"El más antiguo, el más verdadero y el más bello órgano de la música; el origen del cuál nuestra música debe provenir, es la voz humana." --Richard Wagner.
Cuando el sonido del primer tambor se escuchó, aquellos hombres primitivos (mitad prehistóricos, mitad chamanes), se estremecieron.
Esa vibración les otorgó el poder de unificar a la comunidad, de favorecer las cosechas y las siembras y de acompañar a los guerreros cuando debían enfrentar a un enemigo, entre tantas otras cosas como el agua, el fuego, ...
El ser humano comprendió por primera vez que necesitaba de sus infinitos beneficios para poder subsistir como especie.
En la actualidad, cada vez son más las pruebas que demuestran que la danza y la canción son muy anteriores al lenguaje. ¿Qué significa? Nada más y nada menos que: la música es la lengua original de la Humanidad.
En cierto momento de la Historia, los seres humanos se comunicaron esencialmente, a través del tono o la canción. Hoy, a mucha gente le sorprende que la mayoría de los grandes directores de orquesta sean tan longevos. ¿Por qué mueven con tanta vitalidad los brazos y el cuerpo durante más de una hora, sin manifestar cansancio a pesar de su avanzada edad?
Es que la música nutre sus cuerpos a través de los oídos y la piel. Es la música quién vigoriza y fortalece a su sistema muscular. Recordemos que la piel tiene elementos sensibles a las variaciones térmicas, al dolor, al tacto, y a la presión, siendo extremadamente sensible a las vibraciones sonoras.
Desde sus orígenes, el concepto de "música" ha ido evolucionando hasta llegar al eclecticismo, es decir, a la elección y selección de diferentes elementos para crear algo nuevo que no se adapta a una realidad única y preexistente.
Y es que, queramos o no, la música constituye una parte fundamental de nuestras existencias. Nos acompaña en los peores y en los mejores momentos y, de hecho, cada vez está presente en nuestra sociedad con mayor fuerza. Además, su importancia no escapa a las mentes más brillantes del sector de la composición, la canción, la escritura o la filosofía.
Bien mirada, la música no es más que una secuencia de sonidos ordenados, una especie de encarnación del paso del tiempo a base de ruidos, silencios y ritmos. Sin embargo, su poder para provocar reacciones emocionales en los humanos, desde la depresión al éxtasis, es tal que se ha convertido en piedra de toque de nuestro comportamiento como especie. Además el lenguaje, la capacidad para disfrutar de la música es una de las pocas habilidades que nos diferencian del resto de los animales. Y al igual que nos ocurre con el habla, se hace difícil pensar en un día en el que no escuchemos ni una sola nota.
En el año 1594, el papa Gregorio XIII, le otorgó a Santa Cecilia el patronazgo alegando que había demostrado una atracción irresistible hacia los acordes melodiosos de los instrumentos. Su espíritu sensible y apasionado por este arte convirtió así su nombre en símbolo de la música; de allí surge que cada 22 de Noviembre se celebre el Día de la Música y los Músicos y a Santa Cecilia.
La música tiene por ende mucho de misterio, de magia, y presenta para nosotros un mundo que no somos totalmente capaces de comprender pero, al que llegamos una y otra vez de forma irremisible. La música tiene por ende mucho de misterio, de magia, y presenta para nosotros un mundo que no somos totalmente capaces de comprender pero, al que llegamos una y otra vez de forma irremisible.



