Los dilemmas de la política son los dilemmas entre las clases pobres y las pudientes. Los problemas de la política argentina hoy día tienen más que ver con una eficiente puesta en práctica que con la orientación humanista. A futuro se abrirán debates a escala mundial, en los que deberemos defender nuestro derecho a la vida como nación pequeña.
Es humillante escuchar permanentemente en la televisión el dilemma que enfrenta la política entre salvar vidas humanas o la economía. Como si fuese lo suficientemente humillante ya el devenir de la historia. Como si no hubiera sido la degradación de la condición humana la que nos condujo la actual crisis sanitaria, económica y emocional que estamos viviendo. En el difundido texto, Supa de Wuhan, David Harvey sostiene que son las condiciones de vida de las sociedades que habitan grandes centros urbanos densamente poblados las que convierten a una mutación viral en amenaza. Se trata de una relación dialéctica entre el virus y la acción humana.
Del mismo modo, la actual privación de nuestra libertad y el aislamiento social tienen un correlato en la libertad de los negocios -prácticamente ilimitada en los últimos 40 años de neoliberalismo full time- que profanó los recursos hospitalarios en todo el mundo. El diario Infobae se lamentaba esta semana de que aceptar la sugerente posición de nuestro Ministro de Salud de estatizar dichos recursos (como ha hecho Irlanda por un período de 90 días) hubiera permitido que alguien sin cobertura médica pueda ser tratado en una clínica privada y un abonado de una prepaga hubiera sido atendido en un hospital público. ¡Herejía!
Las vidas humanas valen a cuenta de sus contratos económicos, en el capitalismo. Pero atravesamos un momento de "revisión" de nuestro contrato, social, producto de un acontecimiento que podríamos ubicar más del lado del azar que de la voluntad política: que es el covid-19.Esto nos lleva a reflexionar, por ejemplo, si disponer de tiempo libre no nos reporta acaso más satisfacción que el consumo de mercaderías: esencial para alimentar la vorágine productiva y reproductiva del capital. Una vez más el sistema económico enfrenta el ya conocido problema de la insuficiente demanda efectiva para realizar (consumir) los valores que el capital produce. Quizás no queramos salvarlo.
Todas las crisis tienen aspectos en común y rasgos particulares que las diferencian. Así, encontramos familiaridad entre la crisis de las hipotecas subprime de Estados Unidos en 2008 y el crack bursátil que condujo a la Gran Depresión de ese país en 1930. Afortunadamente en 2008 el presidente de la Reserva Federal era Ben Bernanke, un especialista en cuestión monetaria y estudiosa de Keynes y de la crisis de 1930. Años después supo bien qué hacer: dos cosas. Dejar que quiebre Lehman Brothers (una decisión fuertemente criticada por el establishment liberal pero que, en mi opinión, permitió enviar un mensaje a los inescrupulosos gerentes y dueños de bancos y financieras sobre las consecuencias derivadas de su imprudente accionar) y rescatar a la banca emitiendo moneda a lo pavote (no en uno, ni en dos, sino en tres programas sostenidos de emisión monetaria).
Europa quedó entonces rezagada, o rezagadísima. Gobernada económicamente por la troika formada por el la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI que defendía las bien ponderadas medidas de austeridad fiscal para sanear la crisis. Las cuales terminaron profundizaron el contagio financiero y real, obviamente, en los países más pequeños de la Eurozona. El viejo continente salió de la recesión cinco años después: en 2013, y no salió precisamente galopando. Las consecuencias de los recortes aplicados en gastos públicos como el servicio de salud las sufre la población dramáticamente ahora. ¿Era tan necesario salvar el capitalismo? Allá por 2008 también China jugó un rol relevante para dinamizar la economía global, impulsando un masivo programa de inversión en infraestructura.
El capitalismo enfrenta ahora (y enfrentará en la pospandemia que no sabemos cuándo ocurrirá) una nueva y brutal crisis. ¿Cuál es el parangón con crisis pasadas? Varios políticos la compararon con el escenario de la segunda posguerra; entre ellos, Angela Merkel, el actual Secretario General de Naciones Unidas Antonio Guterres, la ex canciller Susana Malcorra y el primer ministro de Irlanda, quien señaló que los respiradores son ahora lo que eran los misiles eran en la Segunda Guerra. La OCDE denunció: "Necesitamos un nuevo Plan Marshall" y el interrogante se abre respecto de cuál será el rol que jugarán los Estados Unidos en la pospandemia. En contexto donde, además, no deberá defender al mundo del fantasma del comunismo sino defender al neoliberalismo de las críticas que algunos políticos ejemplares puedan llevar al debate mundial.
Donald Trump emitió este viernes una fake news sobre un acuerdo entre Arabia Saudita y Rusia para recortar la producción de petróleo. Señal de que en esta crisis nadie se salva solo.. El Kremlin lo desmintió rápidamente. A Trump no le costó ser keynesiano para hacer grande otra vez a América, pero perdió semanas (vidas humanas) en asumir que lo había afectado la pandemia. Su primera medida fue recortar la tasa de interés, como si la actual se tratase de otra crisis financiera. La semana pasada lanzó un paquete de ayuda económica millonario: aumento de los seguros de desempleo, financiamiento a pymes y mayor presupuesto para el sistema de salud. Todo para hacer grande otra vez a América. ¿Qué pasará con los pequeños países del continente? Cuando los flujos de capital busquen refugio solo en las economías grandes, como ya están haciendo, y las monedas se devalúen. ¿Seguiremos valorando la austeridad o ponderaremos acuerdos más beneficiosos para hacer grandes nuestras propias naciones?



