"El presente era un huevo puesto por el pasado que tenía un futuro dentro de su receptáculo" --Zora Neale Hurston.
En todo el mundo se utilizan los huevos, sobre todo los de gallina, siendo desde siempre aliados muy valiosos en la cocina.
Vendidos y consumidos hasta en los lugares más remotos, son un alimento muy preciado, desempeñando un papel fundamental en la mayoría de las tradiciones culinarias de nuestro planeta.
Los huevos resultan altamente eficaces dado que son emulgentes y coagulantes, es decir que ayudan a que los ingredientes se amalgamen perfectamente, añadiendo al mismo tiempo sabor y color a cualquier receta.
El huevo es un símbolo de fertilidad, nacimiento y vida: en el antiguo Egipto era considerado el centro de los cuatro elementos del Universo, mientras que la tradición de ofrecer huevos de gallina al comienzo de la Primavera se remonta a la antigua Persia. Plinio, escritor romano, describe la tradición de enterrar huevos pintados de rojo en los campos para ahuyentar las influencias demoníacas y propiciar una buena cosecha.
El huevo es un elemento muy simbólico en muchos países: en India y China el mito del Huevo Cósmico representa la unidad primordial del ser, la perfección que precede a la separación de los elementos y el nacimiento del universo.
Hay muchas dichos sobre la recién casada, el más conocido es el que expresa que no sabe ni "cocer un huevo". El agua hirviendo da a los huevos una textura gomosa, y los golpes que éstos sufren contra las paredes del recipiente pueden hacer que se casquen y dejen escapar parte de su contenido. Los huevos bien hechos, cocidos en su punto, constituyen la base de docenas de platos deliciosos. Contrariamente a la creencia popular, cuando vamos a elegir y conservar los huevos, debemos saber que los huevos de color marrón no son mejores que los blancos, ni aunque sean más caros.
El color de la cáscara no es más que una indicación de la raza de la gallina que lo puso, y las que ponen huevos marrones no son muy prolíficas. En cuánto al color de la yema, no tiene nada que ver con el valor alimenticio del huevo ni con su frescura, depende tan sólo de la dieta de la ponedora.
En la mayoría de los países, los huevos se clasifican según el tamaño y fecha, marcada para identificar la frescura, por lo que son escasas las posibilidades de comprar huevos pasados.
Hay tres puntos importantes a tener en cuenta cuando de guardar huevos se trate:
1- Cada huevo contiene una cavidad de aire, que aumenta de tamaño a medida a medida que aquél pierde frescura. La calidad se mantiene si esa cavidad queda flotando en el extremo más ancho. Por lo tanto, conviene guardarlos con el extremo picudo hacia abajo.
2- La cáscara es muy porosa y absorbe olor y sabores que pasan al huevo; así pues, se deben guardan envueltos o alejados de los alimentos de sabor fuerte.
3- La luz destruye el contenido vitamínico de los huevos. Se deben conservar en un sitio fresco y oscuro. La heladera es el lugar ideal para la conservación prolongada de los huevos, pero fuera de ella, con una temperatura ligeramente superior, será preferible para utilizarlos inmediatamente.
Como en todas las celebraciones, durante la Pascua se repiten gestos y costumbres adquiridas aún cuando no se conozca a ciencia cierta su significado o historia; tal es el caso de los Huevos de Pascua, que se realizan, se regalan y se consumen, de todos los tamaños y colores, durante esos días..., pero, ¿de dónde viene esa costumbre?
Si bien hay diversas teorías, la figura del huevo es utilizada desde tiempos inmemoriales, una de las historias más aceptadas es la que se remonta a la Edad Media, cuando el Papa Julio III, prohibió el consumo de huevos durante la Cuaresma, lo que hizo que grandes cantidades de huevos que no se consumían durante esos días se acumularan en cada familia; cuando llegaba el Domingo Pascual, y la prohibición se terminaba, todos esos huevos debían utilizarse, y así se convertían en regalo; para perfeccionar esta ofrenda, muchos comenzaron a especializarse en la decoración de los huevos.
Recién en el siglo XVIII, surgen los huevos de chocolate, tiempo después comenzó la historia de los fastuosos huevos de joyería coleccionados por las familias reales. Entre los joyeros más destacados, se encuentra Kart Gustavovich Fabergé, de origen ruso, quién elaboró más de cincuenta huevos, uno de ellos labrado en cristal de roca y ornamentado con más de tres mil diamantes.
¡Felices Pascuas, a los seguidores de esta columna!!!



