Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- Aunque el Gobierno había colocado en estos días buena parte de su atención en materia de política exterior en el viaje que emprendió el presidente Néstor Kirchner a China junto a una numerosa comitiva y en la visita que encabezó el canciller Rafael Bielsa a Rusia, ambos con un horizonte comercial, el diablo metió la cola y en la agenda internacional volvió a asomar un tema recurrente para la Argentina: la cuestión Malvinas.
¿Qué fue lo que ocurrió para que ese tema caliente no desapareciera de los primeros planos de la agenda externa? Después de tres semanas en que el Gobierno emitiera señales fuertes reafirmando sus reclamos por la soberanía y cuestionando la posición de las autoridades británicas, desde Londres se anunció extraoficialmente que quedó conformado un consorcio empresario para realizar, en forma unilateral, tareas de exploración de petróleo en las aguas que rodean a las Malvinas.
Casi como una respuesta a los últimos pronunciamientos argentinos, la información -que hasta ahora no tuvo un correlato oficial de parte de Gran Bretaña- señaló que las tareas estarán en manos de un consorcio liderado por la australiana Global Petroleum e integrado también por la malvinense Falkland Islands Company, comenzarán a fines de este año y demandarán una inversión inicial de casi 4 millones de dólares.
El anuncio no generó -y está previsto que al menos por ahora se mantenga la misma situación- ninguna respuesta oficial del Gobierno argentino, pero no por una cuestión de fondo, sino más bien de forma: es que hasta el momento sólo hubo una comunicación por parte de la empresa (el anticipo corrió por cuenta de The Falkland Islands Holding) y las autoridades británicas hicieron silencio de radio.
¨Si es cierto que han conseguido el dinero suficiente para desarrollar esas actividades, que obviamente si se hacen se van a hacer de manera unilateral, el Gobierno va a rechazarlo y protestar, volviendo a afirmar los derechos de soberanía sobre las Islas¨, señaló a Noticias Argentinas una fuente de la Cancillería.
Desde Rusia, hacia donde había partido a comienzos de semana encabezando una delegación de funcionarios y más de 50 empresarios en busca de negocios y vínculos comerciales, Bielsa planteó a sus hombres la línea a seguir luego de conocer esa información: ¨la Argentina ha rechazado cada uno de los actos unilaterales que se han hecho en términos de adjudicación de licencias (en materia de pesca o de petróleo) y el Gobierno así se lo ha hecho saber a las posibles empresas adjudicatarias. Más allá de eso, no habrá comunicación oficial si no hay comunicación oficial de Gran Bretaña¨.
Esa misma línea es la que había explicitado el canciller al hablar, la semana pasada, ante el Comité de escolonización de las Naciones Unidas. Allí recordó los términos de la Resolución 31/49 de la ONU instando a las dos partes a ¨abstenerse de introducir modificaciones unilaterales en la situación mientras las islas atraviesan un período de descolonización¨.
Y cuestionó también a las autoridades británicas por llevar adelante ¨pretendidos ejercicios jurisdiccionales¨, entre los que mencionó ¨actividades de prospección sísmica de hidrocarburos y adjudicación de licencias para exploración y explotación de minerales¨.
La posición oficial marca un endurecimiento con respecto a administraciones anteriores (en especial con aquella política de ¨seducción¨ lanzada por el fallecido ex canciller Guido Di Tella) y evidencia el rechazo a la pretendida ¨autodeterminación¨ de los habitantes de las Islas.
En ese punto, el canciller recordó las resoluciones de la ONU que hablan de una ¨disputa de soberanía¨ en la que hay ¨exclusivamente dos partes: Argentina y el Reino Unido, y la solución debe surgir de negociaciones entre ambos gobiernos, excluyendo el principio de libre determinación¨.
Este nuevo planteo es sólo un capítulo más dentro de los numerosos choques diplomáticos que hubo en los últimos meses y que, todo indica, seguirán sin resolución en el corto plazo: la falta de un acuerdo por el tema pesquero y la confrontación por la no autorización argentina a nuevos vuelos charter a las Islas hasta que no se permita a una línea de bandera volar hacia el archipiélago.
Casi del otro lado del mundo, Kirchner, junto a una parte de su gabinete, siete gobernadores y numerosos empresarios, comenzó el ¨desembarco¨ en China, un destino que -tal como lo viene impulsando un sector del Gobierno- tiene todas las condiciones para convertirse en los próximos años en un ¨socio estratégico¨ de la Argentina.
Como se señaló desde aquí hace un mes, uno de los objetivos planteados a mediano plazo pasa por incrementar las ventas al gigante asiático llevándolas a 6.000 millones de dólares anuales.
Las cifras de este enorme país de casi 10 millones de kilómetros cuadrados son impresionantes: una población de casi 1.300 Millones de habitantes, un PBI que el año pasado creció 9,1 por ciento y compras en todo el mundo por 400 mil millones de dólares.
En este caso, como en el de Malvinas, hay algunos puntos en común. Especialmente en lo que tiene que ver con la concreción de las expectativas, ya sea a corto o largo plazo.
El desafío en el caso de China pasa por poner en negro sobre blanco las perspectivas que en principio se muestran generosas. En cuanto a Malvinas, pasa por conseguir que la posición sostenida se mantenga firme como una política de Estado y en algún momento desemboque en negociaciones con la soberanía como tema central.
Desafíos difíciles, pero no imposibles.



