Durante la semana, varios grupos en distintos lugares, fueron focos fijos de la prensa nacional. Por un lado, en Isidro Casanova, la muerte de una persona en manos de asesinos no identificados. Según los familiares y amigos, la policía fue la culpable de la muerte, antecedida de una golpiza feroz y torturas varias. Dando lugar a una pueblada, con apoyo de los familiares, contra una discoteca bailable y los móviles policiales. El centro nocturno por ocultación de testigos y por decir que no reconocen quienes participaron en dicho hecho, sucumbió ante las llamas y las rupturas varias, en manos de indignados manifestantes en reclamo de justicia. Por su parte, la policía que llegó al lugar, al ser alertados por vecinos del local. Hecho que enfureció más a los manifestantes y debió huir cuando la turba, entre ellos los hermanos del joven Jorge Lucena, apedrearon en una lluvia incontenible a los efectivos que se acercaban con armas de variados calibres y en varios móviles. Lo que obligó la retirada y por olvido de los mismos ante tal despliegue, la quema de un móvil patrullero en manos de la concentración.
En capital otro acontecimiento acaecía, no de igual característica, pero sí como foco de atención. Fue la protesta realizada dentro de los campos del simbólico Edificio libertador, donde en tiempos no muy lejano Aldo Rico mostraba su cara pintada echando a varios periodistas a la voz de mando, fue blanco de un grupo de manifestantes. Los mismos reclamaban ¨algo¨, que seguramente como consigna era propia. Identificados, según la prensa como del movimiento ¨quebracho¨, quemaron cubiertas y realizaron un acto de no más de 15 minutos. Luego de estar media hora para tirar la verja que cubre el predio. Y al concluir, retirarse gloriosos de dicha hazaña.
La violencia, como factor social, es generada desde varios puntos. El estado, durante años, nos somete a infinidades de ejemplos (prácticos) violentos que absorbemos de forma inconscientes, pero con nefastos resultados a una población enajenada. La policía sin tapujos, en forma sistemática, muestra facetas medievales de violencia y ordenada por un Estado sin responsables, sale a la calle a matar, cueste lo que cueste. Frenar dicha ola de violencia es una cuestión meramente económica. En tiempos de auge, el sistema tiene a las fuerzas de seguridad para mantener solo el orden y proteger la propiedad privada. En tiempos de caídas económicas y expoliaciones sociales, la orden es distinta, pero de igual contenido, con el agregado de violentar a las masas rebeladas o en proceso de protesta sobre algún desvarío.
Por otro lado se suman al escenario los grupos dogmáticos o sectarios, en búsqueda de reconocimientos. Más allá de mis ideas de cómo quiero la revolución, es como la muestro y ofrezco. Las manifestaciones piqueteras, en el momento de auge por 1995, eran realmente formidables y de verdadero valor para la formación de un gran partido de masas. El famoso ¨piquete¨ como forma de protesta tenía más que un sentido y respondía a una agresión directa del gobierno contra el pueblo. En estos días de penurias políticas, donde nadie se siente identificado, más que con votos virtuales, el generar desagrados varios por pequeños grupos hace del movimiento en sí, una imagen pobre y para las masas en general, un rechazo. Si ser un grupo de propaganda nos pone a la altura de ser los más audaces, cumplimos, somos audaces. Pero la pregunta es qué sumamos. ¿Votos a nuestra revuelta? ¿Elogios de los que se identifican con una fracción de izquierda? O lo seguro, ser filmado por canal nueve y salir como los que no respetan a nadie ni a nada, de una derecha recalcitrante, que siempre trama algo.
Analicemos la cuestión. Si mi consiga es de todos, tengo chances para cambiar algo. Para colmo, es difícil dejar convencidos sobre qué hacer para transformar a nuestro país. Con cincuenta compañeros que corren tras una hazaña filmada por Crónica TV y Canal 9, sin sentido y con carácter netamente sectario… ¿podemos cambiar y avanzar? Y evitar la violencia que un Estado nos tiene preparada en cuotas. Lo dudo. Solo logramos ahuyentar a los verdaderos valores revolucionarios, factores que deben ser parte y cabeza de los cambios. Siendo esta una lucha de ideas, no contra monumentos, verjas o policías homicidas. Al fin y al cabo, las balas siempre tienen cuerpos donde pegar y los asesinos excusar que dar.
dariomartinamaru@yahoo.com
El autor es miembro del Centro de Estudios Literarios y Periodísticos del taller escuela Mariano Moreno.



