La niñez e inclusive los años de la adolescencia son pensados como una edad feliz sin fisuras ni conflictos, sin dolor ni los problemas devenidos de diversas circunstancias que también afectan a los adultos y los alcanzan. Sin embargo y no obstante son, aún hoy, etapas de la vida merecedoras de una evocación que hacemos ya de maduros con nostalgia y melancolía, bajándole la persiana a los probables conflictos vividos y adoptando la imagen socialmente idealizada de una época sólo nutrida de situaciones dichosas en que nos sentíamos radiantes y plenos. En realidad, todos sabemos que no es así, que los chicos sufren diversas cosas que le suceden y lo manifiestan también de diversas maneras y el "día del niño" con regalito incluido, esa entelequia que sólo puede abarcar o contener a algunos niños - lamentablemente no a todos -, me hizo presente en la cabeza múltiples cuentos y novelas en que los protagonistas atraviesan infancias lejanas a esta ilusoria idealización.
Una de esas novelas es "Dora Bruder" del escritor francés, premio Nobel de literatura 2014, Patrick Modiano (Bs.As. 2015, edit. Seix Barral). Es en realidad, y para ser más precisos, una nouvelle y una biografía, aunque nos estamos quedando cortos en esta definición de género. El narrador recuerda cómo en 1988 la lectura de un viejo ejemplar del "París-Sour" fechado el 31 de diciembre de 1941 lo conecta con la historia de esta adolescente: "París. Se busca a una joven, Dora Bruder, de 15 años, 1,55m, rostro ovalado, ojo gris-marrón, abrigo sport gris, pullover burdeos, falda y sombrero azul marino, zapatos sport marrón. Ponerse en contacto con el señor y la señora Bruder, bulevar Ornano, 41, París". Y el aviso, aunque ya caduco, lo conduce a su propia infancia: "Conozco desde hace tiempo el barrio donde está el bulevar Ornano. De niño acompañaba a mi madre al mercado de las Pulgas de Saint-Ouen. Bajábamos del autobús en la puerta de Clignancourt y a veces en el ayuntamiento del distrito XVIII. Siempre en sábado o el domingo después de comer." Todavía no sabía nada de Dora Bruder, pero sí frecuentaba su barrio y sus recorridos le hacen prefigurar la historia de esta joven y sus padres. El narrador-autor nostálgico es también un investigador curioso que anda tras las pistas, los sutiles rastros de una existencia que le permitan llevar a cabo la reconstrucción de una vida, de un paisaje urbano barrial, de un pasado histórico feroz y traumático y hasta de su propia infancia y adolescencia, también con sus conflictos.
Así es como encara una búsqueda en los registros de las posibles escuelas públicas adonde hubiera podido asistir Dora Bruder y halla su partida de nacimiento fechada el 25 de febrero de 1926 en el distrito de París. Su padre, Ernest, era un judío austríaco, un mutilado de guerra 100% tal como figura en su ficha, legionario francés de 2da. Categoría, intoxicado por gas y con tuberculosis pulmonar, que trabajaba como peón en la fábrica de frenos de Westinghouse y su madre Cécile Burdej, nacida en Budapest la había dado a luz en el Hospital Rothschild, donde habían nacido muchos hijos de familias judías pobres que acababan de emigrar a Francia. Al referirse a ellos como a tantas otras familias de muy humilde condición y víctimas de la discriminación el narrador dice: "Son seres que dejan pocas huellas tras de sí. Personas casi anónimas. Nunca se alejan de ciertas calles de París, de ciertos paisajes de suburbio donde descubrí, por casualidad, que habían vivido. Lo que se sabe de ellas se resume en una simple dirección. Y esta precisión topográfica contrasta con todo lo que se ignorará para siempre de su vida… ese vacío, ese bloque de desconocimiento y silencio…". Viejas fotos familiares que le proporciona una sobrina le acercan visiones de la familia Bruder, así como también lo instan a reconstruir mentalmente imágenes de su niñez. Y así va avanzando este relato hipnótico que no nos da respiro, así es la atracción que ejerce sobre el lector.
