LA PLATA, (Especial de AIBA). Vivimos navegando casi al borde del naufragio. Entre opiniones, críticas y declaraciones feroces. Convencidos de ser propietarios de la verdad. Recitando antiguos lugares comunes. Repitiendo agotadoras frases hechas. Alimentando disputas sin sentido. Fabricando enemigos. Sembrando embustes. Prometiendo hacer lo que jamás se hará.
El país se hunde pero se multiplican las opiniones, las críticas, las declaraciones feroces. Y aumenta la confusión. Se revuelven las viejas heridas que, por eso, no restañan. Unitarios y federales; izquierda y derecha; réprobos y elegidos; blanco y negro; bueno y malo. Siempre así. En el juego de las oposiciones que a veces deja de ser juego para convertirse en combate. Encima, la crisis nos cegó todavía más. Y nos impide ver lo que, curiosamente, está a la vista.
Seguimos insistiendo en agitar banderas nunca enarboladas. Como la del federalismo que figura en los papeles y no existe en los hechos. Al fin, ya se sabe, se gobierna desde el Puerto –el de la Capital Federal—, un curioso puerto sin agua. Por lo menos para las grandes embarcaciones. Y el Gobierno suele ser unitario. Tanto que no resigna nada o casi nada a su libre albedrío. Hasta sus dineros administra. Los de las provincias se entiende. Empezando por los impuestos. Incluidos los de la meneada coparticipación.Lo cierto es, aunque nadie se anime a manifestarlo terminantemente, que la provincia de Buenos Aires está en su justo derecho al reclamar un porcentaje acorde con su contribución al Fondo, a la caja.
Sin embargo, marche preso. La protesta es en vano porque no hay voto calificado; todos los votos valen igual aunque no sean iguales sus aportes al conjunto.El debate, así, se prolonga, sin definirse. Pero queda claro que por Buenos Aires sólo votará Buenos Aires. Porque diez millones, para cualquier otra provincia son un fortuna y para Buenos Aires apenas un gota en el desierto. En síntesis: a Buenos Aires no le darán nunca la parte que lo corresponde sabiendo que le corresponde. Hipócritamente, por razones políticas o para evitar que aumente la ferocidad del combate, las partes ocultarán sus intenciones finales invocando al federalismo que si está no se ve.
Eramos pocos y procreó la yegua. Fue con la pública difusión del nombre y apellido de un proveedor de información de la línea ´ off de record´ que según el denunciante –el canciller Rafael Bielsa— fue un secretario de estado de la Madre Patria de unos cuántos, Roger Noriega.
Era una reunión en la que el proveedor dijo lo que quería que trascendiera en los medios pero ocultando nombre y apellido. Dos de los seis periodistas invitados a la charla reservada, publicaron al día siguiente en sus medios críticas declaraciones vinculadas con la violencias piqueteras, efectuadas por una alta fuente del gobierno de los Estados Unidos. El comentario mereció una encendida respuesta del canciller apuntando al señor Roger Noriega.
Los periodistas no violaron el pacto moral de hacerse cargo de la declaración sin mencionar al autor. Aunque alguno de los seis le contó en privado a un tercero que a su vez le contó a Bielsa, quien le cayó duro a Noriega.Por supuesto, los asistentes al off negaron haber delatado al informante en grave violación a un contrato moral.
El propio Noriega dijo ´ni ´, cuando lo consultaron. El también habló de un off y todo volvió al principio. Aquí no ha pasado nada. Pero vaya si pasó. Al negar, callar o gambetear confirmaron todos que los dichos de la armada gubernamental de USA eran reales. Un aviso, un llamado de atención.
Uno más, nunca el último.El diputado piquetero Luis D’Elía que se metió de una comisaría de La Boca y que acusó, con palabras imprecisas, al ex presidente Eduardo Duhalde de la muerte de un compañero suyo, y que por televisión, mirando a los ojos a un imaginario Duhalde le disparó un amenazante «a vos te digo». Volvió sobre sus pasos y retiró la amenaza en nombre de las ondas de amor y paz y nos dejó pensando que cualquiera que tenga un puñado de amigos, familiares o adherentes puede accionar, impúnemente, la justicia por mano propia donde se le ocurra. Contando con la inacción de una policía acusada de todo pero no culpable de todo.
Encima, cómo para confiar en el cambiante legislador que fue memista, duhaldista y ahora se pasó a la K. No sin antes haberle escrito una carta de admirada adhesión a Domingo Cavallo, cuando aquel era poderoso y D’Elía y tantos otros que deberían haberse ido antes de entrar, pugnaban por ingresar.
Estamos navegando casi al borde del naufragio. Y no nos damos cuenta o nos hacemos los distraídos. Y, duele decirlo, hay quienes se empeñan en revolver antiguas antinomias nunca superadas.



