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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 29/ene/2019 de La Auténtica Defensa.

Charlas en el café:
De perversiones y moralidades
Por Vicente Blasco




"Vivimos la era tecnológica, no cabe duda; pero deberá haber algunos límites. No puede ser que mientras un matrimonio y sus hijos se encuentran desayunando, con una montaña de medias lunas en el centro de la mesa y los padres mantienen un diálogo (que a la distancia no puedo saber de qué se trata); los críos tienen cada uno una tablet y sendos auriculares que los mantienen ocupados (y aislados), al punto que uno de ellos con la boca abierta y media factura dentro de la boca, no se hace tiempo para masticar" me dijo el Perro indignado, mientras que con la vista me señalaba lo que sucedía en la otra punta del salón.

La descripción no podría haber sido tan perfecta, y la verdad que si mi amigo no me canta el cuadro, para mí no hubiera salido de algo normal, parte del paisaje cotidiano; aunque no debiera serlo. Uno de los chicos, el nene, no tendría más de 3 años y la nena entre 8 y 9.

-"¡Es la nueva televisión Perrín! Antes se distraían con la "caja boba", hoy lo hacen con los teléfonos y las tablet. Pero el fenómeno es el mismo. ¿O no?"

-"No, no es lo mismo. Aparte, eso de la caja boba es discutible: el bobo es uno que no elige ni tiene una mirada crítica de los contenidos. Igual, este fenómeno es mucho más cerrado aún porque la tele por lo menos se compartía. Además, imagino que el aislamiento se exacerba en el tiempo: Cuanto más se acercan a la adolescencia, más se aíslan. ¿De libros ni hablar, no Vicente?".

Mientras mi amigo renegaba, yo tomaba nota de unos anuncios en el "Clarín" en un pequeño papelito angosto y largo, pero gracias a mi pericia para escribir chiquitito y mis anteojos para ver de cerca, me permitieron incluir una cantidad considerable de ofertas de automóviles; ya que estaba intentando encontrar una para cambiar mi Surán 2007. Casi al final de la tarea (¡y al final del papel!) me doy cuenta que el Perro me miraba detenidamente y no se aguantó más: "¿Estás escribiendo algún cuento Marqués de Sade?" dijo mientras lanzaba una carcajada.

-"¿De qué hablás? ¿Qué tiene que ver el loco ese conmigo?" dije mirándolo extrañado.

-"Hay Vicente, siempre tengo que explicarte todo… ¿Por qué pensás que te comparo? ¿Por tus prácticas sexuales? ¿Te gusta que te peguen y te digan Marta?" y siguió con otra larga carcajada que resonó en todo el local.

Para colmo, el Perro hablaba a los gritos. Noté que las chicas de Koval intercambiaban miradas de sorpresa y no pude evitar sonrojarme… "Paráaaa… ¿qué te pasa loco? ¿Me querés incinerar ante tanta gente?". Estuve a punto de levantarme e irme. Sentía que todos los presentes habían girado sus cabezas hacia mí y esperaban mi respuesta.

-"Tranquilo viejo, tranquiloooo…. Pará que te explico. ¿Viste que vos estás escribiendo como si fueras un chiquilín haciendo un machete para la escuela? Yo no sé de qué se trata, pero veo que estas copiando del diario, así que muy importante no debe ser. Pero al ver ese "chorizo" largo y finito con letras tan pequeñas, me remitió al manuscrito "120 días de Sodoma o la escuela del libertinaje" que el Marqués escribió durante su prisión en La Bastilla. Fueron 12,10 metros por 11 centímetros de escritura, donde plasmó una obra que se adelantó a cualquier manual de psiquiatría sobre perversiones sexuales. ¿Lo leíste?" me preguntó, mientras palmeaba mi espalda, entendiendo que su broma no me había caído tan bien.

-"No. No leí nada de Sade. Sé que por el viene el término "sadismo" o "sádico", que tiene que ver con disfrutar con el sufrimiento del otro en general, y puntualmente durante una relación sexual. ¿Creo que es más o menos por ahí, no?" dije, mientras me iba recomponiendo del mal trago.

