"El amor tiene un duende que ríe, que enciende, que crea y recrea y aunque al diablo le pese, retoña y florece y al mal lo voltea." --Eladia Blázquez.
El Noroeste Argentino (NOA), no sólo es atractivo por sus bellezas naturales y su gente, sino también es rico en supersticiones y leyendas que evaden al hombre de la monotonía provinciana, llenándole el alma de inquietud. Entre las supersticiones y leyendas ocupa un lugar importante la del Duende.
Según la leyenda es un espíritu travieso, un diablillo familiar porque la mayoría de las veces se lo percibe, según versiones de gente que dice haber tenido algún tipo de contacto con él, en los hogares, siempre cerca de la gente, siendo los niños sus preferidos para hacerles sus diabluras.
El Duende es una criatura mítica de la tradición europea que los consideran como dioses menores de la naturaleza y la fertilidad, seres sobrenaturales que tienen energías mágicas innatas, que viven en bosques o lugares naturales subterráneos, en pozos y fuentes.
El NOA, comparte leyendas parecidas que probablemente tengan su origen con la llegada de los españoles.
Como seres mágicos pueden desplazarse a su antojo. Son pequeños, miden alrededor de medio metro de altura, usan sombrero puntiagudo de alas muy anchas que cubre todo su cuerpo de piel verdosa.
Este genio cruel y travieso tiene una mano de hierro y una de lana y cuando se encuentra con algún desafortunado le da a elegir con cuál mano desea ser golpeado, algunos eligen la de lana porque creen que no causa tanto dolor, pero en realidad es tan dolorosa como la de hierro.
Tienen espíritu aventurero e inquieto, les gusta vagar por caminos solitarios a cualquier hora.
Estos seres maliciosos y juguetones gustan de torturar y asustar a la gente, en especial a los niños, a los cuáles engañan con confites para alejarlos de sus casas.
Les gusta invadir los hogares dónde invisibles inquietan a sus moradores con ruidos molestos, cambiando las cosas de lugar y arrojando piedras.
Algunos opinan que como todo niño se los debe reprender amenazándolos con una varilla y que como todo niño se aleja llorando; otros dicen que no les gusta el ruido estruendoso y la mayoría aconseja llevar un rosario para ahuyentarlo.
¿Verdad? ¿Mentira? Es lo que deseen creer aquellos que sí o no, tienen la ocasión de verlos o dejar que su imaginación vuele. Por ahora, sólo son leyenda.



