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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 15/dic/2019 de La Auténtica Defensa.

Fútbol Infantil:
Cuando imaginar nos hace felices
Por Néstor Bueri







Néstor Oscar Bueri

Nuestra llegada a la Escuela Secundaria casi coincide con nuestro paso a la adolescencia. Ese momento de la vida con tantos cambios nos permite socializar con pares distintos a los de nuestra infancia, pero es imposible olvidarse de los amigos que lograste jugando a la pelota.

La amistad en la adolescencia es muy fuerte y sigue con lazos firmes a través del tiempo, pero los de la infancia, con los que lograste compartir tu juego más lindo, con los que llegaste a pelearte en el mismo juego y terminar con una sonrisa en la vuelta a casa, ésos no se olvidan y seguramente al verlos después de tantos años, la imagen y la historia se repetirán al instante.

Jugar a la pelota en los primeros años era compartir tu elemento de juego con otro sin necesidad de una maestra jardinera. Y al otro día se sumaba otro que vivía a la vuelta y también el amigo de ese que vivía enfrente, y el de al lado... Y así se sumaban un montón de participantes en el juego que sin querer y de tanto jugar se van a convertir en tus inolvidables amigos

Jugábamos en el patio de la abuela, en la vereda de baldosas desparejas o en la calle casi sin tránsito. La sociedad con la que fuimos educados es muy distinta a esta realidad que se vive, muy distinta. La libertad de juego era casi infinita.

Esa libertad de juego nos permitía crear tanto como para ver en una rama y en una lata de arvejas oxidada un verdadero arco de futbol. Nos permitíamos que el punto de penal se negociara según los pasos de quien los contara.

Muchísimas veces, la noche nos encontraba todavía jugando. Sin padres cerca, sin celulares que suenen. El potrero aparecía como el lugar más seguro para la diversión. No recuerdo que mis padres me vayan a buscar a la canchita del barrio. Mis amigos y yo sabíamos cuando teníamos que volver y hasta cuándo se permitía jugar. Esa decisión era pura responsabilidad nuestra. Solo algún coscorrón por no haber hecho los deberes antes o porque se ensució el piso recién encerado marcado a fuego con las "Flechas" llenas de tierra, era el reto de una madre con su filosofía futurista amenazante: "Ahora vas a ver cuando venga tu padre".

Jugar, con la extensión que significa el juego, viene acompañado de la sana sociabilización temprana, la estimulación y motivación para conocer un mundo de frustraciones, temores, triunfos y derrotas en camino a la vida misma. Seguramente ninguno de nosotros nos olvidaremos de nuestros amigos de la infancia. Con ellos fabricamos, descubrimos, inventamos y producimos una parte importante de este camino recorrido. Con ellos conocimos la felicidad momentánea y la bronca pasajera, como si eso fuera poco.

¡Hasta la próxima!


Néstor Bueri / Psicólogo Social


 
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