En la columna literaria del pasado miércoles comentamos cómo algunos años de la infancia y adolescencia del escritor, profesor de teoría literaria y crítico Martín Kohan (1967) transcurrieron durante los años más oscuros de la historia de nuestro país, la última dictadura cívico-militar, y los terribles relatos de los ex -prisioneros que comenzaron a salir a la luz, la experiencia social y personal de esos tiempos feroces de las más crudas y hasta el momento impensadas atrocidades aparecerán en otras dos novelas de Kohan como lo son "Dos veces junio" ( publicada en junio del año 2002) y, desde otra óptica, "Museo de la Revolución" ( año 2006), en que la militancia política imponía ciertas reglas avasalladoras de las elecciones y la vida personal de los militantes por lo que las hacía cuestionables, así como los textos teóricos de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, algunos de los cuales conteniendo una verdadera teorización acerca de la vida cotidiana nutrieron el pensamiento revolucionario de numerosas generaciones con una potencia enorme en diferentes épocas y geografías.
Hoy vamos a dedicarnos a la magnífica "Dos veces junio" que se inicia con un epígrafe tomado de la novela "Villa" (1995) de Luis Gusmán: "En junio murió Gardel, en junio bombardearon la Plaza de Mayo. Junio es un mes trágico para los que vivimos en este país." Y que hace referencia al Doctor Villa, personaje cómplice de los torturadores de la Triple A. A continuación de la cita del epígrafe se sucederán las dos partes en que está dividida la novela con sus correspondientes capítulos, siendo la primera de ellas "Diez del seis" y la segunda "Treinta del seis (Epílogo), y haciendo referencia al 10 de junio de 1978 y al 30 de junio de 1982 con sus diversas implicancias históricas.
En el año 1978, el protagonista, cuyo nombre y cualquier otra descripción física desconocemos, es un soldado conscripto que mediante al número obtenido en un sorteo fue destinado a la fuerza de "Tierra" de las Fuerzas Armadas y se convierte en chofer del doctor Mesiano, un médico encargado de "supervisar" las torturas en un Centro Clandestino de Detención. La pregunta escrita en una nota: "¿A partir de qué edad se puede empesar a torturar a un niño?" escrita por el Dr. Padilla y dirigida al Dr. Mesiano pone en acción al conscripto que deberá encontrar a Mesiano para que dé una respuesta. Pero en realidad lo que llama la atención del protagonista no es la naturaleza de semejante pregunta sino la falta de ortografía que no soporta y se atreve a corregir sutilmente, lo que quizás podría interpretarse como una forma de desautorizar o cuestionar a sus superiores, hecho éste que lo preocupa porque debido a esto podría ser severamente sancionado. Parte entonces en busca de Mesiano que ha ido a ver el partido Argentina – Italia y espera verlo aparecer fuera del estadio cuando se desconcentre el público asistente. En el segmento I del capítulo "Cero uno" el narrador dice: "En filas desparejas se desconcentró la multitud callada. Era una larga procesión de cabizbajos, que no mostraban llanto por no ceder el gesto del que es bien hombre, pero que tampoco hablaban ni levantaban la vista. Se oía tan solo el rasgado del andar sobre el pavimento o sobre las baldosas de las veredas, porque los pies tampoco los levantaba nadie, y al arrastrarlos se arrastraban los papeles rotos, la mugre general de los días de partido, los pedazos de cualquier cosa. No había semblante en que faltara la pesadumbre. En el desfile continuo de las caras sin sosiego, se veía la tristeza multiplicarse por miles. Yo iba viendo, también callado, la manera en que pasaban incesantes los desconsolados: tanta gente, tantos miles, y nadie tenía palabra alguna que decir.".
