La víctima mental cree que todo a su alrededor le impide ser feliz que todo complota contra su éxito y su suerte.
Las víctimas son especialistas en entregar a otros la responsabilidad de sus propias vidas. Sos una víctima cada vez que decís cosas del tipo "¿Cómo querés que sea feliz con la familia que tengo? ¡Cómo querés que sea feliz si Dios está en mi contra? En resumen: siempre va a haber un motivo para la infelicidad mental hasta que no entiendas que vos sos el divino y heroico dueño de tu historia.
Si ser una víctima fuera algo puramente verbal -apenas una queja, un reproche, un murmullo- no sería tan grave, pero resulta que la energía de la víctima atrae victimarios permanentes.
Así funcionan las cosas. Las víctimas son "imanes energéticos" que emanan una determinada frecuencia y esa frecuencia atrae a personas que vibran en esa misma sintonía. ¿Se entiende? Si demandas desde tu carencia vas a encontrar gente que te presione, te domine y abuse de vos. Y lo peor es que ni siquiera lo van a hacer a propósito: simplemente es su forma de comunicación.
Las víctimas son verdaderos "discapacitados emocionales". Necesitan que el otro llene ese hueco que no pueden completar desde adentro y la vida se les escapa mientras esperan que el otro los ame. Se transforman en mendigos. Mendigan amor, cariño, amistad.
Si llegás a ejercitar ese desapego, que es tu soberanía como ser humano, vas a poder ser feliz nada más que por el hecho de estar vivo sobre este hermoso planeta.Dejá de ser una víctima. Cambiá tu frecuencia vibratoria para poder mejorar tus relaciones. El futuro depende de lo que hagas ahora mismo.
Por Claudio María Domínguez



