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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 02/feb/2020 de La Auténtica Defensa.

Fútbol Infantil:
La libre elección
Por Néstor Bueri




Viene el centro pasado desde la derecha, el "Tito" Cazador le pegaba bien siempre y cuando se mordiera la lengua. Como si eso le fuera a dar mejor puntería. La pelota pasa alta, alguien cabecea en el segundo palo y es gol. De premio pasa a ser arquero. Ya éramos varios en la canchita del barrio y antes de empezar el picado nos entreteníamos a los centros hasta que lleguen algunos más.

El arco sobre la calle Castilla ofrecía de ingreso y platea preferencial. Allí nos juntábamos para hacer el "precalentamiento" y formalizar los equipos sin necesidad de "robo". Y de eso se trataba cuando llegaba el momento de formar los equipos: que el juego más divertido sea parejo. Sabíamos de antemano y de conocernos tanto que un partido con ventajas de talentos y habilidades se tornaba aburrido y terminaba pronto, por eso la formación se hacía por acuerdo entre todos y democráticamente. Así los más grandes como el "Tito" y el Lucio iban separados y después veníamos los más chicos. Si a muchos les costaba quien iba al arco, eso no pasaba entre nosotros. El "Pichi" Carballo atajaba siempre y al "Colorau" Mujica lo mandábamos de una porque si jugaba al medio, se iba adelante, pescaba goles sin correr y encima los festejaba.

En la formación de los equipos no había puestos estables y definidos: algunos sabían de sus limitaciones y condiciones, entonces se ubicaban sabiendo que en ese puesto iban a jugar mejor. Nadie les dijo donde jugar, nadie les ordenó ponerse en ese puesto, solo su visión de potrero y la amistad de todos los días lo hacía un jugador necesario e importante.

En el potrero del barrio, los puestos desaparecen y el único respetable es el arquero; el resto corríamos y era lo mismo jugar al medio, adelante o de defensor. Esa rara mezcla de obediencia táctica y desorden grupal se sumaba al aliento por aquel pase milimétrico y al insulto por esa "pisada morfona" que se enredó en el último toque.

Descubrí que el futbol en la infancia es totalmente solidario, pensantemente honesto y altamente sincero. El fútbol en la infancia demuestra la representación interna del otro aun en las diferencias más notorias. Renueva todos los días la revancha vanidosa de la vida donde todos juegan en su libertad de expresión, donde todos pasan por su lugar hasta encontrarlo, quedarse en él y aprender hasta el límite de su generosa actitud.

Si hubiésemos querido, todos habríamos sido delanteros. Festejar los goles, ser felicitados por todos, vanagloriados, respetados. Elegimos algo distinto, jugar hasta la diversión absoluta basados en un ir y venir de espejos reflejados para compartir la amistad en su máximo nivel. El juego libre del futbol infantil liberado a la elección reconocida del niño es lo que nos mantiene unidos para siempre. Aunque el "Colorado" Mujica nos enojaba cada vez que hacia un gol de pesquero y lo festejaba.

¡Hasta la próxima!


Néstor Oscar Bueri / Psicólogo Social


 
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