La recesión económica se cobra cada vez más puestos de trabajo, pero el gobierno mira para otro lado. Los especialistas televisados disfrutan conjeturar sobre el dólar mientras cambia -quizás para siempre- el paisaje productivo nacional.
Ya son más de 7.000 obreros suspendidos en empresas automotrices como consecuencia de la caída en las ventas provocada por las políticas de gobierno. La empresa Peugeot, en la localidad del oeste bonaerense de El Palomar, interrumpió las funciones de 2.000 operarios entre marzo y abril y quedarán 500 trabajando en planta. Si bien el cese de tareas es una práctica común en las empresas, esta vez sorprende el número de operarios suspendidos, las fábricas se pararon, están vacías.
Las suspensiones vienen a evitar despidos, no a atender una situación coyuntural. Muchas empresas dejarán de producir las líneas de vehículos que destinan al mercado local. En marzo, la empresa Honda dejó afuera de la planta a 200 operarios y suspendió a 900, de un plantel de 1.300 en total. En Córdoba, la empresa Renault suspendió a 1.500 operarios en los primeros días de marzo y Fiat, por su parte, anunció el cese de otras 2.000 personas. Ya no se venden autos 0km en el país.
La situación es bastante descabellada, se trata empresas grandes, de trayectoria, consolidadas en el país. Existió en Argentina una tradición, un conocimiento afianzado en el sector automotriz, había competitividad. No es posible culpar al otro, a las empresas en este caso, que estrategia típica del macrismo. Las PyMEs vienen cerrando, ahogadas financieramente y también enfrentando caída en las ventas. Ante la baja de aranceles y otras regulaciones al comercio externo, varias empresas dejaron de producir para dedicarse a importar y despidieron gente. Los despidos masivos, también en el sector público, expulsan a las personas del "sistema de mercado". La inflación y los tarifazos secan los salarios. Ningún funcionario público da la cara ante la situación, hay muchos responsables pero ninguno habla, esa también es una estrategia política del macrismo, un laissez feire.
Es curioso, sin embargo, que la atención de los economistas más famosos y de los programas de Tv insiste sobre la suba del dólar. Que en términos macroeconómicos no es un problema menor, claro, pero las empresas cierran, caen como edificios bombeardados en las guerras, es una situación es muy difícil de revertir, más que una aceleración de la devaluación cambiaria, más que la renegociación de la deuda externa. Es un paisaje nuevo, la recesión, la aniquilación de sectores productivos, y sólo se habla de las Leliqs y el riesgo país. Es más cool y fomenta especulaciones y conspiraciones.
En Twitter y en la Tv los más renombrados economistas se la pasan ponderando situaciones más o menos explosivas en torno al tipo de cambio. Analizan los mercados. Los mercados financieros son los más simples de analizar: que si sube el riesgo país, que si la tasa de interés real no es tan alta, que la inflación sigue subiendo, que los shocks externos, que el riesgo país. El vocabulario que usan no es más extensivo que aquello. No plantean explicaciones de fondo, referidas a los valores absolutos que maneja nuestra economía: dólar $ 43, tasas del 50%, inflación del 50%, ¿por qué?
Los mercados financieros son los únicos que funcionan de manera más asemejable a la teoría económica del libre mercado, y eso entretiene a economistas. El mercado de trabajo, por el contrario, es la oveja negra del sistema. Allí la teoría se queda sin mercado, no funciona la Ley de la oferta y la demanda: jamás una baja de precio (el salario real en el caso del "mercado de trabajo") redujo la oferta de empleo (la que hacen los trabajadores) ante una caída de la demanda (la que hacen las empresas) para así "cerrar el desequilibrio". El desempleo se propaga en el tiempo, el "mercado de trabajo" no ajusta, se falsan todas las explicaciones ortodoxas.
Eso lo sabe cualquier profesional y cualquier funcionario público desde hace al menos cien años, desde el planteo rotundo que hizo Keynes: debe intervenir el mercado para fomentar la demanda que alimente nuevamente los deseos de producir de las empresas. El sistema tiende a la expulsión y segregación de las clases trabajadoras. Los economistas estrella desviando su atención, los medios de prensa, los funcionarios locales y nacionales medio tortolitos a la hora de plantear soluciones son cómplices y responsables de una situación que empeora progresivamente. La crisis en el empleo industrial es la peor en los últimos 20 años y no hay una sola decisión política destinada a atenderla.
Se perdieron más de 100.000 empleos industriales registrados en los últimos tres años. Es la peor crisis en 20 años, fuente Radar Consultora.