"Sade fue mucho más que eso. Sade fue un gran escritor, una mente brillante; aunque algo adelantado a su época. Sus escritos eran tan descriptivos y anárquicos sobre el sexo y las perversiones que su lectura era insoportable para un lector del Siglo 18. Hijo de nobles (de allí su dote de marqués), fue primero un bravo militar desde adolescente. Luchó contra los ingleses en las hoy costas españolas, recuperando Menorca y Mallorca, donde siempre estuvo evadiendo a la muerte. A su regreso, su familia lo casó de prepo con una doncella, miembro de la nobleza francesa. Si mal no recuerdo tenía 23 o 24 pirulos, no mucho más".

-"¿12 metros de escritura en un papel de 11 centímetros de largo?" le pregunté asombrado.

-"En realidad eran hojas que él iba encolando, una tras otra, y enrollándola para esconderla en su propia celda. Imaginá que su mayor delito fue escribir, así que sus escritos eran malditos y así se cuidaba de no ser descubierto. Tardó 37 noches para escribir "120 días de Sodoma" y, cuando lo culminó, le fue confiscado. Hasta el día de su muerte, supuso que ese material había sido destruido".

El Perro ya me había atrapado con el relato, así que no pude evitar preguntarle: "¿Pero qué pasó? ¿Quién lo tenía?"

-"Sade lo escribió a fines del 1700 y recién se publicó a principios de 1900. No me acuerdo quién lo guardó, pero es evidente que creyó que era peligroso para la sociedad por su contenido explícito, sus profundas perversiones, la total falta de límites y sobre todo por haber sido narrado de una manera donde es imposible evitar sentirse parte de la historia. Sade fue un hombre temido. Fue encarcelado por la monarquía, los revolucionarios y el imperio. Nadie quiso lidiar con él. Una de sus principales perseguidoras fue su suegra, a la que luego él en tiempos que la nobleza fue perseguida en Francia, le dio asilo en su casa. Más allá de lo anecdótico, lo lujurioso, lo abominable y lo pervertido; la obra "120 días de Sodoma" encierra un profundo mensaje de que quienes tienen el poder, no tienen límite y, contrariamente, quienes son sometidos pueden ser utilizados para cualquier menester.

"¿Vos decís que dá para leerla, Perro?" lo indagué. A esta altura, tenía un interés bárbaro en saber de qué se trataba, pero también tenía miedo de no entender nada. "Una obra del siglo 18 debe ser densa como el carajo…" pensé.

"No es para cualquiera. Si estás dispuesto a recorrer el camino de lo perverso, lo apasionado, lo inmoral, lo pornográfico, la violencia y la exitación; enfrentando a tus propios demonios, entonces arrancá. Nadie como Sade para sumergirse en un mundo donde se rompen todas las convenciones sociales y morales, pero sentir la extraña fascinación que esa ruptura crea en el lector, termina poniéndote en un lugar incómodo. Todo depende del grado de tensión a la que quieras llevar tu mente…" dijo el Perro hablando lentamente, cuidando que cada palabra tenga el significado que él buscaba.

-"¿Y vos cuándo lo leíste?"

-"¿Cuándo? Precisamente no sabría decirte, pero seguro que fue durante la última dictadura militar, cuando cualquier cosa que te hiciera pensar estaba censurado. ¿Y qué mejor que lo prohibido para ser deseado, no? Mirá cómo es la vida: mientras esos hijos de puta torturaban, secuestraban bebés, violaban, asesinaban a hombres y mujeres, saqueaban sus bienes, tiraban gente dopada desde los aviones al Río de la Plata; por otro lado hablaban de moral, ética y valores cristianos. ¿Qué loco, no? Bueno, quizás sea eso lo que Sade quiso mostrar hace más de 200 años. Por eso, Vicente, cuando escucho a algún boludo decir "lo bien que se estaba con los militares" me da una indignación y un asco que no te podés imaginar; mucho mayor que cualquiera de las perversiones que Sade cuenta de manera explícita en ese libro del que estamos hablando".

Lo vi mal al Perro: ya no era el que se reía a carcajadas unos minutos atrás. Su rostro mostraba rigidez y su aspecto compungido. Me levanté, le di un golpecito en la cabeza para despejarlo, como aquél que abofetea a un desmayado para reanimarlo. Y me fui pensando sobre cuantas cosas guarda este tipo en su cabeza. La verdad, estoy orgulloso de saber que es mi amigo.

Vicente Blasco / tiovicenteb@gmail.com


 
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