Al gobierno le resulta cada vez más difícil distraernos del verdadero calvario que está sufriendo la mayor parte de nuestra sociedad, sobre todo los sectores más vulnerables cuya situación se sigue deteriorando a niveles que la hacen insoportable.
La supuesta euforia de los mercados que significó la designación del senador Miguel Ángel Pichetto como compañero de fórmula de Mauricio Macri chocó de frente con los datos que el gubernamental INDEC publicó hace pocos días.
El desempleo alcanzó el 10,1% lo que se traduce en que 2.133.000 personas no tienen ocupación y por ende no tienen ingreso alguno. A esto debemos agregar que la subocupación llegó al 11,8% que significa que casi 2 millones y medio de personas trabajan menos horas con salarios más bajos y no pueden conseguir trabajar a jornada completa. Estas cifras demuestran claramente que la profunda crisis en que estamos inmersos ha pegado de lleno en la industria, la construcción y el comercio.
Esta verdadera calamidad es consecuencia directa del incontenible achicamiento de nuestra economía derivada de la política de ajuste que ha pulverizado el mercado interno y que produce un verdadero "industricidio" sobre todo en el sector pyme.
Esta política económica a la que nuestro presidente califica como el único camino posible y que coincide con los deseos del FMI es la que se busca revalidar en las próximas elecciones.
Es por eso que no debe extrañar que el primer mandatario haya utilizado gran parte de su discurso con motivo del día de la Bandera en culpar a lo que ganan los trabajadores, en este caso focalizado en los camioneros, que para él es exorbitante e impide la creación de puestos de trabajo.
Una vez más para Macri la culpa es de los otros y le sirve para sostener la pretendida reforma laboral. Nuestra historia ha demostrado que nunca la flexibilización de las condiciones de los trabajadores que el gobierno está empeñado en implementar ha conseguido crear nuevos puestos de trabajo y muy por el contrario han significado tan sólo un claro deterioro en la vida de los trabajadores que pierden poder adquisitivo y derechos.
Quizás más preocupante que el altísimo 3,1% de inflación que registró el INDEC para el mes pasado sea el incremento del 4,9% de los precios mayoristas en mayo. Esto significa que parte de los aumentos todavía no han sido trasladados a los precios al consumidor. Estos datos dan por tierra con el recurrente discurso del gobierno de que la inflación, aunque todavía alta, ha entrado en una senda de disminución.
La obsesión en la aplicación de medidas económicas liberales como la de dejar sin pesos a la economía, también conocida como "secar al mercado", y las siderales tasas de interés no han solucionado el problema de la inflación y provocaron gravísimos inconvenientes, algunos más visibles y otros no tanto como la deuda por las famosas Leliq que ya ha alcanzado el billón de pesos, esto es el millón de millones, y que representa una verdadera bomba de tiempo que el gobierno que venga deberá desarmar antes que explote y nos lleve puesto.
Otra vez el pueblo deberá elegir en octubre con su voto quienes pagarán el costo de esta fiesta para muy pocos. Tengamos en cuenta que muchísimos ya lo están pagando.



