No es sólo el rugby, es el sistema social (capitalismo) que deshumaniza y convierte en enemigos a los individuos, justificando la violencia por considerar tener derechos unos sobre otros . Los valores morales que se reproducen en el sistema, son los valores morales de la clase dominante.
En un sociedad violenta, carente de futuro, el futuro se revela de la única manera posible, con violencia. Violencia idiota, manipulable y sin dudas impune.
La muerte en riña no tiene condenas duras y tampoco se sabe para que sirven las condenas.
La Nación, (prensa canalla) tribuna de doctrina, titula con mucho cinismo "PELEA MORTAL FRENTE A UN BOLICHE", claro, La Nación es el único diario de alcance nacional que dedica un suplemento al juego.
La Nación es el estandarte de una clase que se a apropiado de todo y mas que nada del rugby, los amantes de esta practica que en todo el mundo es un deporte, y aquí es apenas una ideología del poder, son conspicuos clientes del diario fundado por Mitre.
Miseria humana si las hay
Fue una pelea inter tribus, que terminó con una masacre. La victima, en este caso no es un rugbier, nunca lo son, pero bien pudo serlo porque de la violencia lo único que se sabe es como comienza, el porque es motivo de litros de tinta invertidos en intentar encontrar una respuesta que por lo general llega tarde con intenciones de apropiarse del hecho.
No son menos canallas los titulares que dicen que once jugadores de rugby asesinaron a un estudiante de derecho en Gessell.
El hecho de que fueran jugadores de rugby o Boy Scouts, resulta irrelevante, lo que indigna, lascera, es que once pibes le hayan roto la cabeza a patadas a otro pibe igual que ellos y no importan las razones que se esgriman, la violencia es un derecho que asiste en forma preferencial a aquellos que no encuentran en el don de la comunicación, palabras que los hagan evitar la barbarie.
Hay un prejuicio clasista en la condena a la barbarie
Ese pibe asesinado cobardemente por un grupo de aficionados al rugby, jamás hallará justicia mientras la sociedad que ni siquiera tuvo tiempo de verlo morir porque como el avestruz siempre tiene la cabeza metida en un pozo que le impide ver la mierda que la rodea y de la cual forma parte, está demasiado internalizada en ahondar una grieta que es ficticia, la lucha de clases es otra cosa.
A ese pibe lo mató una patota, una patada de alguno de los once detenidos tras la masacre, ese es el hecho puntual, pero al muerto lo ha vuelto a matar una sociedad que no sabe que hacer con sus hijos jovenes, una generación que no sabe donde pararse a esperar que las cosas cambien. Porque simplemente, no pasa por sus cabezas la noción de que el cambio lo debemos gestar entre todos. No son tiempos de esperar que los cambios lleguen solos.



