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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 08/dic/2019 de La Auténtica Defensa.

Fútbol Infantil:
Cambia, Todo Cambia
Por Néstor Oscar Bueri







Néstor Oscar Bueri

Muchas son las actuales campañas sobre el cambio climático en el planeta Tierra y tienen sus razones: nos enteramos a través de los medios sobre deshielos, tsunamis y terremotos. Esto es producto quizás de la naturaleza o de la mano del hombre con los desmontes, puede ser por la tala de árboles o alguna macana química internacional. Lo cierto es que existen cambios variados y uno se da cuenta. Pero más allá de verlos en la tele, cercanamente hay dos cosas distintas que marcan que algo es distinto.

Recuerdo ir en pleno invierno a la escuela. El frío era intenso, pero la escarcha que se formaba en los cordones de la vereda nos parecía natural y hoy casi no existe. Durante septiembre esperábamos la Primavera y con ella la enorme cantidad de mariposas que cruzaban las esquinas del barrio, que tomaban la calle, perdiéndose entre ellas y la diversidad de colores. Era un juego diario quitarles las hojas a las ramas de paraísos y juntarlas en un frasco. Aun hoy no recuerdo su destino, no sé dónde iban a parar semejante cantidad de mariposas.

Esas dos cosas se perdieron en los años y en las circunstancias. La semana pasada cuando doblé la esquina con el auto tuve que frenar de golpe pues unos cuantos chicos estaban jugando a la pelota en la calle y era casi de noche. Y ahí pensé: ¿Cuánto hace que no hay escarcha en los cordones? ¿Cuánto hace que no vemos mariposas? ¿Y cuánto hace que no veía chicos jugando a la pelota hasta la noche y en la calle?

Jugar a la pelota en la calle era de una adrenalina distinta a jugar en una canchita del barrio. Para nosotros, el potrero era un estadio mundialista, pero el largo de la calle era la cancha auxiliar. Para jugar en la calle debíamos ser pocos, lo que permitía tener más contacto con la pelota. El cordón se usaba para tirar paredes, la brea del asfalto marcaba las áreas y el final de la cancha. Cuando un auto se acercaba debíamos parar la jugada y nadie se enojaba por donde se volvía a empezar. Caerse en el asfalto no es lo mismo que caerse en la tierra o en el pasto, por eso se respetaba y se jugaba distinto, se compartía más la pelota y los pases eran más cortos y certeros.

Pasé despacio con el auto. Uno de los niños tomó la pelota con la mano y me miraba. Lo miré y me vi reflejado. Retrocedí como cuarenta años en el saludo, guiñando un ojo que quizás no percibió. Miré por el espejo retrovisor, algunos se habían sentado en el cordón de la vereda esperando que pase, mientras tanto el niño con la pelota en la mano no quitaba la vista del auto. Me detuve, por un momento tuve ganas de meterme en el picado Los chicos volvieron al juego haciendo picar la pelota y apurando a los sentados. Volví a saludar aceleré y me fui.

La naturaleza modifica los climas como la vida nos modifica constantemente. Ya no está la escarcha acompañándome hasta la escuela, ni tampoco llegan las mariposas en la primavera. Hoy vi niños jugar a la pelota en la calle por la noche para modificar y cambiar la alegría del juego distinto.

¡Hasta la próxima!

Néstor Bueri / Psicólogo Social


 
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