La incontinencia mesiánica de la diputada Elisa "Lilita" Carrió permiten dimensionar la verdadera magnitud del odio de clase imperante en el elenco gubernamental. Durante una reunión de gabinete ampliada en el CCK (Centro Cultural Kirchner) la diputada manifestó que no le hablaba a los pobres sino a sus amigos que estaban esquiando en el sur o de viaje por Europa donde el verano "es divino". Como si esto fuera poco tildó al candidato a presidente por el Frente de Todos, Alberto Fernández, de "ordinario" mientras ponía cara de asco.
Lo más preocupante no fueron los dichos de Lilita, sino que la concurrencia conformada mayormente por lo más granado del funcionariado gubernamental la aplaudía de pie, incluso cuando afirmó que sólo muertos los sacarían de la residencia presidencial de Olivos.
Es muy sorprendente comprobar que la doctora Carrió participa de la mayoría de las reuniones donde se toman las decisiones más importantes y que nadie ha desmentido su rol autoimpuesto de vocera presidencial.
Duramente golpeado por el resultado de las PASO que se transformó en un verdadero plebiscito reclamando el fin de la política imperante y luego de la impresentable diatriba del lunes siguiente a la elección, el candidato/presidente Mauricio Macri y su elenco pretende instalar la idea de que se escuchó el mensaje del voto de la gente y por consiguiente se están tomando medidas tendientes a paliar el sufrimiento que su política produce en la mayoría.
Sin embargo estas medidas harto insuficientes sólo tienen un fin electoral habida cuenta que sus alcances llegan hasta el mes de octubre que vale recordar es el mes en que se realizarán las elecciones generales, las que valen.
La propia vicepresidenta Marta Gabriela Michetti lo confirmó en la mencionada reunión de gabinete ampliada al decir que hay que estar al lado de la gente que sufre de acá a octubre, reiterando que estamos en medio del río y que la otra orilla está tan cerca que ya se ve aunque nadie que no forma parte del gobierno ni remotamente alcanza a verla y tienen la certeza de que nunca la podrán ver si no se va por otro rumbo.
Lo cierto es que el gobierno no piensa cambiar su política económica tal como lo demuestra la designación en reemplazo del renunciante ministro de hacienda Nicolás Dujovne por Jorge Roberto Hernán Lacunza hasta ahora ministro de María Eugenia Vidal y que deja a la provincia tan mal como está la nación, ajustada y endeudada.
Quizás lo novedoso es la desesperación de Macri por sacarse una foto con Alberto Fernández a lo que éste se opone recordándole al candidato/presidente que su propuesta difiere grandemente de la vigente. Otra de las novedades es la toma de decisiones antes de cambiar de ministro para que quede claro que en realidad nada se ha modificado: el mismo perro con distinto collar. Sólo se trata de conseguir algunos votos.
En definitiva queda a las claras que no se van a tocar las enormes rentas de los más favorecidos en estos tiempos que como es lógico deberían resignar aunque sea un poco en favor de los sectores más sufrientes pero no es así.
Más allá de cualquier retórica nuestra historia nos demuestra que una vez más se trata de una cuestión de clase.



