Apresuradas reformas -que pueden aún profundizarse- llevaron a nuestro país a la desidia económica. Recesión, inflación, devaluación, desempleo. El presidente Macri no puede hablar de su gestión, mientras encamina al país a un cambio estructural notorio y de difícil reversión.
Un discurso presidencial sin datos favorables de gestión. Mauricio Macri no pudo referirse a ninguna variable macroeconómica en su mensaje de apertura de las sesiones extraordinarias del Congreso: los salarios reales caen, la inflación aumenta, hay recesión, el tipo de cambio no sesa en sus ostigaciones, cada vez hay más gente pobre en Argentina. Macri tampoco enumeró políticas centrales de gobierno; a excepción del adelantamiento del aumento de la AUH y una reforma de la Ley de Educación que tratará el Congreso.
"Déficit cero" que es la bandera del gobierno parece estar arrojando sus escasos frutos. Una cosa es la idea, la teoría, y otra cosa es la realidad, impresentable para el gobierno aún con cifras oficiales. "Sanear" las cuentas públicas sirve en la teoría para fomentar un modelo de acumulación basado en las finanzas; como el que consolidó Brasil en el segundo período del mandato de Lula da Silva. Ese modelo querían implementar en Argentina, pero apresurados.
Primero la economía debe crecer, mostrarse sólida (buenos números y con la gente adentro como decía Máximo K.) y luego ordenar sus cuentas fiscales (un déficit pequeño, de 2,3% del PIB como tenía Brasil). Entonces es posible que la percepción de "riesgo país" de los inversores baje, aún tratándose de un país emergente (también el país podría obtener una recomendación de parte de las agencias calificadoras internacionales, como ocurrió con Brasil desde 2008, aunque claro la calificación se ubicaría entre las menores en términos globales). Los capitales locales y extranjeros decidirían "invertir" en el país.
La economía brasilera creció por un largo período de diez años fomentando la acumulación financiera, el empleo no descendió porque se sostuvo en el sector de servicios pero la apreciación cambiaria originada en el ingreso masivo de capitales (aún pese a que el Banco Central estableciera controles a los movimientos financieros muy cortoplacista) perjudicó notoriamente a la competitividad de la industria (pese también a que el Banco Nacional de Desarrollo volcaba importante cantidad de créditos subsidiados en sectores seleccionados y que el gobierno impulsó dos grandes planes de fomento para la industria -con beneficios impositivos, protección comercial y compras públicas- y otro en particular para el sector automotor). Las empresas empezaron a cerrar, aumentó el desempleo y el país entró en recesión.
Aun habiendo tomado algunos recaudos (la regulación de los movimientos de capitales en el caso de las naciones emergentes son a esta altura casi obligatorios), partiendo de una economía en crecimiento y habiendo logrado "sanear" las cuentas públicas; el desarrollo de un programa de gobierno neoliberal en Brasil condujo a una crisis económica y posteriormente política, y promovió la destrucción de un entramado productivo local que supo ser orgullo de la nación. Es difícil imaginar hoy día que nuestro país vecino vaya a recuperar su rol como potencia productiva y mercado a escala global, probablemente la pobreza en Brasil aumente con la gestión Bolsonaro -pese a disfrutar un verano de recuperación económica en los primeros años de su mandato.
Si el Estado no interviene, el libre andar del régimen capitalista -en su máxima expresión basada en la acumulación financiera- solo tiende a incrementar la fortuna de los más acaudalados y recrudecer la pobreza de los no privilegiados. A ese desenlace nos conduce apresuradamente el macrismo, cediendo la política económica a un fiel representante de aquello de que deben apañarse las ganancias (financieras) (de los centros hegemónicos). Los volúmenes de los flujos de capitales son tan grandes, aún para economías grandes como Brasil, que inclusive en una "buena racha" de entrada y no salida de capitales financieros se trastoca de tal modo el esquema de precios relativos (fruto de la apreciación, o caso contrario depreciación, cambiaria) que no sobrevive el resto de la trama de acumulación.
En Argentina no se tomó recaudo alguno a la hora de liberalizar ("sincerar") la economía. Además históricamente nuestra clase empresarial y otras gentes con dinero descreen en la moneda local (algo que no ocurre en Brasil). De modo que la volatilidad de precios asociada a la libre movilidad de los capitales financieros (esos "shocks" como prefiere llamarlo el presidente) es aún mayor y más nociva. El cierre de empresas, aumento del desempleo y de la pobreza son cambios estructurales que tomará años "sanaer", en el sentido saludable del término.
Cuenta capital versus Cuenta corriente, Reservas y tipo de cambio de Brasil (en USD millones y USD/$R promedio). La entrada de capitales sostuvo un modelo de acumulación en perjuicio de la industria, y no evitó posterior devaluación por fuga.



