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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 02/abr/2020 de La Auténtica Defensa.

El Rincón de Aléthea:
El día en que el planeta nos detuvo
Por Angela Monsalvo




"En tiempos de Pandemia, la salud de una sola persona nos alienta." --Eugenio María de Hostos.

"Ve a tu casa, pueblo mío, ¡y pon cerrojo a tus puertas! Escóndete por un breve tiempo, hasta que haya pasado el enojo del Señor." --Isaías 26:20

Como consecuencia de la deforestación global los científicos "cazadores de virus", llevan más de diez años alertando sobre nuevas enfermedades. El asedio a los ecosistemas naturales, como muestra el Coronavirus cuesta vidas y desata una recesión financiera internacional.

En estos momentos, estamos viviendo el drama de la Pandemia y si volvemos la vista atrás, veremos que esto es algo similar a lo que ocurrió durante la Conquista de América, cuando la población prehispánica fue diezmada por las enfermedades desconocidas que provenían de otro continente. Los virus llegaron primero, como ahora nos están llegando esos microorganismos nuevos procedentes de los territorios silvestres que seguimos conquistando sin medida ni clemencia.

Tal vez, nuestro mejor sistema preventivo contra el Coronavirus pase por repensar la manera en que nos hemos instalado en la naturaleza a fin dejemos de ser un agente patógeno para otras especies y para los ecosistemas en general. El trauma que va a dejar esta crisis puede darnos esa oportunidad, si no la evadimos acudiendo a comprar jabón y alcohol en gel en masa.

En medio de este desequilibrio, la detención de la circulación humana deja entrever a un claro beneficiario de esta Pandemia: el medio ambiente, que se alivia de forma proporcional a la ralentización del ritmo desenfrenado de la vida humana. Calles desiertas y silenciosas en dónde se vuelve a escuchar el canto de los pájaros son el paisaje habitual por estos días en grandes megápolis y ciudades turísticas.

El alto grado de propagación ha obligado a tomar medidas extremas delimitando considerablemente el movimiento de las personas y su exposición, que es la única manera de descender la curva de contagios que, de ser masivos pueden llegar a colapsar los sistemas sanitarios, por muy avanzados que sean.

La humanidad se enfrenta a un reto sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Este virus está impactando directamente sobre nuestra forma de vida y arrastrando a la humanidad a una crisis económica, que evidencia que los esquemas actuales no sólo son vulnerables sino que a la larga son insostenibles. En medio de esta inestabilidad, la gran detención que está sufriendo la sociedad global deja entrever a un claro beneficiario de la Pandemia: el Planeta Tierra, que se alivia de forma proporcional a la ralentización del ritmo desenfrenado de la vida humana.

Al detenerse las fábricas e industrias de Hubei, el epicentro del brote en esa provincia china, sus habitantes, recluidos en sus hogares por la cuarentena, empezaron a ver después de mucho tiempo los cielos azules. La drástica disminución en el número de vuelos de las aerolíneas ha disminuido las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero que persisten a grandes alturas. El turismo, tiene un gran impacto ambiental en la vida de las ciudades y pueblos; ya que constituye el 8% de las emisiones de carbono de todo el Planeta. Todo ello producto de una actividad humana con propósitos recreativos y de puro consumo.

La preservación de los ecosistemas no es sólo un asunto de moral ambientalista, sino que tiene que ver con nuestra supervivencia. Si la Tierra está enferma, nosotros también. Debemos dejar de pensar que los humanos somos algo separado del sistema, porque sino, nos da la idea completamente errónea de que podemos cambiar, destrozar y modificar el ambiente a lo que mejor nos parezca. Cualquier cambio que hagamos en el Planeta va a tener un impacto en nuestra salud.

Al final, estamos todos juntos en el mismo barco y unidos por la misma suerte, con o sin barbijo.

"¡CUÍDENSE, NO SALGAN, QUIERO QUE VOLVAMOS A ENCONTRARNOS!!!!


 
P U B L I C I D A D






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