El 25 de Mayo : sus proyecciones e imágenes recientes de la festividad patria promueven la reflexión acerca del sentido y la posterioridad de las "Revoluciones" de la historia. Acotando el tiempo en que éstas se produjeron al siglo XX, Sheila Fitzpatrick en su ensayo sobre "La revolución rusa" (2012) plantea que la revolución bolchevique de octubre de 1917 en Rusia es considerada en la perspectiva histórica del momento de enunciación de su libro (es decir a casi cinco años de cumplirse su centenario) con el mismo descrédito con que se contempló a la Revolución Francesa ( que tanto inspiró a la Revolución Rusa) después de la caída de Napoleón. Y expresa que si bien algunos historiadores y periodistas quisieran hoy borrarlas de la memoria, todos cargamos – y también los pueblos -, con nuestro pasado, nos guste o no. Asimismo, y más allá de los acuerdos o desacuerdos que tengamos con estas fuertes aseveraciones de la historiadora australiana especialista en el tema, para ella una revolución es un proceso histórico que incluye una serie de hechos que deben ser revisitados varias veces más allá del momento en que estos se produjeron con el objeto de descifrarlos, analizarlos y llegar a una interpretación más profunda que la puede darse en su inminencia o inmediatez. Desde el discurso del ensayo histórico, ésta como otros historiadores promoverán diversas críticas consecuentes de diversas líneas ideológicas.
Desde el discurso literario, la novela de Leonardo Padura "El hombre que amaba a los perros" (2009), es la gran novela que "revisita" al siglo XX, la revolución rusa y sus proyecciones en el orden mundial, en la España de los brigadistas internacionales que darán apoyo a los republicanos y en la Cuba de la revolución de 1959 y posterior.
La novela se inicia con dos epígrafes o acápites brevísimos que iluminan su desarrollo, uno de ellos es del poema "Requiem" de la poeta Anna Ajmátova que dice: "Esto sucedió cuando solo los muertos sonreían alegres por haber hallado al fin su reposo…". Los personajes que abandonan o son llevados a abandonar la vida debido a las revoluciones y sus consecuencias son tantísimos que el número produce escalofríos y reflexiones, pero hay tres muertos entre ellos cuyos rostros quizás esbocen una sonrisa ligada al haberse liberado al fin de los conflictos que debido a su actuación y decisiones los alcanzan impidiéndoles evadirse de ellos. Liev Davídovich o León Trostsky ( en la novela aparece nombrado de ambas formas), uno de los ideólogos y conductores de la revolución rusa y amante de los galgos borzoi "Maya" y "Azteca"; Ramón Mercader del Río, su asesino y también amante de los perros e Iván Cárdenas, un personaje ficcional aspirante a escritor, defraudado por la revolución cubana y finalmente responsable de una modesta veterinaria.
El primer capítulo transcurre en la tórrida La Habana en el año 2004 y está protagonizado por Iván, que está en el cementerio bajo un calor infernal que desintegra a las personas, a las tumbas y mausoleos, despidiendo a Ana, su mujer, que devastada por una cruel enfermedad recorrió los angustiantes últimos momentos de su vida escuchando a su marido que le narraba sus encuentros en la playa con un hombre algo misterioso que amaba a los perros y que le confiesa una historia que había ocurrido aproximadamente catorce años atrás.
El segundo capítulo nos lleva del calor y la fuerza arrasadora del huracán al frío paralizante: "La bruma helada devoró el perfil de las últimas chozas y la caravana penetró otra vez en el vértigo de aquella blancura angustiosa, sin asideros ni horizontes." Se trata de la etapa del exilio asiático de Liev Davídovich Trotsky y podría fecharse a partir del 20 de enero de 1929 durante una travesía de seis días en que él, su mujer Natasha Sedova, su hijo Liev Sedov y su perra "Maya" son trasladados desde Frunze hasta Alma Atá, cerca de la frontera china. En tanto las operaciones mediáticas apuntan a desvirtuar y borrar su figura, a degradar los ideales que provocaron la revolución, a justificar su expulsión del partido. Es su firmeza y casi obcecación, su resolución sin lugar a titubeos ni sensiblería y su acción consecuente los que lo han enfrentado a Iósif Stalin, un vil advenedizo para el narrador, que representa el odio , la ambición desmedida y la crueldad más impiedosa. La dura travesía geográfica que los lleva a cruzar el espacio helado o quedarse inmóviles y encerrados dentro del tren logran efectivamente diluir su identidad Liev Davídovich ya no es un hombre de acción revolucionaria ni de letras, aunque siga ostentando el apodo de "La pluma", está cercado, encerrado él y su familia en un destino trágico.
El tercer capítulo evoca una respuesta: "Sí, dile que sí", las palabras con las que el catalán Ramón Mercader del Río le confirma a su madre, Caridad, su decisión de comprometerse de manera definitiva con la revolución y no sólo en el territorio español. Su madre en una relación sentimental que durará por años con Kotov, el agente comunista en España, es dominante, incestuosa, despiadada y cargada de un odio visceral que la destruirá a ella y a sus hijos, apura a su hijo Ramón para que tome esta decisión que lo atormentará de por vida.
¿Cómo se forma Ramón entrenando para ser un agente de la NKVD?¿Quiénes y cómo planifican el asesinato de Trotsky, del cual él será el ejecutor?¿Cómo Trotsky va siendo condenado a exilios ineluctables cada vez más penosos y se va defendiendo de las acusaciones que recaen sobre él?¿Qué pérdidas lo atormentan a él y a Natasha?¿Cómo cree ilusamente poder escapar al extendido brazo de Stalin que finalmente llega hasta Coyoacán en la ciudad de México donde prácticamente vive encerrado en una fortaleza? Las más de setecientas páginas de la novela irán dando respuesta a todas estas cuestiones y muchas más develando los intrincados vericuetos del asesinato más terrible e inútil de la historia.
"Ramón Mercader recuperó el control cuando, desde su posición, volvió a ver la cabeza, la piel blanca entre el cabello escaso, que, pensó fugazmente, siempre parecía necesitar un corte en la nuca.[…] No, ya no le latían las sienes, ya no sudaba. Entonces trató de recuperar el odio que debía provocarle aquella cabeza y enumeró las razones por las cuales él estaba allí, a unos centímetros de ella : aquella era la cabeza del mayor enemigo de la revolución, del peligro más cínico que amenazaba a la clase obrera, la cabeza de un traidor, un renegado, un terrorista, un restaurador, un fascista […] El condenado leía y, otra vez, tachaba, tachaba, tachaba con gestos bruscos y molestos. ¿Cómo se atrevía? Ramón Mercader extrajo el piolet. Lo percibió caliente y preciso en la mano […] Observó el punto exacto donde golpearía. Un golpe y todo habría terminado. Volvería a ser libre : esencialmente libre….-Esto es basura Jacson- y cruzó con su lápiz la cuartilla, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha. En ese instante Ramón Mercader sintió que su víctima le había dado una orden. Levantó el brazo derecho, lo llevó hasta más atrás de su cabeza, apretó el mango recortado y cerró los ojos […] El grito de espanto y dolor removió los cimientos de la fortaleza inútil de la avenida Viena."
El grito de Trotsky acompañará y atormentará a Ramón por el resto de su vida. Y la novela con la narración de los hechos de la historia de estas revoluciones del siglo XX y sus reflexiones también irán acompañándonos y provocándonos en esta segunda década del siglo XXI para pensar en otras modalidades de revoluciones y utopías que permitan dar un giro a la historia.
Padura revisita la revolución rusa y sus proyecciones en el orden mundial.
Marisa Mansilla / Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar



