Muchas veces cuando nos encontramos para escribir no se nos ocurre absolutamente nada. No es simple contarlo, pero el trabajo en el consultorio, el compromiso que nos implica y el tener una columna semanal no son tarea sencilla. Pero lo más complejo es que tenemos que esforzarnos para vencer aquello que nos deja sin ideas, como cuando en una sesión no se nos ocurre nada para decir. Es ahí, en ese mismísimo momento en que la represión, lo más asociado a la muerte, nos muestra sus garras de una manera silenciosa pero muy efectiva, dejando a un lado, lo creativo que tenemos. A esta altura de nuestros encuentros ya sabemos que todas las semanas nos vamos a encontrar, y que saldrá lo que saldrá... Es allí donde debemos dejar de pelearnos para conseguir la mejor idea; en cuanto nos permitimos dejar a la luz todo lo que se nos ocurra casi como por arte de magia empiezan a aparecer, pensamientos, ideas que estaban dormidas, pero no perdidas. Si lo logramos y podemos confrontarnos a la exigencia de ¨lo mejor¨ entonces nos surge algo¨ bueno¨ , por genuino, sino muchas veces es como empantanarnos y cumplir porque es lo que se debe.
Esto que intentamos hacer como un ejercicio con nosotros mismos es lo que hacemos con nuestros pacientes.
Al develar aquello atrapado, al liberar esa energía, que es la palabra no dicha que queda anudada a la espalda , como una contractura feroz o al surgir espontánea y fresca nos alivia y repara tanto que también se hace sentir a nivel corporal.
A veces la contractura desaparece, como por arte de magia...
Eso que parece y no es magia, es el trabajo. Se ven los resultados...
Cuando volvimos a re leer la idea anterior nos acordamos de un curso de filosofía oriental al cual asistimos tiempo atrás y que considerábamos por nuestros propios prejuicios que íbamos a escuchar algo muy alejado a nuestro oficio. Pero curiosos al fin, nos vimos sorprendidos porque descubrimos que estábamos mucho mas cerca de lo que pensábamos.
Nos quedamos pensando que lo importante es cuando uno intenta ir mas allá de la superficie, la riqueza es incalculable. Lo que para algunos es algo superficial puede ser para otros y con convicción una construcción muy sólida. La represión, esa enemiga íntima y su aliado el prejuicio nos pueden hacer perder sabidurías milenarias. La búsqueda del equilibrio está en la esencia del ser humano
A los caminos para encontrar ese permanente equilibrio inestable puede accederse por varías vías. Los orientales a través del conocimiento del cuerpo. Los analistas ofrecemos una forma a través de la palabra y en el entretejido que la vida nos pide, podemos encontrar la forma que mejor nos quepa, como el sayo.
Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano.
Para comentarios y sugerencias escribir a :caraoceca@hotmail.com



