Todos conocemos plantas con valores o propiedades medicinales que han resultado (y resultan) de gran ayuda al ser humano a lo largo de su historia. Sin embargo algunas poseen sustancias muy peligrosas que pueden provocar incluso la muerte.
Cuando hablamos de árboles sólo se nos ocurre pensar en su color verde, en la paz y tranquilidad que le otorgan al paisaje, en el bien que hacen dentro de la naturaleza e incluso la vida que ofrecen a las aves. Pero, ésto no es tan así, en el mundo existen árboles que ofrecen riesgos, ya que algunos de ellos pueden ocasionar molestias temporales y otros llegan a causar la muerte.
El nombre científico del "árbol de la muerte" es Hippomane mencinella; según el Instituto de Ciencias de Alimentos y Agricultura de Florida, proviene de las palabras griegas "hippo", que significa "caballo", y "mane" se deriva de manía o locura. El filósofo griego Teofrasto nombró así a una planta nativa de Grecia tras determinar que los caballos se volvían locos después de comer sus frutos. Y el padre de la taxonomía moderna, el sueco Carl Linneo, le dio el mismo nombre al nocivo árbol que crecía en América.
El árbol de la manzanilla, conocido como "Árbol de la Muerte", "Manzanilla de la Muerte", "Manzanilla de la Arena" y "Manzanilla de Playa", tiene incontables víctimas en su haber. Es considerado el árbol más tóxico del mundo. Su fruto se parece a la manzana, pero es más pequeña, aunque es muy aromática, sabrosa y dulce. La ingesta de uno de estos frutos puede provocar la muerte de hasta 20 personas, provocada por quemaduras en todo el recorrido del tracto digestivo. También es arriesgado acercarse a su tronco porque produce una savia lechosa que contiene el potente irritante forbol, que provoca quemaduras graves al tocarlo. El contacto puede provocar ceguera.
El temido árbol crece en paisajes paradisíacos, puede llegar a alcanzar la altura imponente de 20 metros; sus ramas a veces reposan sobre la arena e invitan a descansar sobre ellas. O si están altas, llaman a protegerse de la lluvia o el sol bajo su sombra. Sus raíces se entierran en la arena y sus troncos a veces son el destino de las olas del mar. Sus frutos, muy parecidos a las manzanas, son aromáticos, dulces y sabrosos.
Es una de las especies más intocables y tiene el dudoso honor de estar registrado en el Libro Guinness de los Récords como el árbol más peligroso del mundo.
Quemar estos árboles es malo. El humo puede cegar temporalmente. En algunos lugares está marcado con cruces rojas o placas de alerta.
Reside en lugares tan plácidos como el Caribe, las Bahamas, el Golfo de México, las Islas Galápagos, el Estado de Florida, extendiéndose hasta Colombia.
Se dice que cuando llegaron los conquistadores, varios se intoxicaron al comer sus frutos. Los indígenas usaban el árbol como castigo, amarrando a la persona a su tronco y dejándola ahí para que cuando lloviera sufriera. Se cuenta que los nativos envenenaban las puntas de sus flechas con su savia.
Se piensa que fue la razón de la muerte del español Juan Ponce de León, el primer gobernador de Puerto Rico, quién recibió un flechazo en una batalla cuando quiso conquistar la costa de Florida en 1521.



