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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 24/jul/2019 de La Auténtica Defensa.

Te hago el cuento:
La espía rusa y el escritor uruguayo; una historia de amor y política
Por Marisa Mansilla






Marisa Mansilla

¿Cómo aparecen en la literatura rioplatense personajes reales vinculados a la etapa stalinista de la revolución rusa? ¿Cómo se los ficcionalizó para transformarlos en personajes literarios?¿Héroes del proceso que dio una vuelta de tuerca a las relaciones económicas, políticas, sociales y de clase de comienzos del siglo XX o monstruos desalmados? ¿En qué sistema de ideas y procesos de formación se inscribió su instrucción y aprendizaje como agentes revolucionarios internacionales? ¿Qué decisiones pudieron tomar acerca de sus propias vidas, de sus relaciones interpersonales con los demás, incluidas sus relaciones amorosas? Éstas y otras cuestiones se problematizan en la novela de Alicia Dujovne Ortíz "La muñeca rusa" (Montevideo ROU, 2009, Ed. Alfaguara).

Dujovne, periodista y novelista, y dentro del género "novela" biógrafa de personajes de notoriedad pública como por ejemplo "María Elena Walsh" (1979), "Maradona soy yo" (1994), "Eva Perón. La biografía" (1996) de extendido éxito editorial, publicada ya en más de 20 idiomas , "Dora Maar, prisionera de la mirada"(2007) en que narra la vida de la fotógrafa, pintora y modelo, compañera de George Bataille y amante de Pablo Picasso y "El camarada Carlos, itinerario de un enviado secreto" (2007) que trata la historia de su propio padre que en 1920 ya formaba parte del grupo fundador del Partido Comunista Argentino, manifiesta sentirse cómoda dentro del género de la biografía ya que cada vida comprende una representación vívida de su tiempo y merece ser contada reuniendo la verdad de los hechos ocurridos con los recursos de la ficción y los lectores, por lo tanto, no sólo se adentran en una vida particular sino también en un determinado contexto histórico, social y cultural, así como en una de las formas del relato.

Su novela "La muñeca rusa" de la que nos ocuparemos hoy en esta columna y que incursiona también en el género, se inicia con el ensayo en Moscú de la puesta en escena de un fingimiento estratégico político: "Se miraba al espejo sonriéndole a su tez aceitunada, a sus ojos morunos, a su perfil aplastado como testuz de vaca, que culminaba en unos rulos negros un poco ásperos y se escurría por debajo en un atisbo de doble mentón. Articulaba despacio para grabarse el libreto en la cabeza. Recitaba. Hablaba para el espejo, y para un interlocutor imaginario al que, de vez en cuando, le dedicaba un súbito quiebre de cadera y de voz, como si la intención de seducirlo viniese unida a cierta oblicuidad. Era un discurso de presentación. No bien lo pronunciara de verdad, ante su real destinatario, cambiaría de vida, de oficio, de país. ¿Su nombre? María Luisa. ¿Sus datos principales? Modista, viuda, nacida en Ceuta, refugiada republicana de la Guerra Civil, domiciliada en Passy, un elegante barrio parisiense donde diseñaba modelos exclusivos para su distinguida clientela. ¿Sus sueños? Visitar Montevideo, ornada, en su cabeza, con el mar y las palmeras de la Marruecos natal. Y para terminar, ¿qué impresión le producían los cuentos de Felisberto (que así se llamaba el ilusorio del espejo)? La respuesta a esta pregunta iba unida a otro susurro y a otro caderazo más pronunciado. Le gustaban los cuentos, sí."

Y así, una vez calculados cada gesto, cada palabra, cada movimiento del cuerpo se iniciará una tortuosa relación amorosa entre África de Las Heras, la "muñeca rusa" que había sido amante fogosa e inolvidable de Ramón Mercader del Río en Barcelona, antes de que él -también formado por la NKVD (Nacional Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos)-, fuera el asesino de León Trotsky en Coyoacán, ciudad de México, y Felisberto Hernández, el escritor y pianista uruguayo que había viajado a París llevado por su amigo Jules Supervielle para presentar su obra pero que sigue tan solo, nostálgico e imaginativo como siempre, como un pez fuera del agua. La invitación de la viuda María Luisa lo seduce: "-Vente a comer a casa, majo, te freiré patatas a la española, cortadas en rodajas como Dios manda, no como éstas de los franchutes que parecen en cuarto menguante. Y a Felisberto la idea de las papas trozadas en forma de luna llena, como las que hace su mamá, le gana por varios tantos al menú del Lipp." Y una tortuosa relación amorosa se iniciará y María Luisa conseguirá finalmente establecerse en Montevideo como legítima esposa de Felisberto y organizar desde allí como radiotelegrafista una red de agentes por toda América del Norte y del Sur en su encerradísimo cuarto de costura.

Cómo España sirvió como "campo de prueba" para provocar la derrota del trotskismo, cómo agentes y grupos de trabajo en Madrid y Barcelona actuaron en el Bureau Sudamericano de la Internacional Roja de Montevideo en 1933, cómo la organización de los jóvenes, "konsomol", les entregaba un carnet y un fusil, y de acuerdo a la formación de cada uno y podía destinarles algún trabajo especial o condenarlos a trabajos forzados son el marco histórico y cultural en que transcurre la vida de África/María Luisa oculta bajo el disfraz de modista fina, así como antes estuvo también oculta pero bajo el disfraz de secretaria de Trotsky. Los agentes internacionales eran reclutados y formados con rigidez militar en diversas "dachas" de Moscú donde no se admitían fracasos ni renunciamientos. Así fue preparada África, claro que en esa instrucción nadie le había advertido la patológica relación que debería afrontar con Felisberto Hernández, que necesitaba verla disfrazada de muñeca española, una Manola, para poder amarla y satisfacer su obsesión fetichista por las muñecas, así como también soportar a Calita, su suegra, que perseveraba en seguir protegiendo a su hijo como si fuera un niño, pretendiendo alejarlo de la "mala mujer" con que se había casado.

Pero la vida de África/María Luisa en Montevideo no se agota con Felisberto, su vínculo amoroso se irá diluyendo y el distanciamiento será inevitable, entonces aparecerán nuevos personajes, una maraña de situaciones propias del campo del espionaje, los secretos bien guardados, enigmas sin resolver y ocultamientos, las traiciones, las muertes, nos esperan a lo largo de la trama de la novela. Una muñeca rusa, siempre encierra en su cuerpo a otra y a otra y a otra…

"La muñeca rusa" de Alicia Dujovne Ortíz es una novela bastante breve (300 páginas) y de lectura ágil, rápida, amable ya que exhibe cierta sencillez formal en su estructura. Está muy bien escrita y los lectores podrán encontrar en ella atractivos propios de un relato biográfico, así como también un registro de situaciones que efectivamente ocurrieron y, sin lugar a dudas, una provocación a repensar las modalidades de militancias políticas. Hoy, en otra perspectiva histórica hemos hecho dolorosos aprendizajes que nos han llevado a madurar otras formas de participación política que también quedarán registradas en la literatura. Uno de los personajes que conoció a María Luisa y que se sintió su amigo durante sus años montevideanos duda acerca de si esa amistad de la que gozó fue sincera o falsa, construida desde afuera por sus directores de la NKVD con algún fin no explícito, finalmente evoca que todos ellos "…han sido actores de reparto en un espectáculo tramado desde muy lejos".


La novela de Alicia Dujovne Ortíz es, también, una provocación a repensar las modalidades de militancias políticas.


Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar



 
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