Según la opinión y creencia de varias religiones, cuando el ser humano muere, su espíritu abandona el cuerpo. Hay constancia de que muchas personas vieron esta realidad o fenómeno, aparecida como una nube que emergía del ser ya transformado en cadáver en el mismo momento en que su corazón deja de funcionar. Además, existen los apasionados estudiosos de siempre, quienes sobre este tema, han presentado casos fehacientes y creíbles.
Como la oscuridad casi siempre nos invade, es de preguntarse entonces qué pensara, como razonará o a qué conclusiones va a arribar luego de este pasaje supremo, ese espíritu fantasmal que se desprende de un cuerpo ya sin vida.
Suponiendo que así sea, él va a observar desde arriba antes de retirarse hacia el infinito, o tal vez se quede merodeando entre los vivos. En ese lapso de su misteriosa presencia, verá entonces a sus seres queridos si los tiene, o a sus amigos si los tuvo alguna vez o en una retrospectiva imaginaria se verá solo o rodeado de una multitud, depende todo esto cómo haya vivido este ser humano, hombre o mujer.
A partir de allí, consideremos que trate de sincerarse consigo mismo y admita y se arrepienta de sus posibles culpas o defectos, antes que enorgullecerse por sus buenas acciones o sus éxitos. Verá también cuántas cosas dejó de lado y no las valoró por seguir tal vez detrás de una quimera inalcanzable o que, en parte por su hastío o indiferencia, perdió de gozar por años de momentos y situaciones que lo hubiesen hecho más feliz.
Recordará las muchas veces que se sintió defraudado al brindar su amor, o su ayuda a los demás y en cuantas otras por egoísmo no se brindó.
Seguirá con sus razonamientos y a la vez observando al que era su cuerpo, ahora muerto dentro de un cajón, presto a ser llevado y enterrado bajo tierra, o colocado en un nicho, o cremado. ¿Nos observará, pensará en todo esto? Nos estamos preguntando y suponiendo.
Si es así, en su velatorio oirá los acostumbrados formales pésames y escuchará con atención los consabidos diálogos y chistes. Vera el rostro de algún ser querido y se lamentará por no haberle dicho en vida, cuanto le quería. Ya no podrá hablar jamás. Se perdió la oportunidad de decírselo. Le llegó la muerte. Tal vez nunca pensó que era un ser mortal como todos.
La mayoría nos olvidamos de esta realidad. Todos somos en este planeta un paso fugaz acompañando los millones de años que tiene el universo.
A esta casi impensada e irrefutable verdad algunos la aceptan; algunos la suprimen y cada uno va por su lado. Hay quienes no creen en nada. Están quienes viven felices con su Fe, su gratitud a la vida y el afecto y el servicio que puedan brindar y recibir. Como contrapartida, otros buscan transitar un camino plagado de hipocresía y maldad pensando que es el sendero más fácil para lograr sus ambiciones personales. También existen los que pasan "sin pena ni gloria", los marginados… es una mezcla extraordinaria que no se puede separar. Alguien tiene algo de alguien. Es curioso y cierto. Algunas veces, poniéndonos a filosofar repetimos vulgarmente: Hay de todo en la viña del "Señor" y a continuación se le agrega lacónicamente: "todos terminamos en el mismo camino, no vamos a descubrir nada nuevo en este mundo", copia de un anónimo muy utilizado. Es el conformismo de muchos de nosotros para ocultar el temor a lo desconocido, a lo que vendrá después de la muerte. Una resignación encubierta.
Por costumbre, en varias oportunidades nos metemos a ejercer como "jueves y verdugos" pues somos personas que llevamos incorporado dentro de nuestra humanidad, buenos, malos o regulares instintos. Estos se profundizan, se pierden o se esconden dentro de la convivencia y el lugar en que nos toca crecer y desarrollarnos. Habrá distintas reacciones según las reglas con las que nos quieran conducir, imponer o enredar. Ya modelados dentro de la educación que nos dieron, se nos permite tratar de arreglar el mundo y lo que hacemos es desarreglarlo. En ocasiones, buscamos la guía de alguien muy conocido y respetado a quien no podemos descreer. Ese alguien es quien nos expresó hace miles de años: "Quien no se sienta culpable que arroje la primera piedra" y predicó con su ejemplo de cómo deberíamos comportarnos. La mayoría de nosotros lo desperdiciamos y acicateados luego por nuestra conciencia y arrepentimiento por algún mal cometido, recurrimos a la comodidad que nos brinda rezar un Padre Nuestro creyéndonos que así cumplimos y estamos salvados. Cada conjunto de doctrinas expresa sus verdades ¿Quién posee la verdadera? Por lo tanto, ante la incertidumbre tenemos la libertad de expresarnos sobre un tema tan interesante y dar nuestra opinión como cualquiera, como se hace por radio o televisión o en cualquier parte. No es tabú.
Volvamos entonces a las suposiciones que pueden terminar en una probable conjetura.
La curiosidad en este caso nos lleva a seguir preguntándonos nuevamente: ¿Qué pensara el espíritu de ese alguien que permanece mirándonos desde el espacio? ¿Habrá sido feliz con sus logros? ¿O se reprochará por no haber conseguido algo que anhelaba?
Muchas veces no hay nada que nos venga bien. Casi siempre quedamos disconformes con lo obtenido. Si no hubo interferen-cias, somos dueños entonces de nuestros propios pensamientos y acciones para lograr el destino que queremos o aceptamos por convicción, acompañado del bien o el mal que nos rodea. Cada uno sabrá como manejarlo y vivirlo. Es un derecho respetable en el cual no nos incumbe meternos.
Los espíritus nos siguen mirando. Flotan en el espacio inconmensurable. Pueden ser los de algún ejecutivo o el de algún poeta o el de ama de casa o del linyera que pasaba siempre por la esquina. ¿Están intranquilos pensando si les toca ir al "Cielo" o al "Infierno" o al "Purgatorio" de acuerdo a cómo se comportaron aquí en la tierra?
Este concepto o creencia religiosa se nos enseñó e impuso a la mayoría de nosotros desde chiquitos para que nos portemos bien.
Algunos pensarán sobre este escrito lo tétrico y hasta la matizado, realizado por mi con algo de ironía y de humor negro. Cada uno que piense como quiera. Tiene todo el derecho de hacerlo. Son fantasías o realidad que entran y se conectan en nuestra vida diaria y nos permiten cualquier tipo de apreciación sobre lo que sea desde distintos puntos de vista.
Lo que no nos suena ilógico y nos parece normal en muchos casos es la saturación y el acostumbramiento a que nos lleva la televisión mostrándonos ejecuciones, muertes por accidentes, niños desnutridos en todo el mundo filmados en el momento que mueren por inanición, juventud drogada y perdida sin futuro, bombardeos que matan a mansalva o asesinatos por robar un par de zapatillas.
Miramos todo esto con que nos alimentan, abrimos la boca y seguimos comiendo.



