nanalmendra@hotmail.com
Según una noticia de infoBAE, del día viernes 18 del corriente, el jueves de la semana pasada, un niño de 10 años que viajaba en el interno 163 de la línea 146, de la ciudad de Rosario, con destino al Colegio San José, sorprendió al chofer advirtiéndole que debía apagar su cigarrillo porque perjudicaba su salud y violaba una ordenanza municipal.
El chofer le dijo al niño que la orden estaba destinada para los pasajeros y bajo un tono amenazante lo intimó a que marcara la tarjeta magnética, advirtiéndole además, que en caso contrario, lo trasladaría a la comisaría más próxima.
Pese a la observación del chofer, el menor mantuvo su reclamo, por lo que el colectivo enfiló directamente a la comisaría 11. Allí, luego de hacer descender a los gritos al niño, el chofer se alejó.
Momentos después, se presentó en la seccional la madre del menor, quién radicó la denuncia en base al testimonio de su hijo y destacó que el niño padece de permanentes problemas de broncoaspiración.
Ahora el conductor deberá prestar declaración ante el juez de Faltas y ante la Secretaria de Servicios Públicos de la Municipalidad de Rosario.
Esta nota fue titulada ¨Kevin, el niño rosarino que libra una batalla contra el cigarrillo¨. Creo que en realidad, Kevin no esta luchando contra el cigarrillo, más bien diría, que lo hizo contra la falta de respeto, el incumplimiento crónico de reglamentaciones vigentes y contra el abuso.
Este niño no dijo ¨no fume que le hace mal¨, dijo ¨no fume que a mí me hace mal y hay una ley que me protege, que usted debe respetar¨.
Se destacó el que el niño era asmático. ¿Es que eso cambia las cosas? Las normas deben respetarse sin importar las circunstancias. El chofer no debe fumar, sin importar el estado de salud de los pasajeros.
También se clasificó el hecho de ¨curioso incidente¨.
Seguramente, lo curioso está en que el protagonista sea un niño, mientras los adultos rumeamos bronca por lo bajo y no nos atrevemos a enfrentar al chofer. Respetamos el autoritarismo de ciertos personajes cotidianos, como portadores de una maldición histórica. Crédulos y inmutables ante el abuso como sino tuviera remedio.
Esperemos que el ejemplo de Kevin nos sirva para aprender y entender. También para apostar a un futuro más honesto y justo. Porque como bien dice el dicho popular: ¨No es culpa del chancho, sino de quien le da de comer¨ y este rosarino de solo 10 años, decidió no engordarlo más...



