Buenos Aires (Especial para NA por Luis Torres) -- El presidente lo ha dicho: ¨Yo no busco conflictos sino que digo lo que pienso y no soy hipócrita¨.
Esa definición formulada por Néstor Kirchner en su viaje a la cumbre del Mercosur aclara por lo menos que su estilo político es lo menos cercano al disimulo y a las ¨buenas formas¨ de la política tradicional.
Pero asimismo, quiéralo o no, ese estilo franco y combativo lo ha llevado a generar uno tras otro diversos conflictos, tanto con su propio partido como con la oposición, que luego le demanda un enorme esfuerzo desactivar.
Para generar la armonía después de la ebullición del problema cuenta con dos alfiles: los ministros del Interior, Aníbal Fernández, y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Ningún entredicho hasta ahora ha sido lo suficientemente grave como para poner en riesgo el crecimiento sostenido de la economía, ni ha generado temores en el sistema financiero, ni ha provocado una caída vertical de su popularidad.
Más bien lo que ha ocurrido es que ha causado ¨espanto¨ en una clase media acostumbrada a otras formas de de liderazgos.
Por ejemplo: cuentan algunos empresarios privados que viajaron a China con el Presidente que aparte del éxito de los contactos y tratativas, debieron soportar una serie de ¨desaires¨, llegadas tarde y ausencias injustificadas por parte de Kirchner.
Esta situación de ¨informalidad¨ para los empresarios no daña el núcleo de la gestión, pero ¨incomoda¨.
En las últimas horas el Presidente desató una ola de réplicas y contraréplicas por la cuestión de los piqueteros.
Empezando por sus dardos contra el arzobispo de La Plata, moseñor Aguer y terminando con su virtual pedido de disculpas al ex presidente Raúl Alfonsín.
Todo empezó porque el prelado platense había dicho en un espacio televisivo del cual es protagonista que ¨la protesta social se está saliendo de madre¨.
Horas después el Presidente recordó que Aguer había sido quien dio una fianza por la libertad del banquero Trusso y que a los pobres ¨los mira por televisión¨.
Las afirmaciones presidenciales fueron rapidamente multiplicadas, interpretadas, ampliadas y analizadas.
En síntesis, lo que había quedado es que ¨Kirchner enfrenta a la Iglesia¨.
Nada más lejano a esa consecuencia. A tal punto que el propio Presidente se ocupó en Rosario de aclarar que se refirió a ¨un pastor de mi Iglesia y no a todos los obispos en su conjunto o a la institución como tal¨.
En este aspecto aparecen sin hacer demasiada bulla los apagaincendios presidenciales.
El ministro del Interior tenía prevista para el miércoles 7 una entrevista con el cardenal Bergoglio, que debió ser suspendida por cuestiones de agenda.
De esta manera la tarea de ¨apaciguamiento¨ que viene desarrollando en silencio, pero en forma permanente y con firmeza el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, se complementa con la gestión política de más alto nivel.
Mientras tanto, Aguer pareció quedar en soledad frente a los duros dardos presidenciales.
Gestiones febriles de algunos laicos para que el arzobispo de La Plata tuviera compañía o defensa clerical, dieron un raquítico fruto.
¨Lo dejaron muy solo¨, se oyó decir en fuentes del episcopado.
Poco después fue moseñor Musto quien salió en defensa del prelado platense: ¨es el titular de Caritas La Plata y no necesita televisores para saber lo que es la pobreza¨.
El otro brote conflictivo apareció cuando el subsecretario General de la Presidencia Carlos Kunkel replicó por el camino equivocado a Raúl Alfonsín, quien en Barcelona se había quejado por los desbordes violentos de los piqueteros.
Kunkel dijo que Alfonsín quería ver ¨sangre y represión¨.
Esa afirmación estuvo a punto de hacer fracasar lo que más le interesaba al Presidente: la sanción en el senado de la Ley de Responsabilidad Fiscal y la aprobación del pliego de la jueza Carmen Argibay.
Primero fue el ministro del Interior quien descalificó los dichos de Kunkel y después fue el jefe de Gabinete quien se comprometió ante los senadores radicales a que habría menciones de desagravio por parte de los legisladores peronistas antes del tratamiento de las leyes.
Ha quedado para la historia parlamentaria este diálogo entre Alberto Fernández y Mario Losada, jefe del bloque radical.
- ¨Mirá Alberto que en el bloque hay halcones y palomas. Yo necesito el desagravio¨.
- ¨Nosotros tenemos halcones, palomas y tarados...¨.
En su viaje a la cumbre del Mercosur el Presidente reconoció, moviendo su cabeza, ¨el flaco (Kunkel) se equivocó¨.
El tercer nudo es una tarea que les excede a los dos políticos desatanudos que tiene el Presidente: se trata del conflicto que mantiene con Eduardo Duhalde.
Solo él y el ex presidente pueden resolver esta tensión.
¨Se pelearon seis meses antes de lo previsto¨, se lamentó un alto dirigente duhaldista de la provincia de Buenos Aires.
La médula de esta controversia es el control del poder.
Duhalde lo ejerce desde la provincia de Buenos Aires y allí convergen cuanto menos dos grandes variantes: la económica y la política.
La primera controversia entre el Gobierno nacional y el bonaerense surgió como consecuencia del reclamo por mayor cantidad de recursos cuando se firme el proyecto de Coparticipación Federal.
Hay que recordar que según la Constitución Nacional para que haya ley debe haber acuerdo de la totalidad de las provincias.
Duhalde, Díaz Bancalari, Mabel Müller, Alfredo Atanasof y una larga lista de duhaldistas de paladar negro respaldaron el reclamo del gobernador Solá por mayor cantidad de recursos.
El tema está abierto y no ha concluido.
En cuanto a la cuestión política hay que observar detalladamente la cuestión electoral. En diciembre del año que viene se debe renovar la mitad de la Cámara de Diputados y la confección de las listas de candidatos debería empezar a mediados del año próximo.
Pero como dijo el duhaldista citado la pelea empezó seis meses antes.
Y aquí viene la razón de la pulseada.
Kirchner quiere gente propia en la lista bonaerense y de otras provincias para controlar con poder genuino la Cámara baja.
Duhalde no quiere ceder lo que tiene, porque sigue siendo la base de su control político.
Y acá viene otra historia que es la Reforma Política.
A través de ella el Gobierno procura establecer mecanismos que le garanticen el control del poder y que a su vez se termine con los viejos esquemas de las listas sabana y la financiación secreta de los partidos políticos.
Kirchner tiene previsto enviar el proyecto después de la vacaciones de invierno y espera generar un largo y denso debate durante por lo menos un semestre.
¨Acá veremos la cintura política de los fogoneros del Gobierno¨, dijo un alto funcionario, aludiendo a los dos Fernández.



