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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 31/jul/2019 de La Auténtica Defensa.

Te hago el cuento:
Las hortensias no son flores…
Por Marisa Mansilla





Marisa Mansilla

En la columna del miércoles pasado, la novela "La muñeca rusa" de Alicia Dujovne Ortiz nos puso en contacto con la insólita (pero por otra parte muy de época) relación entre una espía rusa y un escritor uruguayo, Felisberto Hernández. Pero ¿quién fue Felisberto Hernández? ¿En qué tiempo transcurrió su vida? ¿Qué literatura produjo?

Felisberto Hernández nació en Montevideo el 20 de octubre de 1902. No sólo se destacó como un originalísimo escritor, sino también como concertista de piano y compositor. En su estudio crítico de la "Narrativa completa" de este escritor (Bs.As. 2015, Edit. El cuenco de plata) Jorge Monteleone narra que todas las tardes, desde sus 9 a sus 11 años, su madre o su tía lo llevaban a la casa de una profesora de piano francesa que lo inició en el estudio y ejecución de ese instrumento.

En el salón de esa casa, no sólo estaba el piano sino también un busto de una mujer hecho en mármol que captaba su atención y que él solía acariciar cuando no lo veían. Esas clases de piano no sólo lo iniciarían en la práctica musical: otras iniciaciones más ligadas a su precoz preadolescencia comenzarían a darse.

Un día, una de sus tías lo lleva a visitar a unas amigas muy viejas cuyo sobrino, que era ciego, ejecutaba en el piano música clásica. El profesor del joven ciego también era ciego, Clemente Colling, y ejecutaba el órgano en la Iglesia de los Vascos.

Años más tarde, Felisberto también se convertiría en su alumno y esta fue una experiencia tan deslumbrante que marcó su vida, lo admiraba no sólo por su perfeccionada técnica musical sino también por su personalidad extravagante, tal como aparece en los cuentos en que recrea sus inicios como pianista: "Por los tiempos de Clemente Colling"(1942) y "El caballo perdido"(1943).

Ya desde los 15 años, Felisberto tocaba en sociedades de fomento o en clubes y hacía el acompañamiento musical a filmes mudos de Mack Sennett, Theda Bara o Mary Pickford en un cine de Pocitos, debido a su destreza para captar la naturaleza de los episodios fílmicos que se proyectaban e improvisar de manera pertinente sobre algunas partituras. Y a los 23 años (1925), casado ya con su primera esposa, María Isabel Guerra, es reconocido y apreciado en el ambiente musical de Montevideo. Toca en el café "La Giralda" y compone piezas breves pero, no obstante, siempre está mal pago, y se fastidia porque el público no le presta la atención respetuosa deseada. Se deprime terriblemente, pero las urgencias económicas familiares no le permiten desmoronarse y lo impulsan a iniciar giras por ciudades del interior uruguayo que lo demoran en conocer a su primer hija, Mabel Hernández Guerra, cuatro meses después de su nacimiento.

En esos años empieza a escribir sus primeros cuentos y publica su primer libro "Fulano de tal" (1925) dedicado a su esposa, al que le seguirán "Libro sin tapas"(1929), "La cara de Ana" (1930) y "La envenenada" (1931) que coinciden con el proceso de desintegración de este primer matrimonio.

Será recién en 1940, después de haber estrenado "Petrushka" de Igor Stravinsky en el Teatro del Pueblo de Buenos Aires en que decide abandonar definitivamente su carrera como músico y concertista para dedicarse por completo a la literatura. Cada vez que era elogiado como pianista, él respondía "Yo quiero ser escritor" y esto se constituye en una obsesión y a la vez un desdoblamiento de sí mismo, una duplicidad del yo que aparecerá en sus cuentos de manera conflictiva.

"Las Hortensias"(1949) es una nouvelle o novela corta en que según Juan José Saer en "El concepto de ficción" por primera vez abandona la narración en primera persona autorreferencial que caracteriza a sus primeros relatos a los que considera una suerte de "autobiografía onírica". La escribe en París, habiéndose separado también de su segunda esposa Amalia Nieto, con quien tuvo una segunda hija Ana María Hernández Nieto, de la poetisa Paulina Medeiros con quien también sostuvo una difícil relación amorosa, de la joven Fiora que conoce en París adonde también conocerá a la "modista" María Luisa de Las Heras Giménez (África de Las Heras Gavilán, la española espía rusa de la NKVD), que se convertirá en su tercera esposa al regreso a Montevideo y a quien dedica este relato.