De repente ve al doctor que viene acompañado de su hijo Sergio, le comunica la urgencia por la que lo requiere el otro médico de la Fuerza, el Dr. Padilla, pero Mesiano decide demorar su presentación y dar fin a "esa noche de mierda" debido al fracaso deportivo nacional, con tres prostitutas. El conscripto recordará el disgusto de su hijo, la vaguedad de su gesto final de saludo y su violenta proeza sexual con la prostituta que le tocó que tenía un tic nervioso en la boca. Después se trasladarán volando en el Falcon hasta un Centro Clandestino de Detención en Quilmes adonde ambos médicos discuten fuertemente y Mesiano reclama al bebé para su hermana. El conscripto espera, y en esa espera la mano de una detenida se extiende hacia él y su angustiante voz le pide que le diga dónde está, qué día es, y le pasa el número de teléfono de su abogado para que la salve a ella y sus compañeros, a lo que el joven le responde: "No hables más hija de puta, ¿no ves que ya estás muerte? […] No ayudo a los extremistas." Y ella le vaticina que nunca va a dejar de soñar con ella, con su rostro y su mano borrosos en la oscuridad ni con su pedido desesperado. El Dr. Mesiano regresa cargando un paquete que ubica con cuidado en el asiento posterior del auto y le pide al conscripto que maneje con cuidado.
La segunda parte de la novela ocurre cuatro años después y en el nuevo Campeonato Mundial de Fútbol, en que ya sí juega Diego Maradona y Italia vuelve a ganarle a Argentina por un gol. El conscripto de la primera parte es ahora un estudiante de Medicina y al leer el diario se encuentra con la triste noticia de que el hijo del Dr. Mesiano, Sergio, integra una lista de los soldados muertos en Malvinas. Decide ir a darle su pésame al doctor pero no lo encuentra en su casa, no obstante la persona de servicio del médico le da la dirección de su hermana y hasta allá se dirige encontrando reunida a toda la familia, entre ellos un pequeño niño de cuatro años al que llaman Antonio, aunque el ex conscripto recuerde bien que la voluntad de su madre era que su nombre fuera Guillermo.
La historia narrada en la novela es mucho más rica que esta brevísima reseña, va avanzando y se va expandiendo y expandiendo sumando otras pequeñas historias que lejos de ser minúsculas en el preciosismo de sus detalles contribuyen a la elaborada arquitectura narrativa de la novela, a dar cuenta del clima de época y al perfil constituvo de los personajes. Cada capítulo lleva un título numérico cuyo significado se alcanza mediante la lectura de brevísimos segmentos narrativos que a veces constan de sólo cuatro o cinco líneas y que se suceden encabezados por números romanos ; obsesión numérica ésta que debiera sugerirnos cierto principio y manía por racionalizar y medirlo todo, pero que esconden el trastorno, el desquicio y el horror. Esa exhaustiva fragmentación narrativa y el lenguaje de lo "no dicho" pero implícito es altamente significativo y a la vez exigente para con el lector que claramente identifica el contexto histórico de las dos derrotas deportivas de Argentina frente a Italia en dos sucesivos Mundiales de fútbol, pero sobre todo de dos derrotas sociales de la civilidad, de dos momentos de violencia extrema desatada que se convertirán en reiteradas pesadillas de la historia , de dos "guerras", la llamada "sucia" y la abiertamente declarada donde las culpas adquieren la extensión de lo colectivo por las complicidades que el sistema represivo que el poder había instalado fue tejiendo como una pegajosa tela de araña adonde todos quedaban pegados.
Y nuevamente aparecerá el marco teórico de Michel Foucault para iluminar la interpretación de la novela – como el mismo Kohan lo advierte en una entrevista – y también el "Eichmann en Jerusalén" de Hannah Arendth en donde Eichmann es un eslabón más en la máquina burocrática nazi porque no responde al imperativo categoríco del deber ser moral y por lo tanto el mal se convierte en banal y cotidiano. La novela de Kohan cuyas claves de lectura el propio autor nos facilita aborda una temática fuerte con una narrativa sólida y deslumbrante que lo instalan a él como un autor insoslayable de la literatura argentina actual.
Martín Kohan aborda una temática fuerte con una narrativa sólida y deslumbrante.
Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar



