El filósofo surcoreano Byung-Chul Han (nacido en Seúl en 1959 y radicado actualmente en Berlín) estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo y Literatura alemana y Teología en la Universidad de Munich. En 1994 se doctoró por la primera de estas universidades con una tesis sobre Martin Heidegger, y actualmente es profesor de Filosofía y Estudios Culturales en la Universidad de las Artes en Berlín. En el año 2013 se traduce y publica por primera vez en español su libro "La sociedad de la transparencia" al que seguirán otras traducciones y publicaciones de su obra en español y comenzará a conocerse y valorarse su pensamiento en nuestro país.
En este libro analiza la sociedad contemporánea que idealiza la falaz categoría de "transparencia" como modelo político social contrario a la corrupción y asentado sobre un conjunto social que ya ha perdido toda confianza por lo que únicamente admite y solicita estricta vigilancia y control. Asimismo, como una de las formas que esta sociedad de la transparencia adopta, analiza la modalidad de "exposición" que tiene esta sociedad y lo que él mismo llama "la sociedad porno" en las que las personas y/o cosas expuestas son alcanzadas, subyugadas o sometidas por esta etapa ulterior del capitalismo a la necesidad creada de "exponerse para ser". Ser es ser visto.
Su mera existencia pareciera ser insignificante, carente de valor, y recién se reviste de valor cuando "es vista", lo que explica aunque con mucha brevedad y simplismo pero un poco al fin, la importancia que las fotografías, selfies y los videos que documentan como registro gráfico la vida de las personas expuesta en los muros de Facebook, Instagram u otras redes tienen en la actualidad.
El recurso del Photoshop, por su parte puede disolver el rostro humano verdadero y convertirlo en una superficie plana desprovisto de su singularidad, desapareciendo el devenir, el madurar, envejecer, morir, en función de amoldarlo a una determinada forma de elaborada y al mismo tiempo sutil y deseada mercancía a requerimiento de la mirada y el deseo del otro. En la sociedad de la exposición cada sujeto es su propio objeto de publicidad.
Todo se mide en su valor de exposición ( ya no en su valor de uso o de cambio) y la sociedad expuesta es una sociedad "pornográfica" porque todo está vuelto hacia fuera, despojado, desvestido, sin misterio y expuesto; y ese exceso de exposición hace de todo una mercancía que será entregada, desnuda y sin secreto a la devoración social inmediata. En esa puesta en escena expositiva permanente se engendra un determinado valor que tiene que ver con el renunciamiento a la valoración de las peculiaridades y esencialidades distintivas de las cosas lo que las hace obscenas y aliena e imposibilita el placer sexual.
El filósofo Han describe cómo en la tradición cristiana, la desnudez llevaba una "imborrable signo teológico", es decir Adán y Eva antes del pecado no estaban desnudos pues los cubría un "vestido de gracia y de luz divina" pero al cometer el pecado original y verse totalmente desnudos se vieron forzados a cubrirse, en este sentido "la desnudez significa la pérdida del vestido y estado de gracia". Los cuerpos humanos que se exhiben en su total desnudez, expuestos sin misterio se vuelven inexpresivos como los de las modelos o las pornostars y en su hipervisibilidad generan otras formas de erotismo.
ACTORES Y VÍCTIMAS
Y he aquí uno de los grandes temas que aparecen tratados en la novela "Fuera de lugar" del escritor argentino Martín Kohan, editada por Anagrama en el 2016 y que se inicia con las sesiones de fotos tomadas a niños, varoncitos desnudos, jugando libremente o posando a que jugaban a una guerra de almohadas, por ejemplo, o montando de a tres con cierta gracia un caballo, donde obviamente no se visibiliza como desnudo al animal pero sí a los tres niños. Sin embargo, la inocencia propia de los niños no está en las miradas de quienes veían o hacia quienes estaban destinadas estas fotos, que en su fijeza en blanco y negro atraían ya más que ciertos videos y que incluían otras intenciones.
El equipo inicial encargado de esta suerte de "trabajo" obviamente clandestino estaba formado por Nitti que se relacionaba con los compradores asiduos de los países del Este (Kiev, Riga, Moscú, Budapest, San Petersburgo)que pagaban sumas más que considerables por ese material fotográfico; Murano, el fotógrafo más joven del pueblo que descubrió nuevas formas de obtener mayores réditos económicos con este tipo de fotos y no se sentía impedido por ningún freno moral; Lalo, el iluminador; Magallán, que se ponía en contacto con los curas de un instituto religioso y podía gestionar la salida "de excursión" de los chicos que no tenían familiares cercanos ni lejanos y a quienes nadie visitaba, el que los conducía con su kombi a la casa que habían alquilado y los hacía desvestirse y Marisa que pensaba y organizaba todo e incluso había sido la responsable de agregar al equipo a Santiago Correa que sumó su figura de hombre adulto a las cada vez más estudiadas fotos.
Con estas escenas fuertes que sacuden al lector y lo colocan frente a la terrible y perversa realidad de los abusos, la pornografía infantil, la depravación y la aberración del turismo sexual pero que, aunque no nos resulten gratos de leer, ver e informarnos sabemos que existen se abre esta novela que exhibe no sólo los sólidos conocimientos teóricos que Martín Kohan ( profesor además de Teoría Literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y de la Patagonia) tiene sobre el ensayo "La cámara lúcida" de Roland Barthes, a los que acude el personaje de Marisa la más formada de este equipo del pánico, sino también su indudable y atrapante pericia narrativa ya reconocida en novelas anteriores de las cuales "Ciencias morales" ganó el Premio Herralde en el año 2007.
"Fuera de lugar" continúa con el relato de esta feroz historia que no escatima sordidez y perversiones y los personajes que se van incorporando empiezan a jugar posiciones cada vez más oscuras o extremas en una trama que se va volviendo cada vez más próxima al policial negro de acción, donde todos se desplazan de un lugar a otro (la precordillera, el litoral, el conurbano, la frontera) y también la internet, el sitio donde están todos los sitios. No obstante, nadie puede evitar que para salvarse y sostener el fabuloso negocio sobrevenga el asesinato, la muerte artera, trágica y consecuentemente las pistas, las huellas, los rastros que podrían acudir para esclarecer los hechos se pierden, se desvanecen.
De esta manera, la sociedad de la transparencia que con su sistema de vigilancia y control debiera sancionar la corrupción de todo tipo ha generado también sus mecanismos de desvíos y ocultamientos en el que son los personajes más débiles y vulnerables las víctimas que padecen la falta de justicia y el final hallazgo de la verdad, que quedará perdida por el camino, oculta, velada. En las sociedades de la transparencia, tal como las describe Han, no hay idea de "comunidad", de proyectos en solaridad conjunta, de un "nosotros" sino de "acumulaciones de egos" donde cada uno es actor y víctima a la vez de lo que sucede y la verdad es negada y rechazada, sobre todo si pone en peligro abultados intereses.
En la novela de Martín Kohan, los personajes más débiles y vulnerables son las víctimas que padecen la falta de justicia.
Marisa Mansilla / Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar



