Hoy me quiero detener especialmente en la importancia que reviste para nuestra Institución la observación estricta de las normas que, dentro de la sociedad de consumo, apuntan a una mejor calidad de vida a través de la preservación de la salud.
Todos los ciudadanos, independientemente de su condición o situación social, tienen el derecho al control de calidad de los alimentos, medicamentos, servicios y bienes que consumen en tanto estos no sean perjudiciales para su integridad psico-física.
Ese principio general es muy claro y congruente con la protección más básica de la persona humana, ya que el resguardo de la salud como un todo es un corolario del mismísimo derecho a la vida y a la integridad física que todos tenemos.
Frente a la gran variedad de productos y servicios que se ofrecen hoy día, resulta necesario arbitrar los medios que determinen la responsabilidad por la calidad de lo que se brinda. Normas de fabricación y estándares de calidad deben estar constantemente en la mira de organismos de contralor eficientes, de proceder ágil y transparente.
Una derivación poco menos que obligatoria de esta protección de los usuarios y consumidores es el derecho a una información adecuada y veraz.
Los proveedores de bienes y servicios deben brindar siempre información muy seria y clara, basada en hechos ciertos, particularmente en lo referido a la alimentación y la salud. Etiquetas y prospectos con leyendas sencillas deben acercarle a la gente información técnica apropiada y visible antes que un producto sea adquirido y utilizado.
Nuestra Constitución manda no solo a la protección de estos derechos sino también a la educación para el consumo, a la defensa de la competencia para que no se distorsionen los mercados, al control de los monopolios naturales y legales, al control de la calidad y eficiencia en la prestación de servicios públicos.
Como nuestra responsabilidad en la Defensoría del Pueblo de la Nación pasa por proteger los derechos e intereses públicos de los ciudadanos y la comunidad, empleamos al máximo nuestra capacidad de persuasión para que se observe fielmente el margen adecuado de calidad en alimentos, medicamentos y servicios que se consumen.



