A raíz de las espeluznantes consecuencias de contagios y muertes de la pandemia que azota a todo el planeta escuchamos con gran frecuencia el reclamo por un estado presente. Este pedido parte de un supuesto erróneo al pensar que en los períodos neoliberales el estado estuvo ausente cuando en realidad estuvo muy presente y con gran actividad.
Sin ir más lejos el gobierno de Cambiemos creó las condiciones cambiarias que no sólo permitieron sino que favorecieron la cuantiosa fuga de capitales con la eliminación de los controles y la descomunal deuda pública hipotecando el futuro de los argentinos. También otorgó enormes subsidios a los grupos concentrados de la economía mientras destruía la salud pública.
En estos días vemos con mayor claridad cómo el poder ejecutivo apretaba a jueces y fiscales y armaban causas mediante la ya famosa "mesa judicial" con la permanente utilización de los servicios de inteligencia, ya sea para favorecer a amigos o distraer a la opinión pública del empobrecimiento de la mayoría de los ciudadanos.
Recordemos que la ley de entidades financieras rige desde febrero de 1977 en que fue sancionada por el dictador Jorge Videla y su ministro de economía José Martínez de Hoz quién era un ferviente neoliberal. Evidentemente a esa feroz dictadura cívico-militar nadie la puede acusar de "estado ausente". Al ver las consecuencias que esta ley ha provocado resulta imprescindible modificarla para que esas entidades dejen de priorizar la especulación financiera y se dediquen a lo que se supone es su razón de ser que no es otra cosa que favorecer el desarrollo nacional.
Lo que realmente la sociedad debe discutir sin prejuicios es cuál es el rol que el estado debe cumplir y lo no menos importante con qué poder cuenta para llevarlo a cabo con posibilidad de éxito porque lo que no debemos olvidar es que toda acción de gobierno siempre favorece a algún sector y afecta a otro. Para decirlo en criollo, mientras unos cobran hay otros que pagan, ya sea en forma directa o indirectamente.
Esta pandemia que ya ha entrado en las villas está mostrando palmariamente la insoportable desigualdad de nuestra sociedad. Ante el temor que produce el brote de contagio que se predice incontenible se está tratando de hacer en poquísimos días lo que se debió hacer mucho tiempo atrás y que hubiera evitado tantas muertes. La realidad es que se priorizó hermosear el resto de la ciudad en desmedro de aquellos que más necesitan la asistencia estatal. También este es otro ejemplo de que el estado no estuvo ausente y lo que más debe preocuparnos y ocuparnos es que este accionar se realizó con el beneplácito de buena parte de los vecinos capitalinos a quienes parece que poco les importa la suerte de sus prójimos cuando son pobres.
Uno de los ejemplos más citados por los llamados economistas ortodoxos y por Mauricio Macri es sin duda Chile. También el Covid-19 ha desnudado la profundidad de la crisis socio-económica que el neoliberalismo ha provocado en ese país. Mientras el sistema público de salud está desbordado con el consecuente aumento exponencial de muertes en el privado la mitad de las camas de terapia intensiva están sin ocupar. Evidentemente en la nación vecina el estado no ha estado ausente sino que por el contrario creó las condiciones para que esto ocurra.
Como muestra de la importancia de que el estado tenga el poder suficiente para cumplir el rol que pretende recordemos que en nuestro país el poder ejecutivo no pudo declarar de interés público, esto es poder utilizarlo de ser necesario, al sistema privado de salud por la enorme resistencia que tuvo esa iniciativa y que tenía como objetivo que no nos ocurra lo que sucede en Chile.



