¿Contradicción en los términos? ¿La libertad, tiene límites?
Dice La Biblia: El que considera atentamente la perfecta ley de libertad y se mantiene firme, no como oidor olvidadizo, sino como cumplidor de ella, este será feliz en todo lo que haga, (Santiago 1:25).
La Iglesia tradicional, ha dejado la impresión de vivir preso de la Ley de Dios, como si fuera un yugo difícil de llevar, como si fuera una condena opresora y angustiosa.
Pero a la muerte de la oruga, le sucede la vida como mariposa. La esclavitud de la ley ahora es libertad de la ley. El preso ahora es una nueva persona, libre, y con valores cristianos.
Pero el hombre moderno, ha intentado buscar la libertad, huyendo de este falso dios irreal, hacia el famoso, dios está muerto, de Nietzche.
Si el hombre mata a Dios (lo ignora), éste lógicamente deja de existir (para el). Si deja de existir, entonces, las leyes éticas que antes lo obligaban a comportarse de determinada manera, se mueren con él; y entonces, el hombre se siente libre para hacer todo lo que esté a su alcance.
Sin darse cuenta, que somos libres para hacer cualquier cosa, pero no seremos libres de las consecuencias.
Claro está, que el hombre moderno suscita esta hipótesis, en un odio hacia la ley de Dios y hacia Dios, porque es tal su orgullo, y su vana sabiduría, que no soporta que ninguna criatura, o libro, lo gobierne.
Por tanto, el hombre debe dejar de perseguir la libertad que nunca alcanza, y que paradójicamente, sobreviene la angustia, al incrementarse la diferencia entre sueño y realidad, y no asir aquello que quiere ser o hacer, convirtiéndose en presa de su sueño y no en libertad de su sueño. Y, por tanto, el hombre debe lanzarse hacia los brazos de Dios, que lo sostienen como un padre al niño, y reconocer a todo costo, su humana debilidad e impotencia.
El hombre debe echarse a llanto ante Dios, (llorar con Jesús en Getsemaní) y permitir que Él sostenga su carga y lo dirija por el camino correcto. ¡Aquí hay libertad! porque el hombre deja de soportar la carga, que lo somete el estrés de elegir la senda perfecta y definitivamente no discernirla, ni tener seguridad de quién tiene la Verdad.
Esto es fe, esto es arrepentimiento. Cambiar de posición, de considerarse en el centro y único responsable de todas las decisiones, a pasar al otro lado, donde Dios es el centro y quien direcciona nuestras vidas. El orgullo es quitado, y ya no existe nada para perder, porque todo lo entregaste a los pies de Dios, y no estás solo, ahora eres uno con Cristo. La oruga murió y la mariposa sale a la vida; todo está para ganar, para conquistar, para construir y re-construir. La libertad ahora es una realidad y no un sueño a perseguir.
En definitiva, la esclavitud de la ley ahora es libertad de la ley. La perfecta ley de Dios nos mantiene firmes, seguros, confiados, motivados, esperanzados. Y todo lo que hacemos, no lo hacemos porque alguien nos dijo, porque así nos parece, porque no nos queda otra opción, con miedo, con duda; todo lo contrario, todo lo que hacemos, tiene sostén y genera felicidad, sabiendo que dará fruto, porque Dios es perfecto y su Ley es la mejor guía, y perfecta.
(Juan 8:36) Así que, si el Hijo (Jesús) os libertare, seréis verdaderamente libres.
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¡Hasta la próxima semana! ¡Dios te bendiga! Josué Monte
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