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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 03/jul/2004 de La Auténtica Defensa.

Una pelea para la tribuna en el momento menos adecuado




Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- La visita del presidente Néstor Kirchner a China, que a todas luces dio frutos importantes en lo político y lo económico, tuvo, por obra y gracia del destino, menos brillo del que algunos funcionarios imaginaban, luego de que quedara cruzada por una pelea un tanto inconsistente entre hombres de los gobiernos de Argentina y Estados Unidos a raíz de un tema que, por ahora, no tiene solución a la vista: el de la violencia piquetera y sus consecuencias.

Y encima, si alguien pensaba que con esos fuertes cruces que surgieron desde ambas trincheras -especialmente desde el ¨campamento¨ argentino, con el canciller Rafael Bielsa a la cabeza- la discusión iba a quedar zanjada, se equivocó: lo que pensaban unos y otros lo van a seguir pensando igual que antes, aunque eso no alcance para opacar una relación que, en el fondo, es menos tormentosa de lo que parece.

¨Todos estos cruces de declaraciones no influyen en lo más mínimo en la política exterior ni tampoco puertas adentro. El chisporroteo que se armó tiene cero incidencia en la relación Argentina-Estados Unidos¨, reconocieron, palabras más, palabras menos, algunos hombres de la Casa Rosada y ex funcionarios conocedores de los vericuetos diplomáticos, consultados por NA.

Mientras tanto, desde un sector de la oposición, suscribieron esa idea y le agregaron una crítica: ¨La política del Gobierno hacia los Estados Unidos ya quedó definida cuando se impulsó y se aprobó el envío de tropas a Haití¨, dijeron, recordando el lobby desplegado por la administración norteamericana para conseguir el apoyo de la mayor cantidad de naciones a una operación militar de paz en ese pequeño país centroamericano.

Aquí conviene recordar el origen de la pelea que, por varios días, le quitó protagonismo a la gira de Kirchner por China. Comenzó cuando una ¨alta fuente¨ del Departamento de Estado norteamericano expresó la ¨preocupación¨ de la administración Bush por el nivel de violencia piquetera en Argentina y el riesgo de que ello desemboque en una situación de ¨anarquía¨.

El mismo día en que se conocieron esas declaraciones, Bielsa salió a pegarle duro a quien había elegido como blanco, el subsecretario de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado norteamericano, Roger Noriega -a la sazón viejo conocido de los argentinos-, y después de acusarlo de entrometerse en los asuntos internos argentinos, dejó en claro que sus declaraciones lo tenían ¨podrido¨.

¿Qué pasó en la lejana Beijing cuando se enteraron de aquellos titulares de los diarios argentinos? Kirchner entró en estado de crispación y actuó por reflejo: mandó a Bielsa a la arena y el encargado de las relaciones exteriores decidió usar para el contragolpe una serie de términos bastante alejados de lo que recitan los manuales de la diplomacia.

Encima, el canciller se equivocó en un punto: salió a decir que Lino Gutiérrez, embajador norteamericano en Buenos Aires, se había disculpado por teléfono a raíz de las declaraciones atribuidas a Noriega, pero horas después el propio diplomático estadounidense lo desmintió en público y aseguró que mal podría disculparse su país por ¨reportes que aparezcan atribuidos a un alto funcionario¨.

¿Afecta en algo a la relación bilateral lo que dijo Noriega o quien sea (el propio funcionario dijo que él no había sido, pero suscribió buena parte de las declaraciones)?. La coincidencia general entre políticos, analistas y economistas es que no.

Y es más: en Estados Unidos le dan más importancia a las respuestas que pueda ofrecer Argentina ante temas sensibles como Haití y Bolivia (en este caso apoyo al actual gobierno y menos ¨coqueteo¨ con el líder cocalero Evo Morales) que a los chisporroteos por los piquetes o las tomas de locales de McDonalds.

Es verdad que a los hombres del Ministerio de Economía no les gustó nada el nivel de confrontación. Especialmente recuerdan que el Tesoro norteamericano viene haciendo fuerza a favor de Argentina cada vez que las cosas se ponen complicadas en el Grupo de los Siete (las naciones más industrializadas del mundo).

Pero más allá de la pirotecnia verbal y ese apego a reacciones espasmódicas, el Gobierno tuvo una buena cuando personalizó el conflicto en Noriega (lo ¨acusó¨ de ser el responsable del ¨off the record¨ en el que habían sido hechas las declaraciones) y de esa manera evitó que hubiera una escalada directamente con la Casa Blanca, lo cual podría haber implicado entrar en un terreno peligroso.

También es cierto que hubo cierto enojo del Presidente con el canciller porque Bielsa dijo, ante los medios, que el entredicho había ¨opacado¨ la gira por China. Más allá del reto, la expresión fue cercana a la realidad.

Lo de opacar o no la gira tiene que ver con el hecho de que la visita fue realmente buena: hubo promesas de China de apertura del mercado de cítricos y otras frutas, como así también de carnes termoprocesadas, se creó un grupo de trabajo para estudiar el desarrollo de una red de ferrocarriles con créditos chinos, habrá financiamiento para construir un túnel en un paso fronterizo entre Argentina y Chile y los empresarios asiáticos prometieron fuertes inversiones en distintas áreas.

Como dato político, el presidente Hu Jintao comprometió su presencia en la Argentina en noviembre próximo, pero además le dio su respaldo público al Gobierno de Kirchner y habló de conformar una sociedad entre los dos países.

Cuando todavía faltaba bastante para que se produjera la visita a China, el secretario de Comercio Internacional de la

Cancillería, Martín Redrado, uno de los que trabajaron fuertemente en todos los detalles del viaje, había señalado a NA que no se trataba de aprovechar meras oportunidades de negocios, sino que el objetivo de la gira iba más a largo plazo, con el horizonte de generar una ¨asociación estratégica¨ y ¨complementaria¨ entre los dos países.

Ahora, que el viaje ya terminó, ese será justamente el desafío que tendrá la Argentina por delante. Y la seriedad y responsabilidad con que actúe seguramente serán elementos decisivos a la hora de seguir camino rumbo a ese objetivo.


 
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