Con motivo de conmemorarse un nuevo Día de la Mujer, dialogamos con Mariana Quiroga Ferreres, abogada y referente local en temas de género y derechos humanos. "Está claro que ya es sólo cuestión de tiempo para que las cosas se adapten. No hay vuelta atrás. Cuando antes, mejor para todas y todos", señala.
"Yo era chiquita. Tenía más o menos la edad de mi hija menor, y no podía entender lo que veía en la tele: el boxeador Mike Tyson había violado a una mujer que lo acompañó a la habitación de un hotel, pero luego se negó a tener relaciones. En ese momento no lo sabía, pero esa imagen me marcó como militante para siempre", señala Mariana Quiroga (45), madre de dos hijas de 12 y 21 años, y un varón de 21. También lidera la agrupación local Identidad por la Justicia Social. "Estudié abogacía –agrega- en los años 90 y cuando pocos hablaban de estos temas, mis primeros dos trabajos prácticos fueron sobre Aborto y Matrimonio Igualitario".
¿Cómo la encuentra este nuevo 8 de marzo?
Lo que más me tiene conmovida en este momento son nuestras jóvenes. Si bien ellas hablan de las cosas que nosotras hablamos siempre, son ellas quienes las masificaron, le dieron visibilidad. Y eso es muy emocionante. Porque está claro que ellas van a hacer la revolución que nosotras no pudimos hacer. Seguramente, nosotras hicimos los cimientos, y las que estuvieron antes también, porque esto no empezó ayer. Pero sí tengo la certeza que ellas van a experimentar una transformación en temas de género. Porque ya no se callan ni se van a callar.
Claramente, hay un antes y un después del Ni una Menos de 2015…
Tal cual. Hay que pensar que las leyes de violencia de género son muy anteriores, de los años 90. Pero en 2015 se visibilizó la violencia como nunca, incluso en temas que no eran considerados como violencia. Ahora está todo en la cancha, y nos tenemos que hacer cargo. El otro momento de gran impulso fue el proyecto de ley de legalización del aborto. Porque, más allá que no haya salido la ley, las chicas les explicaron a la mayoría de la sociedad qué significaba su cuerpo y poder decidir sobre él. Un derecho personalísimo: hasta dónde las mujeres tenemos autonomía sobre nuestro cuerpo. En el extremo, está la decisión o no de continuar una gestación. Pero previo a eso, hay toda una serie de cuestiones que tienen que ver con lo femenino y el derecho a ejercer nuestra libertad.
Más allá de la profilaxis, una ley de adopción mejorada, ¿ayudaría a acercar las partes?
Para nada, no pasa por ahí. Nací como abogada en adopciones, trabajando en la Secretaría de la Niñez de la Nación. Conozco bien el tema. Obviamente, la adopción está relacionada con la vulnerabilidad de las mujeres. Pero el aborto no tiene nada que ver con la adopción. La decisión de una mujer de abortar o no abortar, no se toca para nada con la decisión de dar o no en adopción un hijo. Una mujer que decide continuar con el embarazo, no va a dar en adopción a su bebé. Y la ley ya fue revisada y mejorada. En el medio, se logró bajar dramáticamente la venta de niños Lo que pasa es que hay más gente demandando bebés de hasta 2 años, tal vez hasta 4 años, que bebés disponibles. Pero volvamos a la pregunta: la persona que decide no ser madre en un momento determinado, difícilmente pueda llevar a su hijo 9 meses en su vientre y luego darlo en adopción sin ninguna secuela. Plantear esa hipótesis es no entender qué es gestar un bebé, o no haberlo experimentado nunca. Es un planteo con nada de sustento.
Hablando de sustento, y sin restarle la importancia al tema: ¿cuál es el límite a la hora de fijar posiciones feministas?
Para eso yo digo algo que es muy simple: le pedimos a las mujeres, durante años, que hablen. Y les dijimos que las íbamos a acompañar. Pero tal vez no está pasando. Las que están haciendo los escraches más virulentos, por llamarlos de algún modo, son las más chiquitas. Y en su mayoría están institucionalizadas, están estudiando. Entonces, hay algo que se les está escapando al ámbito educativo. ¿Por qué no les damos los ámbitos para hacer las cosas bien? Digo: no se trata de callarlas, sino encausarlas. Porque hay adultos al lado de todas estas chicas. Pero a veces, es como un volcán en erupción. Fueron muchos años que nos callamos, todas fuimos víctimas. Mujer que diga que no fue víctima de algún tipo de violencia, te está mintiendo o no se está dando cuenta de cosas que vivió.
