Este domingo recordaremos una vez más el golpe de estado que hace 43 años instauró en nuestro país la más feroz y genocida dictadura cívico-militar cuyo objetivo principal fue la de imponer a sangre y fuego una política económica que concentró en pocas manos la riqueza generada por todos los argentinos.
Al cumplirse el primer año de dicha dictadura, el superlativo periodista y escritor Rodolfo Walsh, máximo exponente del periodismo de investigación en nuestro país, dio a conocer su "Carta abierta de un escritor a la Junta Militar" cuya lectura resulta imprescindible para comprender cabalmente la magnitud del daño infringido a la gran mayoría del pueblo argentino.
En la carta mencionada y a continuación de describir con gran precisión las atrocidades contra la vida y la libertad de decenas de miles de compatriotas y que significó 30.000 desapariciones (sí, fueron 30.000), Walsh señaló que "Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada".
El plan económico al que se refiere Walsh no es otro que el del empresario José Alfredo Martínez de Hoz, Ministro de Economía e ideólogo de la dictadura.
Si se compara ese plan económico con el del menemismo, el de la Alianza, estos dos conducidos por Domingo Felipe Cavallo, o del actual gobierno de Cambiemos asusta comprobar la similitud que hay entre los cuatro y que se pueden definir sin temor a equivocarnos como planes decididamente neoliberales.
En todos los casos vemos disminución del salario real, despidos, eliminación de retenciones al agro, apertura de las importaciones, fenomenal endeudamiento externo, liberación cambiaria, gran reducción del gasto público, especialmente en educación y salud, etc., etc.
También tienen en común la sumisión en lo económico al Fondo Monetario Internacional (FMI) y en la política internacional al gobierno de los Estados Unidos. En los casos anteriores cuando las papas empezaron a quemarse los yanquis les soltaron las manos y llegaron a ponerse en la vereda de enfrente como sucedió cuando la guerra de Malvinas.
Tengamos presentes las palabras de John Quincy Adams, sexto presidente de Estados Unidos quien dijo: "Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino intereses permanentes".
Esto no quiere decir de ninguna manera que los gobiernos surgidos por elecciones sean comparables con aquella dictadura, pero si sus planes económicos.
La pregunta que debiéramos hacernos es ¿Por qué políticas económicas tan similares darán resultados distintos? Si las tres anteriores provocaron grandes retrocesos para casi todos ¿Por qué ahora va a ser diferente? ¿Servirá para algo remarla con semejante correntada en contra?
La historia nos demuestra que los sufrimientos presentes por más fe que tengamos sólo nos traerán más sufrimientos.



