nanalmendra@hotmail.com
(...) Días en que uno sabe que hace mucho era bueno
bah tal vez no hace tanto que salía la luna
limpia como después de jabón perfumado
y aquello si era auténtica melancolía
y no este malsano, dulce aburrimiento.
Balada del mal genio- M. Benedetti
Sumida en una mismidad conocida, lo descubrí entrando al consultorio. Estaba igual pero, ya no era el mismo. Yo tampoco.
Esbocé una sonrisa. Fue inevitable. Esa empecinada forma de peinarse para rescatar como ultimo bastión esos racimos de pelos largos que caían sobre su cabeza y así negar una prominente calvicie, fue una cosquilla inevitable.
Pero obviando el pelo, o la falta de él, algunos kilos más y una contextura como ¨de señor¨, seguía encontrando al que conocí.
En un esfuerzo mental, no menor, saque la cuanta. Diecisiete años... desde la ultima vez que nos vimos. Mucho tiempo. Mucha vida.
No tengo idea de su vida, dudo que él de la mía. No fuimos grandes amigos. Pero sí, buenos compañeros de secundaria.
Compartimos la espera durante unos diez minutos, luego él fue llamado al consultorio y tras ser atendido, se fue. En ningún momento intentamos cruzar miradas o saludarnos aunque más no fuera con un tímido gesto con la cabeza.
Allí caí en la cuenta. No era la primera vez que pasaba por una escena parecida. Y recordé cuantas veces, otras personas me han contado de situaciones similares.
¿Qué pasa? ¿Porque esa imposibilidad de saludarnos? De decirnos: ¨Hola¨...
Me niego a creer que el tiempo nos convirtió en antipáticos, o que la memoria ya nos está jugando malas pasadas.
¿Será que en realidad, negamos al tiempo? Como si, ignorarnos, nos salvara de su paso y las distancias en las que fuimos cayendo.
A salvo del tiempo que separa esa adolescencia, que padecimos y disfrutamos, de esta madurez que vivimos, como podemos, como aprendimos... arremangados y armados hasta los dientes, tras las trincheras de la realidad.
Realidad como sinónimo de dureza, de gris. Cuando quizás, sola y simplemente significa esto que vivimos, a veces maravillosamente mágico, otras cruelmente duro. La vida, que le dicen.
En los intricados laberintos de nuestra psiquis, seguramente subyacen las respuestas, para placer y regocijo de nuestros psicólogos. Pero evidentemente, y más allá de los otros, a veces encontrarnos con el que fuimos o hacernos cargo del que somos, no es tan fácil.
Y entonces... miramos para otro lado. A salvo del tiempo y las distancias.



