Como asistir a los géneros, ayudando a desterrar violencias con educación emocional.
Todas las personas tienen el derecho de vivir y desarrollarse con un proyecto de vida elegido. La violencia viola estos derechos humanos, por esto fue materia de Tratados internacionales desde 1971, que recién se aplicaron en el gobierno de Alfonsín, para erradicar la violencia hacia la mujer, dentro de los tratados de Derechos Humanos.
La sociedad se ha organizado por siglos en el patriarcado, que fue sembrando un modo de vivir, modelos de cómo ser valorados, tanto varones como mujeres, con mandatos sociales desde la familia y la escuela sobre determinadas formas de construir los vínculos entre los miembros de una familia, tomando algunas formas de tratarse como naturales y justificadas. Por ejemplo, el lugar de la mujer como madre y cuidadora de la familia, responsable de las tareas hogareñas, y el lugar del varón como proveedor y representante de la familia y autoridad en ella.
El patriarcado se basa en la idea de que hay un género superior, el masculino, como si fuera por la naturaleza, semejando al mundo de las abejas en que están diferenciados en sus funciones, y eso es natural. Esto se manifiesta en muchas prácticas cotidianas, porque por costumbre el varón, se define con características relacionadas al poder, como la fortaleza, la capacidad intelectual, la aptitud para realizar actividades productivas, para salir al mundo exterior, a la vez que se tienen por verdades algunas "cualidades" que se representan como debilidades y son femeninas, y sólo se le atribuyen aptitudes domésticas y de cuidado de personas, habilidades emocionales, dentro del ámbito interno del hogar.
Estas escenas cotidianas se nos relatan a quienes trabajamos con las personas en situaciones de conflicto: vemos cómo va escalando la violencia, desde los gestos aparentemente inocentes de dominación, que son tomados como parte del amor (frases como "si te cela, te quiere" se escuchan con frecuencia). Cuántas veces escuché durante trámites de divorcio contar sobre cómo fue cambiando la relación con la pareja y al formarse una familia, desde el amor romántico inicial hacia a un sentimiento de agotamiento e invisibilidad por parte de la mujer, una sensación de aplastamiento por las labores domésticas, de cuidado de los niños, de todo lo que espera a la mujer en casa cuando regresa de también trabajar fuera del hogar, porque un solo ingreso ya no es suficiente. Cómo pesa sobre ella la exigencia de sostener también la vida de los demás. Una exigencia que muchas veces es aceptada con gusto: así se relata por un chico: "mamá hace todo en la casa porque dice que papá trabaja y vuelve cansado… no comprendo, si ella trabaja también!"
Es común, justificado como natural entre la gente y también en los medios periodísticos, escuchar frases "si te pusiste minifalda, hacete cargo de lo que vas a provocar…". Se ve cómo se naturaliza como verdad que las mujeres tienen que estar haciéndose responsables de las emociones de los varones, de las acciones violentas de los varones.
Debajo de esos episodios se hallan micromachismos que todos, mujeres y varones, repetimos en nuestras opiniones, conductas, propaganda publicitaria, que son los que dan respaldo a esa primera enseñanza, que los hombres tienen que mandar y las mujeres llorar. Que las mujeres tienen que ser lindas, y los varones poderosos. En una publicidad masiva, para vender un producto farmacéutico, muestran que la mujer dice que piensa con la panza: si lo hacemos al revés, mostramos un varón pensando con la panza, ¿cómo se haría ver a ese hombre? ¿Y por qué es distinto si es mujer? ¿Son prejuicios o valores tenidos por naturalmente ciertos?
Hoy en día hay cada vez más identidades femeninas que no coinciden con lo que está establecido que debería ser una mujer. Muchas hemos entrado en espacios históricamente "de varones", con muchísimo esfuerzo y soportando esos comentarios, debiendo demostrar mucho más que los varones para ingresar y conservar esos lugares.
En los vínculos violentos, hay un ciclo que va escalando, y que termina a veces en femicidio. Pero en la cotidianeidad en que no se llega a ese límite, tanto varones como mujeres, reproducimos actitudes machistas como si lo natural es lo justificado, invisibilizando así la violencia que justifica las demás: la simbólica.
Sí se busca esclarecer cómo son los mecanismos de poder por debajo de las relaciones. Así, llevando lo patriarcal a lo cotidiano, superioridad de género es quién decide y quién cuenta con verdaderas posibilidades de decidir, tanto en cómo se gastan los recursos del hogar, quién controla el dinero, si la mujer tiene sólo la caja chica o accede en forma igualitaria a la decisión, por ejemplo, en una familia con hijos varones e hijas mujeres, cómo son los mandatos para cada uno, qué lugar van a ocupar, quiénes ayudan con la casa, quiénes pueden dedicarse a estudiar y trabajar para tener independencia económica el día de mañana. Quiénes son criados para ser su propia persona, y quiénes son criadas para ser esposas.
¿Qué significa "igualitaria"? Conversar, gestionar en la pareja sobre qué cosas se conversan y cuales se consultan antes de llevarlas a cabo (una compra importante, qué colegio elegir para los chicos, dónde vamos de vacaciones) y cuáles se comentan después de actuar, y cuáles están en la decisión de cada uno en la pareja.
Hoy la asistencia está dirigida al último y más terrible escalón del conflicto, prevenir el femicidio. Cuando hablamos de violencia de género no se busca culpabilizar a todos los varones, sino puntualizar que regularmente varones cometen crímenes violentos de odio, y esto es un problema social, que comienza en las instituciones y las familias.
Los tiempos exigen cambiar el enfoque, destinando recursos a la prevención de conductas, trabajando sobre la base, tanto por equipos de intervención conformados por distintas especialidades profesionales, con el plus de la formación en perspectiva de género, tanto en la abogacía, psicología, trabajo social, medicina, y otras ramas de disciplinas que trabajan con neuroaprendizaje y educación emocional, para la formación de los chicos y jóvenes, y dispositivos para géneros, a fin de brindar en la escuela perspectivas que abran posibilidades de desarmar las violencias y de ir trabajando esas desigualdades entre los géneros que son la base de muchas violencias. También para que, contando con educación sexual integral en las escuelas, los chicos puedan planear con tiempo qué tipo de vida quieren, decidir activamente sobre ellas, no ser víctimas de sus propias emociones e impulsos sino con un pensamiento crítico para tomar decisiones.
Esto seguramente aportará herramientas para que se puedan conformar más familias en que todos cooperen, que incluyan los deseos y las aspiraciones de sus miembros; que se puedan asumir y comprender los roles de modo que papá y mamá actúen en distintos roles que se alternan, se complementan, tanto en la escuela, como el trabajo, sin roles fijos que recarguen a alguna y le den ventajas a la otra.
Además de todos los dispositivos legales y llevados adelante por ONG, hay que avanzar incluyendo Talleres de asistencia, tanto a varones como a mujeres, para ir repensando, haciendo la deconstrucción de géneros, para generar una perspectiva que ofrezca posibilidades de cambio, tomándola para construir nuevas masculinidades y femineidades.
Autoras: Rosa Funes - Sonia Fedyszyn