El narrador se entera de que Dora Bruder a los catorce años fue matriculada en el internado religioso de la obra del Sagrado Corazón de María que dirigían las Hermanas de las Escuelas Cristianas de la Misericordia y que el 14 de diciembre de 1941 se fugó del mismo sin que se explicitara cuál fue el motivo. Los avances de la ocupación nazi y la vida entre los oscuros, fríos y ominosos muros del internado, con su disciplina de hierro, la rigidez de sus monjas y una dieta pobre sólo formada por colinabos le resultaban insoportable a su espíritu juvenil, libre y rebelde. En octubre de 1940, los padres de Dora debieron censarse como judíos en una comisaría y se los identificó con el número 49091, pero no declararon que tenían una hija, quizás de esa manera ella hubiera podido escapar al destino infausto que les esperaba a las familias de esa cultura si se hubiera quedado resguardada entre esos muros sombríos. Las redadas en las calles inclusive de niños y adolescentes solos o con sus familias habían comenzado a multiplicarse, se llevaban a cabo inclusive dentro del Hospital Rothschild adonde eran enviados los enfermos del campo de concentración de Drancy; se había convertido en una verdadera ratonera. Todos los judíos habían recibido tres estrellas amarillas incluídos los niños a partir de los seis años y no llevarla cosida al abrigo o atreverse a cruzar la línea de demarcación los conducía a la deportación a los campos. Modiano, no puede con su genio y presupone, imagina cuál habrá sido el recorrido hecho por Dora en su huída, recuerda su lectura de "Los Miserables" de Víctor Hugo y la huída de Jean Valjean y Cosette escapando del inspector Javert por el mismo territorio, así como la que él mismo hiciera en 1960 huyendo también en un invierno inclemente de sus profesores y compañeros del internado, de sus padres, del mundo. Evoca la difícil relación con su padre y también el dilema de Ernest Bruder al publicar ese aviso de búsqueda de su hija que no había sido declarada en el censo. El 19 de marzo de 1942. Ernest es internado en el campo de concentración de Drancy; Dora regresará a su domicilio cuatro meses después y encontrará a su madre en la más absoluta indigencia, vuelve a fugarse. ¿Llevará esta vez la estrella amarilla? Tres meses después en el registro de entradas del campo de Tourelles aparece citada: "Bruder, Dora, judía francesa, domiciliada en la Av. Ornano 41". De allí será trasladada a Drancy donde se reencontrará con su padre y el 18 de septiembre partirán junto a otros miles en tren hacia Auschwitz. Cinco meses después también su madre llegará al mismo campo.
Saltos en el tiempo, en los espacios físicos que revelan tibias continuidades o cambios arquitectónicos y urbanos drásticos, presuposiciones, hipótesis que se constatan o se desechan, reconocimientos en el territorio, hallazgos inesperados de fotos, de cartas, de registros documentales, evocaciones de la propia infancia y adolescencia, los hechos de la historia y los relatos de la literatura nutren esta novela conmovedora, profunda que nos pone a reflexionar sobre muchas cosas pero también sobre el dolor en la niñez y en la adolescencia que aún hoy en otro momento histórico y a casi ochenta años de esa Europa en guerra quisiéramos eliminar del planeta pero que en diversas latitudes, épocas y modalidades se siguen produciendo atrozmente. Modiano dice: "Yo no era nada, me confundía con el crepúsculo, con las calles." Él como Dora Bruder y quizás todos los que tengamos destinos de gente común vamos derivando por la historia dejando rastros destinados quizás a perderse, sin embargo tratar de entender y dejar de alguna manera nuestra voz que reclame por una niñez mejor para todos no es poca cosa.
Seix Barral editó Dora Bruder en Buenos Aires un año después de que Modiano ganara el Nobel de literatura.
Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar



