El lenguaje que usamos en lo cotidiano es el verdadero motor de cambio de la Lengua en el tiempo.
El lenguaje tiene a su vez varias funciones. Una de ellas es el uso imaginativo. Esta función recrea la relación de expresión y contenido, cada vez que se emplea.
Cada vez que contamos un cuento, toda vez que narramos oralmente, esa función contribuye a la creación del texto pero también a la creación del lenguaje mismo.
Podría decirse entonces que la riqueza del habla (cotidiana o no) dependería de escuchar con atención y decir lo que se siente, entre otras cosas.
También podría decirse que se siente placer al expresar ¨lo que uno siente¨, en forma cotidiana o no.
Aunque, cuando se narra un cuento, el habla tiende a elevarse de lo cotidiano. No por búsqueda de la retórica vacía de contenido, sino todo lo contrario. Cuando se narra un cuento, la búsqueda se orienta a develar un misterio, por ejemplo: ¿Por que desobedece Caperucita Roja?; ¿Por que Tokjuaj es un transgresor? ; ¿de dónde venimos? ; ¿adónde vamos? , ¿quiénes somos? Cuando se narra oralmente se hace desde el saber y no desde el conocimiento. Cuando un padre, una madre, los abuelos, inventan cuentos a sus niños al pie de la cama, lo hacen desde el saber, pero los niños, escuchando, descubren lo misterios del mundo, aprenden la palabra y conjuran los miedos.
Cuando un adulto aprende a contar cuentos, recaptura la Palabra primigenia, reabre la puerta de la inocencia y recobra el Placer de decir lo que siente redescubriendose en Su camino todos los días.
Queremos agradecer por este medio a todas las personas que asistieron a la Clase Abierta del 5/7104. Fue un placer.
Prof. Alberto A. Lucero
Dra. Eda Fiorini de Fracinelli



