La meditación es la ausencia de mente, el silencio interior. La mente es útil para trabajar, estudiar y relacionarnos con los demás; pero para relacionarnos con nosotros mismos, el lenguaje es el silencio, o sea, la meditación.
Para meditar no hace falta ir al Himalaya.
La meditación es medicina para el alma y el mundo de hoy es tan caótico y agresivo que la necesita muchísimo.
Porque la relajación no pasa por tirarse a ver T.V., tomar sedantes o unas copas, eso nos intoxica más todavía.
Cuando se aprende el arte del silencio interior se puede llegar a tal estado caminando, corriendo, bailando, buceando, tejiendo, pintando, tocando un instrumento, etc.
Así como desenchufamos una licuadora después de usarla, necesitamos ¨desconectar¨ la mente al menos veinte minutos por día. Veinte minutos por día al aire libre, en contacto con la tierra. La hierba y el sol, traen felicidad. O acaso la felicidad está relacionada con tal o cual deseo, viajes o dinero? Después de todo, he leído que con el dinero se puede comprar:
la cruz, pero no la fe
el libro pero no la inteligencia
el remedio pero no la salud
el sexo pero no el amor
un lugar en el cementerio pero no en el cielo.
La naturaleza no entiende de dinero, sino éste crecería en el pasto.
Hace 50 años o más, la gente era más meditativa porque no existía todo este bombardeo de información y caos.
Hoy se aprende algo nuevo a cada instante pero no lo esencial, no lo profundo. Necesitamos que los niños se conecten más con la naturaleza, tienen mucho ruido incorporado, ya.
En el silencio está la verdad y la felicidad. De ahí nace nuestra parte artística, inspiradora y romántica. El silencio es el gran maestro.
Bioquímica Mónica Alicia Rímoli
Estudiante de Postgrado en Medicina Ayurveda



