En 1976, Michel Foucault publica por primera vez su "Historia de la sexualidad" en la editorial francesa Gallimard pero será recién a partir del año 2002 que comienza a editarse esta obra en la Argentina. En el primero de sus tomos "La voluntad del saber" desarrolla una breve introducción que titula "Nosotros los victorianos" y en la que expone cómo aún a finales del siglo XX se vivía en una especie de régimen prácticamente victoriano con respecto a la sexualidad , que tenía las características de ser contenida, muda severamente controlada e hipócrita. Asimismo, revela que desde la Edad Media hasta fines del siglo XVII las cosas no habían sido así y que en el siglo XVIII – época de transición -, la nobleza libertina, tal como puede constatarse en los libros del Marqués de Sade se empleaba en provocar escándalos y rechazar con vehemencia la posición de la Iglesia con respecto a la sexualidad conyugal – la única admitida-, reducida sólo a la función procreadora. De sexo no se habla, no hay nada que decir, ni ver, ni oir, ni saber y es tan fuerte la represión que hasta la sociedad burguesa y algunos sectores más puritanos y tradicionales de la nobleza deben finalmente hacer ciertas concesiones y aceptar la existencia aunque velada y alejada de los espacios de circulación pública cotidiana de espacios de mayor tolerancia y límites más laxos con respecto a sexualidades que serían consideradas pecaminosas, escandalosas e ilegítimas, y esos espacios son dos : el prostíbulo y el manicomio.
El prostíbulo es entonces un lugar que está más allá de los lugares de circulación diurna, cotidiana y permitida, en el que los límites socioculturales que regulan las relaciones entre hombres y mujeres se disuelven. Sin embargo, ese lugar que ya desde su ubicación geográfica y sus características se asume como "lugar otro", diferente del resto de los lugares claramente visibles en el seno de lo social y que podría considerarse como un universo paralelo distanciado, diferente y con una dinámica de funcionamiento entre quienes ingresan a él absolutamente diverso se nutre de personajes que llegan desde el afuera y acarrean por lo tanto con sus historias personales, sus conflictos, sus culpas, sus fantasmas sus más oscuros deseos y se permiten allí expresar hasta sus perversiones. Arrastran las historias de sus vidas, pero también las de sus pueblos y ampliando podría ser también la de su país de origen y su cultura expresando discriminación, tolerancia o intolerancia, dominación, intereses. La literatura y el cine ofrecen ejemplos múltiples de esto pero sólo enumerando algunas obras latinoamericanas daremos idea de esta afirmación: "El lugar sin límites" de José Donoso, "Juantacadáveres" de Juan Carlos Onetti, "La casa verde" de Mario Vargas Llosa, "Pantaleón y las visitadoras" también de Mario Vargas Llosa entre otras.
Pero hoy volveremos a la literatura europea e intentaremos aproximarnos muy pero muy brevemente al complejo Capítulo XV del "Ulises" del escritor irlandés James Joyce (1922).
Como en todo el Ulises de Joyce, la intertextualidad y actualización de los personajes y mitos clásicos de la clásica obra "La Odisea" de Homero es constante. Y si en esta obra Ulises u Odiseo al llegar a la isla de Eea donde habitaba la hechicera Circe que había servido a la mayoría de los marineros vino, queso y manjares con que los habñia transformado en jóvenes cerditos que quedaban sometidos a su servicio. En el Ulises de Joyce, los personajes protagónicos Leopold Bloom y Stephen Dedalus (un judío cinquentón sadomasoquista que busca evadirse del adulterio cometido por su esposa Molly y un joven con aspiraciones literarias y hondura filosófica de ascendencia aparentemente griega) llegan a Mabbot Street, el barrio de los burdeles o Nighttown de Dublin, frente a esa calle se extiende "un conjunto de desvíos ferroviarios desadoquinados y vías muertas, fuegos fatuos verdes y rojos y señales de peligro. Hileras de casas mugrientas con las puertas boquiabiertas. Raros faroles con pantallas débilmente irisadas…" . Allí Bloom descubre que a pesar de lo patético del entorno el mundo de "lo real" es el mundo de los ocultamientos y el mundo del prostíbulo, el lugar de la liberación de las fantasías y los develamientos de verdades que permanecen tapadas. Y en ese espacio su imaginación se hace fértil y se propone ante lo sucedido -como si fueran "restos diurnos"- reflexionar, permitir que afloren imágenes con valor onírico y reformar el mundo: "Estoy por la reforma de la moral municipal y la aplicación lisa y llana de los diez mandamientos. Nuevos mundos a cambio de los viejos. Unión para todos, judíos, musulmanes y gentiles. Tres acres y una vaca para cada criatura de la naturaleza. Coches fúnebres de lujo. Trabajo manual obligatorio. Todos los parques públicos abiertos día y noche. Laplatos eléctricos. La tuberculosis, la demencia, la guerra y la mendicidad deben cesar de inmediato. Amnistía general, carnaval semanal con libertad de máscaras, bonificaciones para todos, la hermandad universal asegurada por el esperanto. No más patriotismo de café y de impostores hidrópicos. Dinero para todos, alquiler gratis, amor libre, iglesia laica y libre en un estado libre y laico". Por supuesto que esto en una Europa de creciente antisemitismo genera violentas y encendidas respuestas.
Finalmente hace tratos con una de las prostitutas, Zoe Higgins, que lo despoja de una papa ya disecada que él llevaba siempre en uno de los bolsillos del saco a modo de talismán o amuleto y que le había dado su madre para que el hambre y las penurias del mundo nunca lo acosaran. Así desprotegido del objeto mágico ve el ingreso a la escena de la madama, la Bella Cohen, una mujer enorme, masculina, devoradora y al expresar él su deseo de ser dominado por ella, la Bella se transforma en Bello y prácticamente lo sodomiza, lo somete con violencia, explota el costado femenino de su personalidad y lo convierte en una ser abyecto, peor que una mucama del prostíbulo. Así le hacer ver la posición femenina y la raíz del adulterio cometido por su esposa ligado a su hombría vulnerable, débil, insustancial y también el dolor por ambos compartido frente a la pérdida de uno de sus hijos, un dolor profundo y fundante del desmoronamiento de su matrimonio.
Este año aquello de lo que no se podía hablar años atrás, también de como llama Foucault las "sexualidades polimorfas" y las nuevas relaciones entre los géneros que provocan según Elizabet Roudinesco "familias en desorden" además de nuevas representaciones de los cuerpos, de las sociedades y del mundo en transformación serán parte de los tópicos tratados en el taller al que están los lectores de esta columna y los que así lo deseen invitados.
Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar
En todo el Ulises de Joyce, la intertextualidad y actualización de los personajes y mitos de La Odisea de Homero es constante.



