En diálogo con LAD, Ricardo Palacio, entrenador de aquel equipo, recordó la "revolución" que se vivió durante la final. También repasó el desarrollo de la temporada y la definición con Libertad. "Nos faltó muy poquito", señaló.
A 22 años de aquel "Último Baile" de Siderca en el TNA, Ricardo Palacio atiende a La Auténtica Defensa en su Pergamino natal. Y lo hace con naturalidad, tratando de hilvanar recuerdos sobre esa temporada y la final frente a Libertad de Sunchales. Así, entre nombres y conceptos basquetbolísticos, dirá: "Recuerdo también un gran apoyo y acompañamiento de la gente. Mucha gente, fue una revolución. Nunca imaginé que después de eso no iba a seguir el básquet en el club".
Por entonces, Riky tenía 35 años y conocía muy bien al club, ya que había tenido varias temporadas como jugador en Siderca y después siguió como profesor en las divisiones formativas: "Había dejado de jugar a los 33 años. Ya entrenaba categorías menores y, después que me retiré, dirigí a Campana Basket, el equipo juvenil del club que disputaba el Torneo Provincial. Esa fue una experiencia que me encantó, donde tuve que poner en juego mi conocimiento táctico como entrenador. Y al año siguiente me designaron al frente del TNA, que fue una experiencia de aprendizaje total. Incluso, a pesar que nos fue bien, con el paso del tiempo me di cuenta de cosas que podría haber hecho de otra manera", comentó sobre su evolución como coach.
Sobre el desarrollo de la temporada, Palacio recuerda el crecimiento que tuvo Juan Manuel Locatelli (posteriormente se convertiría en figura de la Liga Nacional y llegaría a la Selección Argentina) y el sostén que fue como sexto hombre Nelson Ingles, además de la experiencia que aportaban Casermeiro, Guiñazú y Dubois. "El equipo tenía química", sintetizó.
Sin embargo, en el inicio de la campaña, las expectativas no eran tan grandes. "No teníamos como objetivo llegar a la final", reconoció. "En el club no existía esa presión ni se armaban planteles apuntando tan alto. Pero nos fue muy bien y tuvimos un gran rendimiento en playoffs. Le ganamos 3-0 a La Unión de Colón jugando muy bien y después repetimos frente a Newells", agregó.
Y haciendo foco en la definición con Libertad, su primer recuerdo es que se dieron "partidos muy cerrados" en Sunchales. "Sobre todos los dos primeros, que perdimos por apenas dos puntos. Después, como locales, pudimos marcar mayores diferencias, aunque finalmente no nos alcanzó", añadió.
"Ellos eran más sólidos como equipo y eran un equipo muy bien entrenado. De hecho, Gonzalo García terminó demostrando con el tiempo qué clase de entrenador es (NdR: fue bicampeón nacional y de América con San Lorenzo y asistente de Sergio Hernández en la Selección Argentina). Nos faltó muy poquito, quizás haber contado con una mayor rotación", señaló Riky, quien recuerda con autocrítica no haberle dado mayores minutos en la temporada a juveniles como Hernando Salles o Mariano Di Lallo. "Y no fue por incapacidad de ellos, sino que quizás, por mi inexperiencia, no me animé a hacerlo", analizó.
Aquella terminó siendo la primera y última vez de Palacio como entrenador principal de un equipo profesional. Pero por decisión propia: "Me vinieron a buscar de muchos lados, como Ben Hur de Rafaela. También se me acercaron representantes. A todos les dije que no, porque estaba cómodo en Siderca y tampoco tenía en ese momento la idea de desarrollarme como entrenador profesional", explicó.
Sin embargo, a mediados de 1999, cuando el proyecto del básquet en el club se había desinflado casi por completo, Riky dejó Campana y se convirtió en asistente técnico de Oscar Sánchez en Quilmes de Mar del Plata (Liga Nacional). Y aunque tuvo la oportunidad de seguir junto al "Huevo" en el Cervecero, finalmente decidió reinstalarse en su Pergamino natal junto a Eleonora y sus tres hijos.
DOTTIN ATACA A WEST, MIENTRAS RIKY OBSERVA LA ACCIÓN. DETRÁS SUYO, EL PÚBLICO CAMPANENSE QUE VIAJÓ A SUNCHALES PARA EL QUINTO Y DECISIVO PARTIDO.