En "Las Hortensias" el protagonista se llama Horacio y tiene gustos exquisitos, extravagantes y a la vez eróticos: beber vino francés y coleccionar muñecas del tamaño de una mujer normal y hasta un poco más altas. En su extraña casa, lindante no sólo con lo onírico sino más específicamente con lo pesadillesco hizo construir tres habitaciones de vidrio en las cuales personas que ofician como escenógrafos crean escenas diferentes en las que esas muñecas aparecen en diferentes poses, atuendos y objetos para que él las contemple, mientras un pianista ejecuta en vivo alguna composición que cree adecuada al cuadro que se representa. Horacio interpreta la escena, imagina la posible situación o historia que refiere y luego abre un cajoncito de una mesa que allí se encuentra de donde extrae un papel que contiene un texto breve que explica lo representado y Horacio puede contentarse o no de acuerdo a si su presuposición fue acertada o desacertada.

Horacio representa la mirada curiosa, minuciosa, viva de un niño que intenta descubrir un determinado misterio encerrado en lo que ve y al mismo tiempo se erotiza y todas las muñecas genéricamente llamadas "Hortensias" son una suerte de proyección simbólica o sustitución ficcional de las mujeres reales. Por ejemplo ante la segunda de las vitrinas el narrador dice: "Vitrina segunda. Esta mujer espera, para pronto, un niño. Ahora vive en un faro junto al mar; se ha alejado del mundo porque han criticado sus amores con un marino. A cada instante ella piensa: ‘Quiero que mi hijo sea solitario y que escuche el mar". "Ver" es lujurioso, lo contrario al ascetismo de no ver, estar ciego o negado a esos estímulos proporciona otras posibilidades como la de narrar.

Y si retomamos el tema de la sustitución que las muñecas hacen de las mujeres reales cabe decir que Horacio está casado con María Hortensia, su mujer real a la que sólo llama por su primer nombre y que cela terriblemente a Hortensia, la muñeca, hasta que finalmente la acuchilla con vehemencia y la esconde en el extendido cajón de cuerdas del piano de cola, con lo cual en lugar de recuperar la atención de su marido y salvar su matrimonio lo condena al fracaso, ya que la destrucción de su doble semejante no le restituye su amor, sino que por el contrario lo disuelve. La duplicidad, lo mimético de cada cosa o ser : la mujer real, la muñeca, las criadas mellizas que sirven en la casa con cierta perversidad, los espejos y el horror que le provocan debido a la representación que hacen de quien se observa en ellos son formas de las bifurcaciones "pianista-escritor" y del horror. ¿Quién o cuántos es en definitiva cada uno? ¿Cómo progresa esta historia de una fantasía tan provocadora y perturbadora? La relación entre los esposos se va complejizando y la producción industrial y comercial de muñecas "Hortensia" también y es cada vez más desquiciante. Pero, ¿Acaso no debiera serlo si narrar el mundo también lo es? Borges en "El aleph" considera al mundo un laberinto especular y un caos indescifrable. El propio Felisberto escribió: "…a veces pienso en muchos sentidos y en muchas cosas diversas del mundo y siento más miedo que ante un abismo".

Felisberto Hernández, después de dos años de matrimonio se separa de María Luisa de Las Heras y ejerciendo un oscuro puesto como empleado en la Asociación General de Autores del Uruguay se muda a una pensión muy modesta. En 1954 vuelve a enamorarse, esta vez de Reina Reyes, profesora de pedagogía y escritora que lo asiste con devoción pero a quien él abandona. Se recluye cada vez más solitario en sótanos inhóspitos adonde sigue escribiendo. En 1960 publica "La casa inundada", la última de sus colecciones de cuentos, en que sus ojos ya no son más los observadores lujuriosos sino que desbordan de lágrimas. En 1963 se enferma de una leucemia aguda que lo llevará a la muerte el 13 de enero de 1964.


Felisberto, un pianista que se convierte en escritor originalísimo merecedor de lecturas, o quizás como él también dijo de sí mismo un “Fulano de tal".


Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar


 
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