficiente como para detener la descomposición de los clientes, donde Nek esperaba ansioso para hacer su trabajo de embellecimiento. Colocaron el cuerpo en una camilla y se retiraron. El cadáver estaba bastante bien… un poco tieso y frío. Tenía uno de sus ojos celestes abierto y el otro cerrado.
- Ingrid… al fin. Hoy me toca a mí; es mi turno.- dijo Nek.
Se bajó los jeans, separó las piernas de Ingrid y la penetró una y otra vez. Terminó dentro de ella, feliz, sin riesgo de embarazos. Descansó un poco y la cargó sobre su espalda así como los carniceros cargan una media res, y la llevó hasta un sillón tratando de acomodarla en una posición similar a "en cuatro". La observó. Apasionadamente pasó sus labios y su lengua por el ano de la pobre chica para luego cogerla rápidamente por ahí mismo. Volvió a cargarla hasta la camilla para comenzar a maquillarla. Coloreó sus labios con rojo, resaltó sus pómulos con un tono rosado, y usando pegamento transparente corrigió el ojo que había quedado abierto. Por último arregló su pelo con un cepillo y rociándolo con un fijador.
En ese momento entró Agustín, recién llegado de un viaje de negocios.
- ¡Nek!... ¿qué tal todo por acá?... me enteré lo de Ingrid…
- Agustín!... todo en orden… todo bajo control.
- ¿Cómo está ella?
- Mejor que nunca.
Pablo Gianna / pablogianna.blogspot.com



