Luicito estaba ahorrando sus monedas para comprar una pelota de básquet. Una noche, su madre lo oyó decir en oración: "Señor, ayúdame a ahorrar para que pueda comprar mi pelota de básquet, y por favor no permitas que el hombre del helado pase aquí en nuestra calle".
Lo que aquel niño estaba haciendo era pedir a Dios para que lo librara de las tentaciones. Él temía no poder resistir y perder su bendición... Debemos imitar al pequeño Luicito. Por más fuertes que seamos, en la vida espiritual, estamos sujetos a perder nuestra comunión con Dios si no vigilamos en oración.
Pedimos muchas cosas al Señor Jesús. Pero para que nuestras peticiones puedan ser atendidas, pidamos también que Él nos libre de los engaños y tentaciones de la vida. Conocemos nuestras debilidades y lo mejor es evitar estar delante de ellas. Cuando Dios nos protege de las trampas del diablo, las posibilidades de pecar son mucho menores. Y, lejos de los males de este mundo, tenemos mucho más condiciones de agradecerle en todas nuestras actitudes.
Claudio Valerio © Valerius // valerius@fibertel.com.ar