¿Y a usted qué le pasó?
No me gusta hablar en términos personales. Pero a todas las mujeres nos han dicho groserías en la calle, a todas o a casi todas nos han tocado la cola, nos quisieron avanzar cuando no quisimos y fuimos acosadas, o hemos tenido que pedir ayuda para salir de un boliche… todas. No hay ninguna que no haya pasado por alguna de esas circunstancias. Después, están las que vivenciaron cosas peores, claro está: los abusos, los golpes, o directamente han encontrado la muerte. No olvidemos que estamos hablando de un femicidio cada 30 horas en la Argentina. Pero para que se comprenda mejor, el otro día hablábamos de unas chicas que aparentemente han acosado a un chico en un boliche. La diferencia es que ese chico, cuando se fue del boliche, no miró para atrás 30 veces a ver si lo estaban siguiendo. En cambio, nosotras, lo hacemos. ¿Se entiende la diferencia? Se llama miedo, y andar siempre con la sensación de ser vulnerable.
Como que falta empatía masculina, ¿no?
Creo que los más jóvenes están más atentos a estos temas, pero falta, sobre todo desde lo institucional. En todos los fueros judiciales falta la perspectiva de género y hay mucho camino por recorrer. De todas formas, no es la única solución. Muchas formas de violencia ni siquiera son delitos graves para nuestro Código Penal. Se estima que sólo el 5% se judicializa, y se prueba el 3%. Porque son delitos en ámbitos privados, que probarlos es muy difícil. Y a las mujeres en el circuito judicial las revictimizan 20 veces, porque falta esa perspectiva de género. Entonces, el cambio se tiene que dar en lo social y en lo político.
¿Por ejemplo?
Si hoy vemos a un adulto tironeando de un brazo a un niño, nos damos vuelta todos a ver qué está pasando. Y la gente interviene, porque no lo soportamos como sociedad. Eso mismo está faltando para el tema de la violencia de género. Tenemos que seguir visibilizando porque lo que tenemos que lograr es que la sociedad reaccione, también en estos temas. Por eso es tan importante la organización, la lucha en las calles, e incluso las discusiones que permiten consensuar posiciones. Es fundamental esta inercia para que el cambio no tenga vuelta atrás. Y hablamos de un cambio que no se está dando en la Argentina solamente, sino en muchísimos países del mundo, de forma simultánea.
Nos olvidamos que hoy hablamos del Día de la Mujer, trabajadora…
Claro. Y tampoco es menor el tema de las desigualdades en el mundo del trabajo. En la Argentina, hay una brecha del 25% en el tema salarial entre hombres y mujeres. Pero después hay otros datos interesantes del empoderamiento que estamos teniendo: somos más las mujeres con títulos universitarios que los hombres, pero aún no logramos equipararnos en los lugares de poder, tanto en lo privado como en lo público. Gobernadoras, somos sólo el 16%, intendentas sólo el 9% y diputadas el 30%. Hay un dato muy singular que nos define de dónde venimos como sociedad: hoy somos mayoría las mujeres, pero la carrera que fue la última en aceptar mujeres fue la de Derecho. ¿Por qué? Porque en el Derecho es donde está el poder, y se ve plasmado en el Poder Judicial. Los jueces siguen siendo en su mayoría hombres, camaristas mucho más. Y en Corte Suprema, ni te explico.
De acuerdo. Pero la educación inicial, primaria y secundaria está en manos de las mujeres desde siempre. Sin embargo, no parece que estén aprovechando ese lugar clave para instalar la perspectiva de género.
Es verdad. Así como hay cada vez más hombres que comprenden y apoyan esta mirada, todavía muchas mujeres que no la entendieron o directamente están en contra. Pero creo que es un tema generacional. Está claro que ya es sólo cuestión de tiempo para que las cosas se adapten. No hay vuelta atrás. Cuando antes, mejor para todas y todos".
“En la Argentina, hay una brecha del 25% en el tema salarial entre hombres y mujeres", señala la Dra. Quiroga Ferreres.



