Lejos de mejorar, la situación económica y social resulta cada día más agobiante. Los ingresos de los ciudadanos continúan perdiendo respecto al costo de vida y por lo tanto cada vez cuesta más llegar a fin de mes. La actividad económica continúa en caída libre y vemos como la pérdida de puestos de trabajo sigue su curva ascendente.
Hasta el Fondo Monetario Internacional intenta despegarse de estas previsibles consecuencias de las medidas que Lagarde & cía. impusieron. Es así que la delegación del Fondo en su periódico monitoreo de las cuentas argentinas visitó despachos oficiales y de la oposición. Fue a algunos de estos opositores que les manifestó que lo que el gobierno les había solicitado era un plan para estabilizar las finanzas y no otra cosa, o sea que no se trata de lograr ni crecimiento ni desarrollo.
Esto es lo que llevó al economista y ex presidente del Banco Nación de este gobierno Carlos Melconian a calificar al plan económico macrista como "Plan picapiedra" por sus limitados objetivos y agregar que es "incontinuable".
Lo cierto que el gobierno necesita imperiosamente el desembolso del FMI por más de 10.000 millones de dólares para hacer frente a los pagos de la deuda externa hasta las elecciones y que completa lo que ese organismo multilateral de crédito nos otorgó, quedando para más adelante solamente pagos sin que se sepa a ciencia cierta de donde sacaremos los dólares necesarios.
En su reciente viaje por la India y cuál si fuera un personaje de Diego Capusotto nuestro presidente expresó sus deseos de "que cada día más argentinos puedan venir a conocer este maravilloso pueblo con las cosas increíbles que uno puede conocer". Se nota que para ciertos menesteres no faltan dólares.
Es cierto que por un cambio de reglamentación ahora Argentina podría venderles huevos y limones.
Uno de los logros del neoliberalismo es haber instalado en la sociedad que la causa fundamental de la pérdida de poder de compra de la población es la inflación. Como se ha dicho algunas veces en esta columna la verdadera causa es el no acompañamiento de los salarios a ese aumento generalizado de los precios con el falso argumento que los aumentos de lo que cobran los trabajadores generan inflación.
Una vez más se está demostrando la falacia de este argumento dado que los magros aumento salariales no han evitado la espiral inflacionaria y han provocado un generalizado empobrecimiento de la mayoría. Todo sigue aumentando muy por encima de los aumentos que los trabajadores logran.
Esta estrategia económica también está afectando a un gran número de empresas, fundamentalmente a las pymes que son quienes generan el 80% de los puestos de trabajo, al deprimir a la demanda interna. En promedio la industria está trabajando al 50% de su capacidad instalada, esto quiere decir que en promedio sólo está en funcionamiento una de cada dos máquinas y que hay ramas en que la situación es aún más complicada, como por ejemplo la industria automotriz donde tres de cada cuatro están paradas.
Ante este panorama hemos escuchado decir que los argentinos estábamos acostumbrados a vivir más allá de nuestras posibilidades. El problema sigue siendo que quienes determinan nuestras posibilidades son los que siguen obteniendo siderales ganancias a costa del resto de la población y encima se la llevan fuera de nuestro país.
Como dirían algunos, son unos vivos bárbaros. ¿Y si somos nosotros quienes decidimos cuáles son sus posibilidades de ganancias?



