Con los resultados conocidos hasta el momento de la evolución de la pandemia en nuestro país resulta evidente que la estrategia seguida por el gobierno ha sido la correcta y está logrando el tan ansiado amesetamiento de la curva tanto de infectados como de fallecidos. Asimismo se ha comprobado que todas las estrategias seguidas por todos las naciones del planeta provocan grandes pérdidas económicas aún cuando se haya optado por cuarentenas menos rígidas que además han provocado una enorme cantidad de infectados y muertes absolutamente evitables.
Hoy sabemos que en los Estados Unidos la tardanza en tomar las medidas necesarias para atenuar las calamidades sanitarias provocadas por el coronavirus y privilegiando la actividad económica ya ha provocado más de 700 mil nuevos desocupados y los más serios pronósticos hablan de una fenomenal caída del PBI aún mayor que los provocados por la crisis del 29 y las guerras mundiales.
Por esto no nos debe sorprender como hasta el FMI, abanderado indiscutible del neoliberalismo, ha manifestado por boca de su directora gerente, Kristalina Georgieva que "dada esta pandemia, vencer al virus y defender la salud de las personas es un paso necesario para la recuperación económica". Como cantaba Chico Navarro: "el camaleón / cambia de colores / según la ocasión".
Resulta preocupante que los medios de comunicación harto conocidos estén embarcados en una feroz campaña contra distintas medidas gubernamentales buscando minar el gran consenso que tienen en la población haciendo uso y abuso de los conocidos expertos y opinólogos de siempre.
Cómo era de esperar se oponen activamente al impuesto por única vez a las megas riquezas que afecta sólo a unas 12 mil personas con el remanido argumento de que no hay que ahuyentar a las inversiones cuando se intenta gravar a los pocos multimillonarios y no a sus empresas, es decir a aquellos capitales puestos en la especulación que en gran medida están en el exterior y no a los que están invertidos en la producción nacional.
Como también siguen pregonando la necesidad de bajar impuestos es evidente que están tratando de que el estado no tenga los recursos que necesita para fortalecer el sistema de salud pública y para ayudar económicamente a quienes más están sufriendo las consecuencias de no poder trabajar por la cuarentena y que sean los más afectados quienes paguen el costo de esta pandemia.
Como se ve no les importa demasiado la suerte de la mayoría tal cual lo han demostrado desde siempre. Deberían tomar nota que en su meca, Norteamérica, existe el subsidio por desempleo, que hace 20 años implementó una tarjeta alimentaria muy parecida a la nuestra y en Nueva York se reparte comida.
Quizás los obnubila un exceso de dogmatismo o quizás siguen siendo voceros incondicionales de los intereses de los sectores que más han ganado durante el gobierno anterior.
Este paréntesis que implica la cuarentena debe servirnos para reflexionar sobre las cosas que se deben cambiar para que en la reconstrucción de nuestra economía cuando la pandemia haya pasado logremos una sociedad con menores desigualdades, más fraterna y solidaria en que absolutamente todos puedan tener una vida digna entendiendo que toda pobreza es indigna y que esta es producto de riquezas desmesuradas de unos pocos.
Hoy sabemos que es viable recorrer un camino propio recordando siempre aquella frase que se atribuye a Albert Einstein que dice que si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Tampoco olvidemos que hay quienes buscan los mismos resultados aún a costa de las mayorías.
La audacia y firmeza demostrada al tomar las medidas sanitarias necesarias debería ser la norma y no la excepción, sobre todo en lo económico y social.



